PHYLOSOPHÉKUNEMOS…

 

Gino Winter

«La Filosofía es la tierra de nadie situada entre la Ciencia y la Teología, y expuesta al ataque de ambos bandos»
Bertrand Russell.

Nunca tuve problemas con curso o materia alguna hasta que me topé con la Filosofía (Amor a la sabiduría o ciencia del web-eo autorizado, según como se la mire). Cuando mi profesor Onésimo empezó a explicar los Diálogos entre Sócrates y Platón con frases de Aristóteles, Heráclito y del mismo Séneca, yo pensé que se había fumado una palmera…
Más adelante se le dio por enfrentar las teorías del renegón Schopenhauer, del loco Voltaire y del fascista Nietzsche versus los iluminados Thomas Moore, Tomás de Aquino e Ignacio de Loyola, con lo cual comprobé que no sólo fumaba de la mala sino que se la fumaba verde… Luego de una refrescante zambullida en la Lógica de Descartes con ejercicios basados en los métodos deductivos de Sherlock Holmes (Sir Arthur Connan Doyle), se quedó pegado en la Duda Cartesiana y desde Kierkegaar dio un salto mortal hasta Sartre y el Nihilismo, con regresiones periódicas (Flash-backs) hasta Hume, Locke, Marx, el web-ass de Rousseau y hasta el mismo Macchiavello.

Todos en la clase estábamos seguros de que se estaba metiendo de ésa que mató al Papa. La ingenuidad de mis preguntas y mis opiniones ad-hoc lograron que Onésimo me invitara a abandonar su clase prometiéndome que me aprobaría el año entero si no volvía a saber de mí.
Como diría El Padrino: «Una oferta que no pude rechazar». Por ese entonces pensaba como Machín Alberto de Pataclaun en la Ciudad: «A veces quisiera ser culto sólo para saber si no me están hueveando»…

Hace poco, decidido a saber de una vez por todas quién soy y qué miércoles se supone que haga en este mundo tan extrañamente bello, lleno de bestias bípedas, me fui a una Biblioteca del Miami Dade College y entusiasmado por una frase helénica («El trabajo es una actividad tan denigrante que sólo debe ser realizada por esclavos»), saqué libros de Sartre, Russell, Wittgenstein y del filósofo de moda: Jacques Derrida y su maldita manía deconstructiva. Ni la Geometría Analítica Vectorial, ni la Mecánica Quántica Ondulatoria, ni las Teorías de los Fractales y de la Relatividad Especial en la Antimateria, me hicieron sentir tan desprotegidamente bruto como las tramoyas filosóficas de estos malabaristas del pensamiento humano.

A pesar de que empecé con Phylosophy for Dummies (para estúpidos), he quedado tan confundido, que lo único que me ha quedado bien en claro es que yo no sirvo para esta vaina. Ya no sé ni quién soy, antes al menos tenía una vaga idea, pero ahora me miro al espejo y no sé qué hago allí dentro… No sé si estoy soñando o soy un sueño de algún web-on que está durmiendo y al que otro lo está también soñando luego de una sobredosis o de una canción de Arjona…
No sé si «Cogito, ergo sum» o pienso y luego cojeo y soy marginado por otro que ni siquiera es y nunca fue ni será, así pague… O si quizás ahora mismo estoy donde nunca voy y donde nunca fui, como Charly García… Si antes pensaba que me estaba yendo mal y que probablemente «tenga la azotea mal amoblada», ahora, gracias a la Filosofía, estoy plenamente convencido de ello. Pero al fin he podido descentrar y subvertir las jerarquías y entender, luego de pasar la signe éponge de la semiótica, la realidad ontológica trascendental (sin logocentrismo metafísico sous-rature) del diálogo de dos filósofos, opuestos binarios, que conversaban frente a frente en un afamado manicomio de Lima:
—¿Estas TÚ?
—¡No, no estoy YO!
—Entonces me voy. ..
—¿Para qué me buscabas?
—Para pagarte los mil dólares que te debo.
—¡Entonces YA llegué!
—Lo siento ¡YO YA ME FUI…!

Fuente: https://cronicasilegales.blogspot.com

CULTURA EMPRESARIAL JAPONESA VS. LATINOAMERICANA

 

 

Juan Michelena

 

Hace ya tiempo, conocí a un empresario japonés, quién me habló de la cultura de trabajo en su país. Me habló de las grandes diferencias que hay en los países latinoamericanos y del Japón. Por ejemplo, en Latinoamérica hay muchos estudiantes que trabajan para ser empleados, pero no para ser empresarios.

 

En Japón, enseñan a sus estudiantes a ser empresarios, proporcionándoles implícitamente las habilidades para ser buenos empleados, situación que no resulta a la inversa, ya que un buen empresario, trabajará en una empresa con mentalidad de negocio, aportando acciones creativas, emprendedoras, de cambio y buscando aprender para iniciar su propio negocio, en cambio un empleado, trabajará siempre sujeto a las órdenes de sus superiores, dedicándose a hacer lo que le manden. No tiene desarrollada una mentalidad de empresario.

 

Japón es un país muy pequeño, pero tiene 124 millones de habitantes. Ahí tuvieron su origen los diez bancos más grandes del mundo, cuentan con el índice educativo y de longevidad más alto del mundo, tiene los índices de criminalidad más bajos del mundo y su Producto Interno Bruto equivale al de Alemania, Francia e Inglaterra juntos.

 

¿A qué se debe esta productividad? Se debe a una gran historia, llena de tradición, la cual nos proporciona varios “tips” que deberíamos de adoptar los países que hoy sufrimos pobreza, migración, criminalidad, hambre y marginación.

 

Hay tres grandes diferencias entre un ciudadano japonés y un latinoamericano:

 

1.- La Educación.

 

En Latinoamérica, la educación se basa en los conocimientos e instrucciones. A los padres les preocupan más las calificaciones que la verdadera formación de los alumnos. ¿Qué valores son inculcados en las escuelas? La Ética y el Civismo son materias extintas en las escuelas.

 

Se le otorga muy poco valor a la Honestidad, Puntualidad y la Limpieza, y esta educación es la base esencial para crear empresarios de éxito.

 

Mi amigo japonés, me habló de los cuatro pasos necesarios para ser un empresario de éxito:

 

El Bien Ser: Honesto, Puntual y Disciplinado. Por ejemplo, analicemos a una empresa de 400 empleados. Si cada uno de estos empleados distrae 30 minutos de su tiempo en actividades ajenas a su trabajo, se están perdiendo 12,000 minutos por día, 60,000 minutos por semana, 240,000 minutos por mes, que equivalen a 4,000 horas de trabajo efectivo.

 

El principio fundamental es el respeto. Si no es tuyo, debe ser de alguien. Si esta pluma la encontraste en un escritorio, debe ser de alguien, entonces devuélvela. Si te encuentras una billetera, no es tuya, debe ser de alguien y si te encuentras en una reunión a una señora, no es tuya, debe ser de alguien. Si te están pagando por trabajar 8 horas, este tiempo no es tuyo, es de alguien que pagó por ellos. Y si todos respetáramos estos conceptos, seríamos mejores.

 

El empresario japonés, me contó que en su negocio, ningún cajón tiene llave, todo está a la mano de todos, pero todos saben para qué y de quién son cada una de las cosas que se utilizan en la oficina. ¿Cómo vivimos en nuestros países?, buscando ponerle llaves al cajón donde guardamos las llaves.

 

Me contó cómo reclutaba a su gente cuando inició su negocio. Le daba un billete de $100 a un joven para que le comprara el periódico, le tenían que regresar $99, y muchos no regresaban, sin embargo, los que sí lo hacían, ingresaban a su empresa, porque él veía porvenir en ellos. Actualmente son los directivos de su empresa.

 

Las maestras japonesas les enseñan a sus alumnos a calcular sin ningún instrumento, el volumen de las jaulas en el zoológico, usando sólo el cálculo visual. Es por eso, que cuando los japoneses acuden a las exposiciones en el mundo, sin necesidad de fotografías ó vídeo, regresan a su hotel y elaboran los planos de esas máquinas. Además, las mejoran.

 

2.- Actitud hacia la Naturaleza.

 

Los japoneses plantan un árbol por cada evento importante en su vida. Cuando se casan, plantan un árbol, cuando nacen su hijos, siembran un árbol, así también cuando finalizan sus estudios, plantan lo hacen en cada evento importante.

 

Si nuestros padres hubieran plantado un árbol cuando nacimos, hoy tendría una edad de 20, 30 ó 40 años, pero lo más importante, es que nosotros amaríamos a ese árbol, por lo que significa en nuestras vidas. Pero ¿qué sucede si ese árbol lo sembró el gobierno?, “me importa un cacahuate”, es otro árbol más.

 

Por ello es importante que cada quién hagamos nuestras propias acciones, para que las valoremos y las amemos después.

 

Nos quejamos de la contaminación, pero no hacemos nada al respecto, nos quejamos de la falta de agua, y buscamos un culpable, nos quejamos y nos quejamos, esperando que otro lo resuelva.

 

Los japoneses son muy religiosos, quizás como algunos católicos, pero la diferencia es que ellos acuden a los templos a ofrecer, cuando nosotros acudimos a pedir, y pedimos cuando nos falta, nunca agradecemos cuando tenemos.

 

Por ejemplo, en nuestros países los sindicatos exigen a las empresas mejores condiciones en sueldo, en cambio en Japón, ofrecen mayores resultados a la empresa a cambio de beneficios en sueldo.

 

Por ejemplo, si fabrican 1,000 televisores, ofrecen fabricar 1,200 ¿Qué ofrece la empresa? Tenemos 5% de merma en producción, ofrecen reducirlo al 3%, ¿Qué ofrece la empresa?

 

Con base a esta cultura en la clase trabajadora y los sindicatos, han logrado el Producto Interno Bruto que ostentan, han logrado posicionar sus productos por su calidad, como resultado han logrado vender más.

 

En nuestros países, los pedidos de los sindicatos son un obstáculo para las empresas, propiciando que se marchen a otros sitios. La mentalidad del japonés es “Ganar-Ganar”: Si gana la empresa con mi trabajo, ganaré yo en sueldo.

 

Nuestros sindicatos reclaman más días de vacaciones, más aumentos de sueldo, más aguinaldos, la idea es ganar más trabajando menos, poniendo en peligro las fuentes de trabajo y el crecimiento de nuestras empresas.

 

Les cuento una anécdota que me contó mi amigo japonés.

 

Ocurrió un incendio en un bosque, lo que provocó que todos los animales salieran huyendo, todos menos un pequeño pajarito. Un Oso le preguntó al pajarito, ¿Por qué no huyes?, ¿no vez que se quema el bosque? El pajarito comentó: Este bosque ha sido mi único hogar, por lo tanto, no voy a dejar que lo destruya el fuego. Corrió a un estanque y con sus pequeñas alas recogió unas gotas de agua, las cuales derramaba sobre el fuego desde las alturas. Los Dioses al ver el esfuerzo del ave, se compadecieron y ordenaron a las nubes desatar una tormenta que en pocos minutos acabó con el fuego. Los animales regresaron para habitar nuevamente el bosque.

 

Tenemos todos que dejar caer a diario una gota de sudor producto del trabajo, para revertir las graves tendencias de desigualdad que tenemos en nuestra actualidad. Necesitamos amar nuestras fuentes de empleo, para luchar por su bienestar.

 

3.- Actitud ante la Vida.

 

Un elefante en un circo, atiende dócilmente las instrucciones del domador, pero se mantiene en su lugar sin escapar. ¿Cómo es que no escapa, si cuenta con todos los elementos físicos para hacerlo?

 

Muy sencillo, desde chico tuvo una pierna encadenada a una estaca, así vivió desde pequeño, esperando que lo alimentaran. Le nació un callo en la pierna, y también en la cabeza, formándose la idea de que “no puede”, y no podrá.

 

Así nos sucede a nosotros, cuando llegamos a la edad madura “ya no podemos”, porque desde pequeños vivimos escuchando adjetivos calificativos que nos menospreciaban. “Eres un bruto”, “no piensas”, “eres la oveja negra de la familia”.

 

Este joven llega a la edad adulta y lo único que aprendió es a seguir instrucciones, y el callo en su cabeza no le permite ver y buscar oportunidades de desarrollo, más bien espera que “le den de comer”.

 

Hay padres de familia y maestros, que sin darse cuenta están creando fracasados. Pero también los hay que crean triunfadores.

 

Tenemos que cambiar nuestra mentalidad en muchos sentidos. Apoyar a los jóvenes, instruirlos para que trabajen en equipo por un bien común, dejándoles despertar su espíritu creativo para generar nuevas oportunidades de desarrollo en nuestros países.

 

Jóvenes que emprendan, y no que dediquen su esfuerzo en terminar como empleados.

 

¿Por qué los jóvenes no crean sus propias empresas? Pero no nos imaginemos la empresa en un edificio de cristal en una avenida importante, ¡De ningún modo!, ¿Cómo comienza todo empresario? Sin capital económico y con muchas adversidades.

 

Muchos extranjeros han llegado a nuestro país sin nada mas que fe en sí mismos, inclusive algunos sin conocer el idioma. ¿Qué pasa con nosotros?, ¿porque nos llegan a superar los extranjeros? Creo que la respuesta es muy visible. Mientras nosotros seguimos buscando los días no laborables, los extranjeros abren sus negocios como otro día normal, nosotros no, ¡es día de asueto!

 

Observemos un día domingo convencional, nosotros preparamos las viandas para ver el futbol, mientras que los norteamericanos dedican este día en reparar su auto, cortar el césped, pintar la casa. Los japoneses dedican este día a trabajar en su jardín. Nosotros ¡no!, es domingo y nos excusamos en que “nadie trabaja”.

 

La obligación de todo empresario no es nada más generar dinero, es continuar trabajando y educar a nuestros empleados.

 

Los empresarios actuales buscan la oportunidad de retirar dinero de sus negocios, mientras que el empresario japonés los reinvierte para crear más, y con más calidad. Así es como crecen las empresas japonesas multimillonarias, con empresarios pobres. La diferencia entre el sueldo de un obrero japonés y el presidente de la compañía es de 8 veces, mientras que en nuestros países esta proporción es de 20 a 1.

 

Nuestros empresarios quieren convertirse en millonarios al segundo o tercer año de haber iniciado su negocio.

 

Una vez un directivo de una empresa recibió a un joven candidato para entrevista. Cuando el joven profesionista expuso su demanda salarial externó: Yo requiero un sueldo de $120 mil, un auto de la empresa, una oficina con secretaria, vacaciones dos veces por año, y un seguro de gastos médicos mayores. El directivo le comentó: No se preocupe joven, usted ganará $150 mil, tendrá el mejor auto de la empresa a su completa disposición, su oficina se localizará junto a la del director, tendrá dos secretarias para que le auxilien con cualquier demanda, sus vacaciones serán dos veces al año y pagadas con un bono especial, y por supuesto, cuente con el seguro de gastos médicos. El joven cuestionó con gran admiración: ¿Me está bromeando? El directivo replicó: ¡Pues usted empezó!

 

Así somos los empleados y empresarios de hoy, queremos cosechar los frutos sin haber sembrado, cuando en el caso de otras naciones como en Japón, los empresarios y sus empleados aguardan pacientemente y trabajando.

 

Fuente: https://gestionemprendedora.wordpress.com

LOS ENDIABLADOS

 

 

Ricardo Palma

 

Pepo Irasusta y Pancho Arellano eran amigos de uña y carne, de cama y rancho.

 

De repente, el pueblo dio en decir que habían hecho pacto con el demonio; y hoy mismo, al hablar de ellos, los llama los Endiablados.

 

¿Por qué? Esto es lo que el relato popular va a explicarnos.

 

Entretanto, lector, si te ocurre dar un paseo por San Jerónimo de Ica, hasta las piedras te referirán lo que hoy, alterando nombres por razones que yo me sé, ofrece tema a mi péñola. Añadiré también, para poner fin al introito, que viven todavía en la ciudad de Valverde muchísimas personas que en el decenio de 1830 a 1840 conocieron y trataron a los héroes de esta conseja o sucedido.

 

I

 

Pancho Arellano era un indio cobrizo, que ganaba el pan de cada día, manejando una pala como peón caminero o mozo de labranza en un viñedo. El infeliz echaba los bofes trabajando de seis a seis para adquirir un salario de dos a tres pesetas e ir pasando la vida a tragos. Parecía destinado a nunca salir de pobre, pues ni siquiera había en él artimaña para constituirse jefe de club eleccionario, ni hígados para capitanear una montonera, cargos que suelen dejar el riñón cubierto.

 

Un día abandonó Arellano la lampa, y sin que nadie atinara a saber de dónde había sacado dinero, echose a dar plata sobre prendas con el interés judaico de veinticinco por ciento. Y fuele tan propiciamente, en oficio que requiere tener las entrañas de Caín y la socarronería de Judas, que, a poco hacer, se encontró rico como el más acaudalado del lugar.

 

En medio de su bienandanza, lo único que le cascabeleaba al antiguo patán era que el pueblo le negase el Don; pues grandes y pequeños, lo llamaban Ño Pancho el de la esquina.

 

-Esto no puede soportarse -se dijo una noche en que estaba desvelado-, es preciso que me reciba de caballero.

 

Y al efecto, empleó dos meses en preparativos para dar en su casa un gran sarao, al que invitó a todo lo más granado de la sociedad iqueña.

 

El usurero, picado por el demonche de la vanidad, desató los cordones de la bolsa, gastando algunos miles de pesos en muebles y farolerías que hizo traer de Lima. La fiesta fue de lo más espléndido que cabe. Digo bastante con decir que para asistir a ella emprendieron viaje desde la capital de la república un general, tres diputados a Congreso, el cónsul de su majestad Kamahameha IV, un canónigo, un poeta periodista y varias otras notabilidades.

 

Terminado el festejo, que duró ocho días, en los que Arellano echó la casa por la ventana para tratar a sus convidados a cuerpo de rey, quedó ejecutoriada su decencia, y todo títere empezó a llamarlo don Francisco. Era ya un caballero hecho y derecho, por mucho que los envidiosos de tan improvisada ascendencia le aplicarán la redondilla:

 

«¡Qué hinchado y qué fanfarrón

entre las ramas habita!

Pues sepan que fue pepita,

aunque ya lo ven melón».

 

Pasaban los años, aumentaba la riqueza de D. Francisco, y disfrutaba de la general consideración, que en este mundo bellaco alcanza a conquistarse todo el que tiene su pie de altar bien macizo.

 

 

Nadie paraba mientes en que el ricacho no cumplía ninguna de las prácticas de buen cristiano, y que lejos de eso, la daba de volteriano, hablando pestes del Papa y de los santos. Mas de la noche a la mañana se le vio confesar muy compungido en la iglesia de San Francisco, hacerse aplicar recios cordonazos por los frailes, beber cántaros de agua bendita y cubrirse el cuerpo de cilicios y escapularios.

 

Ítem, decía a grito herido que era muy gran pecador, y que el Malo estaba empeñado en llevárselo en cuerpo y alma.

 

De aquí sacaban en limpio las comadres de Ica, caminando de inducción en inducción, que Arellano para salir de pobre había hecho pacto con el diablo; y que estando para cumplirse el plazo, se le hacía muy cuesta arriba pagar la deuda.

 

Es testimonio unánime de los que asistieron a los funerales de don Francisco que en la caja mortuoria no había cadáver, porque el diablo cargó hasta con el envoltorio del alma.

 

II

 

Pepe Irasusta había sido un bravo militar que, cansado de la vida de cuartel colgó el chopo y se estableció en Ica. Aunque no vareaba la plata como su compadre y amigo Arellano, gozaba de cómoda medianía.

 

Por aquellos años, como hoy mismo, era fray Ramón Rojas (generalmente conocido por el padre Guatemala) la idolatría de los iqueños. Muerto en olor de santidad en julio de 1839, necesitaríamos escribir un libro para dar idea de sus ejemplares virtudes y de los infinitos milagros que le atribuyen.

 

Irasusta, que hacía alarde de no tener creencias religiosas, dijo un día en un corro de monos bravos y budingas:

 

 

-Desengañarse, amigos. Ese padre Guatemala es un cubiletero que los trae a ustedes embaucados hablándoles de la otra vida. Eso de que haya otro mundo es pampirolada; pues los hombres no pasamos de ser como los relojes, que rota la cuerda, ¡crac!, san se acabó.

 

-Otra cosa dirá usted, D. Pepe, cuando le ronque la olla, que más guapos que usted he visto en ese trance clamar por los auxilios de la iglesia -arguyó uno de los presentes.

 

-Pues sépase usted, mi amigo, que yo ni después de muerto quiero entrar en la iglesia -insistió Irasusta.

 

Era la noche del miércoles santo, e Irasusta se sintió repentinamente atacado de un cólico miserere tan violento que, cuando llegó a su lecho el físico para propinarle alguna droga, se encontró con que nuestro hombre había cesado de resollar.

 

No permitiendo el ritual que en jueves ni viernes santo se celebren funerales de cuerpo presente, ni siendo posible soportar la descomposición del cadáver, resolvieron los deudos darle inmediata sepultura en el panteón.

 

Así quedó cumplida la voluntad del que, ni después de muerto, quería entrar en la casa de Dios.

 

Pocos días después, en la iglesia de San Francisco y con crecida concurrencia de amigos celebrábanse honras fúnebres por el finado Irasusta.

 

En el centro de la iglesia y sobre una cortina negra leíase en grandes letras cortadas de un pedazo de género blanco:

 

¡¡¡JOSÉ IRASUSTA!!!

 

 

En los momentos en que el sacerdote oficiante iba a consagrar la Hostia divina, desprendiose un cirio de la cornisa del templo e incendió la cortina. Los sacristanes y monagos se lanzaron presurosos a impedir que se propagase el fuego; pero a pesar de su actividad, no alcanzaron a evitar que gran parte de la cortina fuese devorada.

 

Cuando se desvaneció el peligro, todos los concurrentes se fijaron en la cortina y vieron con terror que las llamas habían consumido las seis primeras letras de la inscripción, respetando las que forman esta palabra:

 

¡¡¡ASUSTA!!!

 

Aquí asustado el cronista, tanto como los espectadores, suelta la pluma, dejando al lector en libertad de hacer a sus anchas los comentarios que su religiosidad le inspire.

 

Fuente: http://manuelricardopalmasoriano.blogspot.com/

ANTICIPANDO LO BUENO

 

 

Glenda Travieso

 

El cambio es inevitable, es parte de nuestra evolución. No obstante, nos atemoriza porque la mayoría de las veces implica renuncia, desapego, situaciones con las que nos estamos dispuestos a lidiar o no sabemos cómo afrontar. Es entonces cuando podemos resistirnos o aprender a abrazarlo mientras liberamos con gracia el pasado.

Integra la emoción en lugar de evadirla

Cuando nos encontramos experimentando cualquier tipo de cambio en nuestras vidas, surge en nosotros un estado natural de tensión quizás a nivel físico, mental o emocional, que indica que tenemos cierto grado de resistencia. Es posible que en las primeras de cambio ni siquiera notemos este estado de tensión sino hasta que nos hagamos conscientes de que nos sentimos ansiosos, de que estamos experimentando cambios de humor, o de que nos arropa un sentimiento de preocupación general producto del temor a lo desconocido.

Sin embargo, hay formas mucho más sanas y positivas de transitar a través del cambio sin rechazarlo, o de intentar negar que está sucediendo. Puesto que el cambio se producirá en casi todos los aspectos de nuestra vida a medida que vayamos transitando en ella, podemos anticiparnos desarrollando una respuesta positiva que abrace este cambio, teniendo presente que todo está en un proceso de expansión y renovación constante. De esta forma podrás adoptar una postura más flexible y una actitud más creativa ante los desafíos que la vida te presente.

Cambia el enfoque y reconoce lo positivo que hay en la situación

Una cosa que podemos hacer es cambiar nuestra perspectiva acerca de la situación, cambiando las etiquetas que usamos para identificar nuestras emociones. Si estamos sintiéndonos de algún modo ansiosos, podemos reinterpretar esa emoción como si fuera el incesante aleteo de las mariposas que llegan anunciando las buenas nuevas. Con este cambio de enfoque, comenzamos a conectarnos con el bien que está implícito en cada circunstancia y que se abre paso hacia nosotros.

Aunque solo podamos imaginar las posibilidades, aunque solo podamos ver una pequeña parte del camino, cuando reconocemos que el bien está allí para nosotros, nos recargamos con la energía de la alegría anticipada y la incorporamos a lo que estamos experimentando, mientras que permitimos que las emociones y los sentimientos nos lleven hacia adelante, en lugar de paralizarnos.

Crea tu propio ritual para darle la bienvenida al cambio

También es posible hacer una ceremonia para permitirnos procesar nuestras emociones. Cada cultura ha creado ceremonias para ayudar a las personas a transitar de una fase de la vida a la siguiente, tal es el caso de las fiestas de graduación o de las bodas. En este caso podemos hacer una fiesta de despedida o de inauguración casi de forma automática para celebrar el cambio. Podemos quemar pensamientos escritos mientras miramos cómo el humo se los lleva lejos, sintiendo una especie de liberación por ello, o podemos darle la bienvenida a los nuevos esfuerzos plantando flores o árboles. No importa cuál sea el ritual o la celebración que escojamos, lo importante es acoger el cambio de una manera positiva.

Practica la aceptación

Sin embargo, a veces cambiar de un estado de negación a uno de aceptación es todo lo que se necesita para aliviar nuestra ansiedad, lo que nos permite llevar con nosotros nuestras memorias sin experimentar dolor, a medida que nos movemos del nerviosismo a la alegría por las cosas buenas que están por venir. Si les das su tiempo y espacio en tu vida, tarde o temprano comprenderás que el cambio ha sido para tu bien.

¡Suelta la resistencia y permítele al universo hacer su magia!

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

VENCER EL ODIO

 

 

Yehudá Berg

 

Hubo una vez un hombre viejo y bondadoso que tenía un vecino muy malo. Cada día, el vecino arrojaba basura en la entrada de su casa o le ponía horribles apodos.

Una vez incluso le gastó una broma pesada al arrojar huevos a su adorable casa.

Un día, el anciano decidió que era suficiente y que era el momento de parar las tonterías de su vecino. Viejo como era, arrastró su podadora de césped al jardín de su vecino y comenzó a podarlo. Justo cuando estaba a punto de terminar, el vecino llegó a casa.

“¿Qué estás haciendo, viejo loco?”. Preguntó el vecino. “¿Por qué podaste el césped por mí?”.

“No lo hice por ti”, le respondió el anciano. “Lo hice por mí”.

El vecino estaba tan conmovido por este acto de bondad que nunca más molestó nuevamente al anciano.

El anciano conocía una profunda verdad: que el amor incondicional es lo único que puede vencer el odio. Cuando ofrecemos amor incluso a nuestros enemigos, podemos destruir su oscuridad y disolver su odio.

 

Fuente: http://simplementereiki.blogspot.com

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