30
October
2014

UN MARIDO SIN VOCACIÓN

 

 

Enrique Jardiel Poncela

Un cuento que no tiene la letra e

 

Un otoño -muchos años atrás-, cuando más olían las rosas y mayor sombra daban las acacias, un microbio muy conocido atacó, rudo y voraz, a Ramón Camomila: la furia matrimonial.

 

-¡Hay un matrimonio próximo, pollos! -advirtió como saludo a su amigo Manolo Romagoso cuando subían juntos al Casino y toparon con los camaradas más íntimos.

 

-¿Un matrimonio?

 

-Un matrimonio, sí -corroboró Ramón.

 

-¿Tuyo?

 

-Mío.

 

-¿Con una muchacha?

 

-¡Claro! ¿Iba a anunciar mi boda con un cazador furtivo?

 

-¿Y cuándo ocurrirá la cosa?

 

-Lo ignoro.

 

-¿Cómo?

 

-No conozco aún a la novia. Ahora voy a buscarla…

 

Y Ramón Camomila salió como una bala a buscar novia por la ciudad.

 

A las dos horas conoció a Silvia, una chica algo rubia, algo baja, algo gorda, algo sosa, algo rica y algo idiota; hija única y suscriptora contumaz a La moda y la Casa (publicación para muchachas sin novio).

 

Y al año, todos los amigos fuimos a la boda. ¡La boda! ¡Bah!… Una boda como todas las bodas: galas blancas, azahar por todos lados, alfombras, música sacra, bimbas, sonrisas, codazos, almohadón para hincar las rodillas los novios y para hincar las rodillas los padrinos; lunch, sandwichs duros como un fiscal…

 

Al onzavo sandwich hubo una fuga súbita por la sacristía y un auto pasó raudo, y unos gritos brotaron:

 

-¡Adiós! ¡Adiós! ¡Vivan los novios! ¡Vivaaan!

 

Y los amigos cogimos otro sandwich -dozavo- y otra copita. Y allí acabó la cosa.

 

 

Mas, para Ramón Camomila, la cosa no había acabado allí…

 

Al contrario: allí daba principio.

 

Y al subir con su novia al auto fugitivo, vio claro, vio clarísimo: ni amaba a Silvia, ni notaba inclinación ninguna al matrimonio, ni sintió su alma con la vocación más mínima por construir un hogar dichoso.

 

-¡Soy un idiota! -murmuró Ramón-. No valgo para marido, y lo noto cuando ya soy ciudadano casado…

 

Y corroboró rabioso:

 

-¡Soy un idiota!

 

Silvia, arrinconada junto a Ramón, bajaba los ojos con rubor, y al bajar los ojos subía dos mil grados la rabia masculina.

 

-¡Dios mío! -gruñía Ramón mirándola-. ¡Casado! ¡Casado con una niña insulsa como unas natillas!… No hay ya salvación para mí…, ¡no la hay!

 

Incapaz para dominar su irritación, dirigió unas palabras durísimas a Silvia.

 

-¡Prohibido fingir rubor y mirar a la alfombra! -gritó. (Silvia miró al parabrisas con infantil docilidad).

 

Y Ramón añadió para su sayo, alumbrado por una brusca solución:

 

-Voy a lograr su odio. Voy a obligarla a suplicar un divorcio rápido. Poco valgo si no logro inspirarla asco con cuatro o cinco burradas a cual más disparatada…

 

Y tal solución tranquilizó mucho a su alma.

 

 

Por lo pronto, al subir a la fotografía (visita clásica tras una boda), Ramón hizo la burrada inicial. Un fotógrafo modoso y finísimo abordó a Ramón y a Silvia.

 

-Grupo nupcial, ¿no? -indagó.

 

-Sí -dijo Ramón. Y añadió-: Con una variación.

 

-¿Cuál?

 

-La sustitución más original vista hasta ahora… Novio por fotógrafo. Hoy hago yo la foto… ¡Viva la originalidad!

 

Y Ramón aproximó la máquina y advirtió al asombrado fotógrafo:

 

-¡Vamos! Coja por la mano a la novia y sonría con ilusión. La cara más alta… ¡Cuidado! ¡Así!… ¡Ya!

 

Ramón tiró la placa, y a continuación obligó al pago al fotógrafo; guardó los duros y salió con Silvia orondo y dichoso.

 

-¡Al auto! -mandó. (Silvia ahora iba llorando)-. ¡La cosa marcha! -susurró Ramón.

 

 

Al otro día trasladaban sus organismos a Irún. (Lo clásico, asimismo, tras una boda.)

 

Ramón no quiso subir al vagón con Silvia.

 

-Yo viajo con los maquinistas -anunció-. Voy a la locomotora… ¡Hasta la vista!

 

Y subió a la locomotora, y ocupó su actividad ayudando a partir carbón. Al arribar a Irún había adquirido un magnífico color antracita.

 

***

 

Ya allí, compró sus harapos a un sordomudo andrajoso, vistió los harapos y marchó a la fonda a buscar a Silvia.

 

Y tocado con las ropas andrajosas anduvo por Irún, acompañando a Silvia y cogido a su brazo mórbido y distinguido. Nutrido público los miraba al pasar, asombrado.

 

Silvia sufría cada día más.

 

-¡La cosa marcha! ¡La cosa marcha! -murmuraba todavía Ramón-. Pronto rogará Silvia un divorcio total. Sigamos con las burradas. Sigamos con la droga antimatrimonial, multiplicando la dosis.

 

***

 

Ramón vistió a continuación sus fracs más maravillosos, y al pisar un salón, un dancing u otro lugar público acompañado por Silvia, imitaba a los criados, y con un paño al brazo acudía solícito a todas las llamadas.

 

Una mañana pintó sus párpados con barniz rojo.

 

***

 

Por fin lo trasladaron al manicomio.

 

Y Ramón asistió a su propia dicha: su contrato matrimonial yacía roto y vivía imposibilitado para otra boda con otra Silvia…

 

Colaboración: Gino Winter

 

Fuente: http://nalgasylibros.com/

29
October
2014

ABUNDANCIA O VIVIR SIN MIEDOS

 

 

Julio Bevione

 

La abundancia es la consecuencia de nuestra conexión espiritual y la carencia es la consecuencia de nuestra conexión con el ego.

Es posible que frente a mí tenga mi cuenta de banco que me dice un millón de dólares y… ¡vaya prosperidad! Pero mi ego lo lee y dice “Tengo que invertirlo, a cómo están las cosas ¡esto no va a durar!” Allí no hay abundancia, solo hay dinero y un ego temeroso de perderlo.

Dentro de las creencias que tenemos arraigadas de nuestros antepasados, y que hacen a nuestra cultura, están “esto se acabará”, “no será́ suficiente” o “después de conseguirlo, no se volverá́ a repetir”, entre muchas otras que ustedes podrán descubrir con solo hablar de sus finanzas en una reunión de familia o con los amigos. Y es allí́ cuando seguimos confirmando las creencias, fortalecemos el ego y le vamos cerrando la puerta al espíritu.

Por otro lado puede que haya otra persona que no tiene ese millón de dólares en el banco, pero está sentado en una ciudad que le encanta, disfrutando de la tarde y la compañía de sus amigos. ¡Allí se está manifestando la abundancia!

No significa que tengamos que renunciar al dinero, sino aprender a disfrutar de lo que tenemos. Al disfrutar lo que tenemos, creamos más de lo mismo. Lo disfrutamos sin egoísmos, sin banalidad.

Por lo tanto, no tengo que lograr más abundancia. Lo que tengo que hacer es encontrar dónde tengo escondido el miedo, porque cuando lo remueva, la abundancia aparecerá. Y lo que remueve el miedo es el amor. A más miedo, menos abundancia. Más amor, más abundancia experimento.

¿Qué amor es el que necesito?

El que me doy y el que doy a los demás.

Cuando me levanto por la mañana, por ejemplo, me puedo preguntar ¿Qué pienso de ti?, ¿Qué pienso de este día? Y las respuestas me dirán si es energía del miedo o del amor la que estoy contactando.

 

Fuente: http://juliobevione.com/

28
October
2014

ESTE DÍA ÚNICO

 

 

Gabriel Sandler

 

Este es un día nuevo, así que vívelo como tal. Aprovéchalo para aportar nuevas experiencias a tu vida.

 

Claro que hay cosas que requieren ser atendidas una y otra vez. Pero siempre hay tiempo, y siempre hay una manera, de hacer que todos y cada uno de los días sean únicos.

 

Mantén tu vida fresca y estimulante. Mantente tú mismo abierto a nuevas experiencias.

 

Hay algo nuevo que puedes aprender, o conseguir, o experimentar hoy que aportará verdadero valor a tu vida. Vive las oportunidades únicas de este día mientras están aquí.

 

No estás aquí para tan sólo transcurrir. Estás inmerso en un universo repleto de todo tipo de oportunidades.

 

Observa la belleza, siente la maravilla, experimenta el milagro de tu vida de maneras nuevas y llenas de alegría. Vive intensamente el día único y singular que ahora mismo es tuyo.

 

Fuente: http://www.motivaciondiaria.com/