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ALGO DEBE OCURRIR
Gilda Holst “Turba de signos” Todos los días bajo a la playa, extiendo mi toalla y me acuesto. Prefiero hacerlo bocabajo porque no resisto los rayos de sol en mi cara. Cuando me canso, me siento o camino un poco sin perder de vista mi toalla, mi bolso y mis zapatillas. Después de una media hora pasa un hombre con un niño que va retozando alrededor suyo. Algunas veces aparece adelante, otras atrás; va salpicando espuma o va marcando sus huellas. Mientras pasan, el hombre me mira unas tres o cuatro veces. No sé si me mira a mí o a una mujer sola. El va con…
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EL CRISTO DE LA AGONÍA
Ricardo Palma Al doctor Alcides Destruge – 1867 I San Francisco de Quito, fundada en agosto de 1534 sobre las ruinas de la antigua capital de los Shyris, posee hoy una población de 70.000 habitantes y se halla situada en la falda oriental del Pichincha o monte que hierve. El Pichincha descubre a las investigadoras miradas del viajero dos grandes cráteres, que sin duda son resultado de sus vanas erupciones. Presenta tres picachos o respiraderos notables, conocidos con los nombres del Rucu-Pichincha o Pichincha Viejo, el Guagua-Pichincha o Pichincha Niño, y el Cundor-Guachana o Nido de Cóndores. Después del Sangay, el volcán más activo del mundo y que…
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YZUR
Leopoldo Lugones Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado. La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia a cuyo relato están dedicadas estas líneas, fue una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los monos a la abstención, no a la incapacidad. «No hablan, decían, para que no los hagan trabajar». Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta convertirse en este postulado antropológico: Los monos fueron hombres que por una u otra razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y…
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EL PAÑUELO AZUL
María del Carmen Garcés “Mírame a los ojos” Inventó lo del pañuelo azul porque la idea de morir sin haber conocido una noche de amor, le atormentaba aún más que el terror a quedar en la indigencia: la crisis había dejado a tantos jubilados en la calle, que ella vivía con miedo y cada vez que se acordaba, se levantaba y apagaba las luces de la casa. Pero lo otro era imposible de aceptar. Salir todas las tardes, a la hora de la siesta, a limpiar la vereda y encontrarse con las otras mujeres solas del barrio. No, no acabaría así su vida: recogiendo hojas secas en…
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EL FIN DE LA TERESITA
José de la Cuadra Narraba el viejo marino su corta pero emocionante historia, con un tono patético que si bien no convenía al ambiente —un rincón del club no muy apartado de los salones donde la muchachería bailoteaba al compás de un Charleston interminable— convenía sí a lo que él contaba. —Regresábamos de un crucero hasta las Galápagos, a bordo del cazatorpedero «Libertador Bolivar», la unidad más poderosa que tenía entonces la armada de la República. Era yo guardiamarina, quizás el más joven entre mis compañeros; porque hace de esto, más o menos, veintitrés años. Habíamos cumplido la primera escala, luego de la travesía del Pacífico en…