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HISTORIAS



LOS PUMAS SON PUMAS

 

 

Gonzalo Peltzer

 

Unos 20 minutos después de las seis de la tarde del domingo 21 de septiembre de 1997 un puma se llevó a Ignacio, el hijo de año y medio del guardaparques que vivía en una casa cercana a los circuitos turísticos de las cataratas del Iguazú. Una hora después encontraron el cuerpo de Ignacio en la selva, no muy lejos de la casa. Estaba destrozado por las garras y los dientes del puma. El martes los guardaparques mataron a una hembra vieja que no tenía nada que ver con el episodio y el intendente del parque tuvo que parar la cacería porque los pumas no tienen la culpa de ser pumas.

Era evidente que los responsables de la muerte de Ignacio eran sus padres, que ya tenían suficiente penitencia: la muerte de un hijo agravada con la propia responsabilidad. Pero en los días que duró viva la noticia en la agenda informativa, la televisión de Buenos Aires mandaba puma asesino en sus títulos. No se les ocurría que es imposible que un animal asesine a nadie porque no es sujeto de derecho y no tiene responsabilidad ni libertad para serlo. Además no había que preguntarse qué hacía el puma cerca de la casa del guardaparques sino qué hacemos los humanos en la selva. Unos días después me enteré de que el puma aparecía seguido a buscar la comida que el guardaparques le dejaba con la idea de hacerse amigo del animal…

En marzo apareció otro puma en las cataratas. Debe ser nieto o bisnieto del que atacó a Ignacio. Y durante una semana entera se escandalizaron los medios de Buenos Aires porque conocieron la orden del jefe de guardaparques de reducirlo vivo o muerto. Las instrucciones para encontrar al puma autorizaban a los funcionarios a dispararle para proteger su propia vida o la de los visitantes del parque, un caso evidente de defensa propia… solo que, como decía, el puma no tiene la culpa de ser puma.

No estaría de más decirles a los turistas que no pensamos matar al puma porque ellos quieran ver cómo caen millones de litros de agua en los saltos del Iguazú. Y lo que estaría genial –y seguro que atraería a muchos más– es la ruleta rusa del puma. Bastaría con poner carteles que lo adviertan: “Usted puede ser atacado por un puma”. Sería una acción de marketing sensacional y de paso les explicamos a los paseantes que somos nosotros los que molestamos al puma y no el puma el que nos estropea la visita a las cataratas.

Quizá algún científico haya estudiado por estos días la nueva conducta de los animales silvestres, que se aplica a todas las especies y sobre todo a los pájaros de las ciudades, cada día más atrevidos. Mientras, me aventuro a lanzar una hipótesis esperanzadora: los animales se nos acercan porque nos hemos vuelto más humanos. Pero no hay que olvidar que si nosotros somos más humanos, los pumas nunca dejarán de ser pumas.

 

Fuente: http://www.larevista.ec

INVIERNO FRÍO

 

 

Alfonso Aguiló

 

Era otoño, y los indios de una remota reserva preguntaron a su nuevo Jefe si el próximo invierno iba a ser frío o apacible. Dado que el jefe había sido educado en una sociedad moderna, no conocía los viejos trucos indios. Así que, cuando miró el cielo, se vio incapaz de adivinar qué iba a suceder con el tiempo… De cualquier manera, para no parecer dubitativo, respondió que el invierno iba a ser verdaderamente frío, y que los miembros de la tribu debían recoger leña para estar preparados. No obstante, como también era un dirigente práctico, a los pocos días tuvo la idea de telefonear al Servicio Nacional de Meteorología. – ¿El próximo invierno será muy frío? -preguntó. – Sí, parece que el próximo invierno será bastante frío –respondió el meteorólogo de guardia. De modo que el Jefe volvió con su gente y les dijo que se pusieran a juntar todavía más leña, para estar aún más preparados. Una semana después, el Jefe llamó otra vez al Servicio Nacional de Meteorología y preguntó: – ¿Será un invierno muy frío? – Sí – respondió el meteorólogo- va a ser un invierno muy frío. Honestamente preocupado por su gente, el Jefe volvió al campamento y ordenó a sus hermanos que recogiesen toda la leña posible, ya que parecía que el invierno iba a ser verdaderamente crudo. Dos semanas más tarde, el Jefe llamó nuevamente al Servicio Nacional de Meteorología: – ¿Están ustedes absolutamente seguros de que el próximo invierno habrá de ser muy frío? – Absolutamente, sin duda alguna -respondió el meteorólogo- va a ser uno de los inviernos más fríos que se hayan conocido. – ¿Y cómo pueden estar ustedes tan seguros? – Fíjate si va a serlo que los indios están recogiendo leña como locos.

 

Fuente: http://www.interrogantes.net

LA ESTRELLA DEL SUR

 

 

Pedro Medina León

 

Los amaneceres de Miami Beach se vieron alterados en 1961, cuando un hombre de raza negra empezó a correr por el Mac Arthur Causeway todos los días a las cinco de la mañana. El sujeto era muy alto y robusto; una silueta perfecta. La segregación racial eran tan brutal en aquella época, que una persona de color no podía transitar en la calle si el cielo estaba oscuro. El Civil Rights Act que pretendió poner fin a esto, se firmó en 1964…

La primera vez que Cassius Clay (Louisville, KY, 1942- Scottsdale, AZ, 2016) pisó un ring de box tenía doce años, y desde ahí supo que quería ser campeón mundial. Esa se volvió su prioridad, más que la escuela. Los logros llegaron temprano: a los dieciocho se hizo de la medalla de oro en las Olimpiadas de Roma (1960). Para afianzar su carrera necesitaba un sponsor, pero el boxeo era una suerte de deporte solo para negros y los únicos que tomaban partido por él eran los mafiosos. Tabajar con la mafia no era una opción, hubo que tocar muchas puertas hasta que The Louisville Group le dio su apoyo.

La preparación de Clay empezó en San Diego, y no prosperó por falta de entendimiento con su técnico. Entonces se presentó la oportunidad de mudarse al “sur”, a Miami, a entrenar con Angelo Dundee, a quien afurtunadamente conocía. Cassius Clay aterrizó en el Miami International Airport con 21 años y la firme convicción de destronar al campeón Sonny Liston. Se instaló en un motel de Biscayne Boulevard y de inmediato inició su rutina: se levantaba a las cinco de la mañana, iba a entrenar trotando por el Mac Arthur Causeway hasta el Fifth Street Gym en Washington Avenue (actualmente en 1434 Alton Rd.), pasaba horas en el gimnasio, no cometía excesos con la comida ni la bebida. A la par que consolidaba su boxeo, fue en el “sur” donde se convirtió al Islam para luchar abiertamente por la igualdad y reivindicar los derechos de su raza. Los líderes islamitas  le dieron su respaldo, Malcom X, incluso, llegó a viajar a Miami a pasar una temporada con él. Esto le costó el repudio total de la sociedad.

Con diecinueve peleas y todas a su favor, Cassius Clay retó a Sonny Liston. El combate se pactó para el 25 de febrero en el Miami Beach Convention Hall. Liston, doce años mayor, que se formó en la prisión estatal de Missouri y era auspiciado por la mafia, vio el reto como un atrevimiento. Los insultos y amenazas empezaron entre uno y otro, aunque la balanza estaba inclinada hacia Liston que era un gran boxeador, era el gran campeón.

La estrategia de Clay en la pelea era agotar físicamente a su rival, y noquearlo entre el séptimo u octavo round. Sonny Liston, en cambio, salió a matar. Cassius Clay luchaba contra Liston y el rechazo de los casi nueve mil espectadores, excepto unos pocos como Malcom X, que se encontraba sentado muy cerca al rincón de su amigo. Lo tres primeros rounds fueron rotundos para Clay, pero en el cuarto empezó a perder la vista y Liston remontó. Está casi comprobado que en el descanso entre el tercer y cuarto encuentro, Liston, en su esquina, ordenó que le rociaran una sustancia venenosa en los guantes para cegar a su oponente. A finales del quinto round Clay estaba repuesto, y en el sexto arremetió de tal manera que Liston pidió detener la pelea antes de salir al séptimo y se retiró al hospital con un hombro dislocado, heridas profundas en el rostro, costillas rotas y dos dientes menos. En el Miami Beach Convention Hall, mientras tanto, el nuevo campeón de los Pesos Pesados, eufórico y delirante, gritaba a los periodistas y al público, que se tragaran sus palabras.

 

Fuente: http://pedromedinaleon.com

LOS JENÍZAROS

 

 

Daniel Satyam Barreiro

 

Cuando los otomanos alcanzaron el poder en lo que ahora es Turquía, tenían un problema interno muy grave, su imperio abarcaba cientos de familias nobles, cada una con privilegios y aspiraciones contrapuestas unas a las otras. El sultán no tenía descanso, mediando continuamente en sus disputas, temiendo constantemente hacerse enemigos si favorecía a uno por sobre el otro. Servir al sultán ofreciendo los hijos como caballeros en su ejército era un privilegio para la familia, pero un problema para el sultán que veía así su corte y su ejército plagado de posibles traidores.

 

El sultán tuvo una gran idea, comenzó a educar niños, muchos de ellos cristianos de sus nuevas posesiones del lado europeo de su imperio. Huérfanos, hermanos menores, que no habrían de heredar, esclavos, cualquier niño que no tuviera un hogar, que no tuviera familia, historia o bienes, que no debiera lealtad a nadie ni a nada más que al sultán. Así es como formó el cuerpo de ejército más poderoso y temible, los afamados jenízaros.

 

Otra innovación fue el uso de uniformes. Hasta entonces, cada caballero y sus tropas llevaban los colores de su familia, los jenízaros sólo llevaban los colores del sultán. En muchos sentidos, fueron los precursores de los cuerpos militares profesionales modernos, apolíticos, con su lealtad volcada al estado, en lugar de los ejércitos feudales como grupos de caballeros con sus soldados con sus lealtades al clan e indirectamente a algún gobernante.

 

Los turcos, además, habían estado en el camino de las hordas de Gengis Kan y aprendieron de ellos algo militarmente muy importante, el uso de la pólvora. Esto, unido al conocimiento de la metalurgia que heredaron de los árabes que ya de hacía siglos venían haciendo las famosas espadas de Damasco o de la Toledo musulmana permitieron que, en su momento, los ejércitos otomanos dispusieron de los mayores y mejores cañones del mundo y, de hecho, los únicos en Europa. No en vano llegaron a las puertas de Viena pues ninguna muralla de ningún castillo les presentaba un obstáculo infranqueable.

 

También usaron la pólvora de una manera novedosa, excavaron túneles por debajo de las murallas, llenándolos de pólvora que, al explotar, hacían caer grandes segmentos de murallas por las que las tropas podrían asaltarla. No en vano la palabra ‘mina’ se utiliza tanto para referirse a los túneles para extraer minerales del suelo como a las cargas explosivas.

 

Fuente: http://www.satyam.com.ar

ROBINSON CRUSOE EN GUAYAQUIL

 

 

Jorge Martillo Monserrate

 

Peripecias de un pirata que asaltó esta ciudad y el escritor Daniel Defoe lo convirtió en personaje literario universal.

Cuando era niño leí las aventuras de Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. En esos tiempos no comprendí que la novela era una gran metáfora de la soledad.

Y hace un puñado de años, en el segundo volumen de la trilogía Memoria del fuego, de Eduardo Galeano, conocí la historia de Alexander Selkirk, el Robinson Crusoe de Defoe.

Historia real que comienza cuando la nave del capitán Woodes Rogers se acerca al archipiélago Juan Fernández (Pacífico Sur, hoy territorio chileno). El vigía anuncia la visita de una canoa. De esa rústica embarcación surge una maraña viva de pelos y mugre. El náufrago es Alexander Selkirk, un escocés que ha sobrevivido más de cuatro años en esas islas. Sobre la corteza de un árbol, día tras día, ha ido señalando el paso del tiempo. Le cuenta a Rogers que una tempestad le trajo a un indio al que llamó Viernes en honor al día que apareció para servirle de esclavo.

Esta historia de alta mar y encuentro con Alexander Selkirk ocurrió en 1709, diez años más tarde Daniel Defoe en Londres publica las aventuras de un náufrago. En esa novela Selkirk será Robinson Crusoe.

Según el Dr. Jorge Villacrés Moscoso, en ‘Robinson Crusoe, ¿estuvo en Guayaquil?’ (artículo publicado en EL UNIVERSO el 19 de noviembre de 1978), el marino Alexander Selkirk nació en Lower Largo, Escocia, en 1676. Tuvo una niñez agitada que lo obligó, varias veces, a abandonar el hogar por irrespetar a sus mayores. Siendo un joven, golpeó a su padre, acto por el que fue reprendido desde el púlpito y marginado de la comunidad de su pueblo natal.

En 1703, Selkirk, lejos de su tierra, encuentra la oportunidad de enrolarse en una expedición corsaria que los capitanes Pickering y Dampier preparan en Londres con la intención de llevar dos naves al Perú para asaltar galeones que transportaban oro.

Los barcos piratas parten de Londres. Al poco tiempo, el marino Selkirk que viaja en el Cinque Ports comienza a tener dificultades con los superiores de la expedición. Cuando el capitán Pickering contrae la fiebre amarilla, muere. El capitán Stradling asciende a la capitanía. Mientras, el capitán Dampier ordena que los barcos den la vuelta al Cabo de Hornos para continuar la ruta hacia las islas de Juan Fernández. La nave entra a la isla en mal estado.

La reparación del barco no es total y pese a ello, Stradling ordena el zarpe, pero el marino Selkirk protesta y es cuando el capitán se entera y decide zarpar sin el tripulante escocés. Desde ese día Selkirk permanece solo en la isla. Acompañado por cabras salvajes, lobos, focas y una tupida vegetación.

Al pasar los meses, se le agota la pólvora y aprende a hacer fuego frotando yerbas secas. También a subir y bajar de árboles. Confeccionar su ropa con piel de cabra. Así vive cuatro años y medio. Más de una vez al día sube a un promontorio de la isla con la esperanza de avizorar algún barco que lo rescate. Durante el día, lee la Biblia en voz alta para evitar perder el hábito de hablar. Busca agua en manantiales, también animales y vegetales para su comida diaria.

Hasta que un día, desde el mirador, descubre la silueta de un barco. Espera la noche para hacer una fogata y llamar la atención. La gente del barco divisa el fuego, un bote va a la isla. En la embarcación viaja Dampier, quien reconoce al escocés Selkirk.

En Guayaquil

El barco al mando del capitán inglés Rogers toma rumbo hacia el objetivo de su expedición pirática: Guayaquil, ciudad de la que espera un botín excepcional.

Llegan los primeros días de mayo de 1709. La ciudad está afectada por una peste. Guayaquil es atacada por los piratas a hierro y fuego, la devastan y saquean. Muchos de los piratas pernoctan en las iglesias que apestan por los cadáveres, víctimas de la plaga y quemados por los incendios.

El cronista J. Gabriel Pino Roca en Invasiones piratas del libro Leyendas, tradiciones y páginas de historia de Guayaquil, cuenta: “El sexto, y último ataque a nuestro puerto, y su nueva ocupación por el enemigo, lo llevó a término un consorcio de filibusteros, al mando del capitán inglés Woodes Rogers, para el año de 1709, bajo el reinado de don Felipe V. ( ) no satisfechos con el pillaje que habían efectuado, y aguijoneados por el ansia de hallar mayores tesoros, desentablaron las iglesias y conventos, para revolver las sepulturas de los que allí estaban enterrados, suponiendo que lo hubieran sido con algunas alhajas y valores.

“( ) Cinco días permanecieron en la plaza tan baratamente conquistada, ( ) Andaban por las calles, en grupos de cuatro o cinco, tan hartos de vino y aguardiente. ( ) Su misma codicia castigó en breve a los corsarios; las mismas deletéreas de las tumbas les emponzoñaron la vida. Apareció el Mal de Siam e hizo, violento, a sus primeras víctimas, con lo que los expedicionarios se apresuraron a dejar el lugar, el día 8 de mayo…”.

Uno de esos piratas fue el escocés Alexander Selkirk que se salvó de ser afectado por la peste que enfermó a gran parte de la tripulación, continuó viaje a Londres, a la que retornó después de cuatro años y medio.

Es en una taberna que el escritor Daniel Defoe conoce a Selkirk. El escocés lloraba víctima de una feroz borrachera. Defoe se compadece del marinero.

Selkirk le relata su asombrosa aventura que vivió en las islas Juan Fernández. Defoe, como todo escritor ávido de historias, horas tras horas, lo escuchó y basándose en ese relato escribió su famosa novela de aventuras Robinson Crusoe, que publica en 1719.

En resumen, Alexander Selkirk, el Robinson Crusoe de carne y huesos de Daniel Defoe, estuvo en Guayaquil y fue un vulgar pirata.

 

Fuente: http://www.larevista.ec/

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