26
March
2015

TU MÁXIMO ESFUERZO

 

 

Gabriel Sandler

 

No permitas que tu desilusión se convierta en una excusa para dejar de ocuparte. Si lo que intentas es evitar por todos los medios decepcionarte, terminarás evitando todas las oportunidades de sentir realización.

 

Que tus resultados no coincidan con tus expectativas puede ser doloroso. Sin embargo, si nunca lo intentas, el dolor de tu arrepentimiento será mucho mayor que el de cualquier decepción.

 

Podrá no ser muy divertido, pero estás en condiciones de manejar las desilusiones. De hecho, puedes decidir que cada decepción te vuelva más positivamente motivado y comprometido.

 

No te escapes ni te escondas de la vida sólo porque a veces duela. Dedica tu tiempo y tu energía a aquello que realmente te importa, en lugar de perder tus valiosos momentos en preocupaciones y temores.

 

Aunque son muchos los factores que están fuera de tu control, siempre puedes controlar dónde enfocarás tu energía. Tu mejor estrategia es concentrar esa energía en dar forma a la vida que más sinceramente deseas crear.

 

Recuérdate a ti mismo que puedes lidiar exitosamente con los resultados que obtengas, cualesquiera sean. Luego da un paso adelante, pon tu máximo esfuerzo, y dale vida a tus sueños.

 

Fuente: http://www.motivaciondiaria.com/

25
March
2015

PROCRASTINADOR: ES CONTIGO

 

 

Si piensas que no es contigo, y entraste a leer este artículo por curiosidad, bienvenido. Te haremos la siguiente pregunta: ¿Te reconocerías en estas acciones que describiremos?:

  1. Lo voy a empezar la semana que viene, lo juro.
  2. Sé que tengo que arreglar el clóset. Cuando termine con la parte de abajo voy con lo demás [llevas meses con la parte de abajo].
  3. Ahora cuando haya organizado el archivador empiezo con aquello.

Y también llevas meses con el archivador. O con lo que sea. La Real Academia Española define la palabra “procrastinar” como: “diferir, aplazar”.

Una persona que procrastina se está mordiendo la cola, sin saberlo: en el momento de aplazar una tarea o pendiente siente un alivio, sin tomar en cuenta que la tarea seguirá pendiente, y queen el futuro regresará con más fuerza reclamando ser finiquitada.

Así, se crea un círculo vicioso que nos llena de angustia o desesperación ante la arremetida.

¿Qué se puede hacer entonces? Lo primero: ser honestos. Si has desarrollado experticia en el arte de diferir responsabilidades, es muy probable que seas experto también en vivir con estrés. Ahí está la clave: asumir que te produce malestar. Que es una conducta que no cede su espacio, y que siempre reclama más.

Asumirte como procrastinador será el primer paso para retirar la culpa y la vergüenza que sientes ante ti mismo cada vez que se produce la estocada del ciclo. Poder identificar esos sentimientos, así como la frustración que produce la tarea no lograda, te hará consciente de los efectos negativos que se producirán en ti. Eso es un buen primer paso.

Acto seguido, te tocará poner emoción en la tarea pendiente. Debes agarrarle el gusto, saber que te traerá bienestar, beneficios, y que ganarás muchas horas útiles. Visualiza la sensación de bienestar que tendrías al tener la tarea finalizada.

Trabaja duro: tu mejor aliado será tu fuerza de voluntad. Reúne todos los implementos que necesitas para entrompar lo pendiente, y hazlo. No divagues. Cierra las redes sociales, y recuerda siempre que ganarás tiempo para hacer otras cosas.

Toma cartas en el asunto: quítale las pilas al control del televisor, aparta de tu vista todo lo que te pueda distraer. Cuando estés concretando, reconoce el placer que produce la labor hecha, y trata de prolongarlo un poco más.

A todos nos ha pasado en algún momento, y no debemos sentirnos mal ni un segundo más por ello. Cambia los patrones y enfócate.

¡Sí se puede!

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

24
March
2015

APRENDER PARA RECORDAR

 

 

Sagrario Morales

 

La cuestión es tan obvia que parece absurdo intentar explicarlo, pero lo cierto es que para recordar algo lo primero que hemos debido hacer es haberlo aprendido. La mayoría de las personas culpan a su memoria de algo de lo que esta no es en absoluto responsable.

Suelen decir “no lo recuerdo”, cuando deberían decir “nunca lo he sabido”, porque el primer paso para aprender algo es haberlo comprendido, y este es un paso que no acostumbramos a valorar.

Para comprender algo previamente hemos debido ser conscientes de ello y haber hecho un esfuerzo, por pequeño que sea, por interiorizarlo.

“-¿Cuál es el nombre de los doce hijos de Jacob que dieron lugar a las tribus de Israel?

– Bueno sí: Rubén, Simeón….Levi, Judá, José… Benjamín. Realmente no lo recuerdo.

– No es que no lo recuerdes. Lo más exacto sería decir que nunca lo has sabido.”

Otro ejemplo: ¿Qué presidente de los EEUU aparece en los billetes de 10 USD? Posiblemente hayan pasado muchos por nuestras manos pero nunca hemos reparado en ello. Simplemente no nos hemos fijado. No hemos hecho el esfuerzo por aprenderlo, por lo que la respuesta más exacta a esta pregunta no sería que no lo recordamos, sino que debería ser que nunca lo hemos sabido.

Esto es algo frecuente en todos los ámbitos de la vida. Recibimos tanta información a través de nuestros sentidos que realmente somos capaces de procesar y aprender muy poca. De hecho solo somos capaces de prestar atención a una sola cosa al mismo tiempo.

Podemos ver una película en la televisión mientras leemos la información económica en el periódico, pero lo hacemos prestando y retirando sucesivamente nuestra atención de una y otra cosa.

Cuando los estudiantes se quejan de que no recuerdan las cosas que han estudiado, pueden referirse a que no han aprendido suficientemente esa materia, no la han hecho suya, no han hecho el esfuerzo suficiente para interiorizarla.

La falta de atención es normalmente el primer fallo para conseguir aprender algo. Por eso cuando nos presentan a alguien por primera vez raramente conseguimos “quedarnos” con su nombre a la primera. Normalmente estamos más preocupados en fijarnos en el aspecto de nuestro interlocutor, o en que se mencione correctamente nuestro propio nombre, o en lo que vamos a decir a continuación, que en aprender correctamente su nombre, por lo que una vez solventadas estas primeras impresiones, solemos solicitar que nos lo repitan acompañándolo con la mejor de nuestras sonrisas. ”Perdón, ¿su nombre era…?”

Solemos olvidar el paraguas en cualquier sitio porque no lo valoramos lo suficiente y no somos conscientes de donde lo dejamos. También se nos olvida por la misma razón donde hemos aparcado el coche o donde nos hemos dejado las gafas o el bolígrafo.

Posiblemente si se trataran de un coche último modelo que acabamos de comprar con un gran esfuerzo económico, o de un bolígrafo de oro que nos regaló nuestro bisabuelo en su lecho de muerte, prestaríamos más atención y no se nos olvidaría donde los hemos dejado.

Aprender a ser conscientes de cada uno de nuestros movimientos y de cada uno de nuestros pasos es también algo que puede ejercitarse y aprenderse.

Además de sernos muy útil, también aprenderemos a ser más conscientes de nuestros actos y de nuestra propia existencia.

 

Fuente: http://www.pnlnet.com/