27
January
2012
Alejandro Rozitchner
La idea es sencilla y no me acuerdo qué lectura me la hizo ver: todo en el mundo -las cosas que uno hace, los objetos mismos- pueden ser pensados como si fueran ayudas, como si todo ayudara a algo.
Ejemplos:
Un auto te ayuda a ir de un lado a otro.
Un diario te ayuda a estar informado.
La radio te ayuda a escuchar música, o te ayuda a pasarla bien o a sentirte acompañado.
Un cajero te ayuda a que puedas pagar lo que querés comprar.
Un bife te ayuda a estar alimentado.
Un amigo te ayuda a conocerte, a pasarla bien, a estar contento.
Una novia te ayuda a desplegar intimidad, a sentirte bien, a sentir tu cuerpo, a sentir el suyo.
Esta idea propone una óptica, una manera interesante de pensar las cosas. Su interés está en que revela el lazo que conecta a las personas, y a las personas con las cosas. Según la perspectiva de la ayuda, todo es relacional.
Desde esta perspectiva me pregunto por mis clases:
¿A qué ayudo yo en mis clases? ¿A qué ayudo con mis cursos?
No puedo decir exactamente a qué ayudo, pero puedo responder estas preguntas diciendo qué quiero lograr con mis cursos, para qué quiero que sirvan.
Las respuestas son estas:
1) me gusta tratar de que mis clases sean una fiesta, es decir, que los que vienen pasen un gran momento, un momento pleno, divertido y veloz,
2) me gusta dar ideas y perspectivas que apoyen el despliegue personal del entusiasmo de cada alumno (entiendo que el pensamiento filosófico tiene que ver con ese movimiento personal)
3) busco que las preguntas y los temas que generan angustia y temor dejen paso a posturas vitales, de atrevimiento,
4) quiero lograr que los alumnos sintonicen con lo más afirmativo en ellos,
5) que mis cursos den más ganas de vivir,
6) quiero desarrollar un pensamiento inteligente, capaz de pensar al mundo como es y de zafar del truco crítico (esas posturas que parecen inteligentes pero no lo son)
7) trato de dar palabras e ideas para que los asistentes logren expresar su mundo interno,
8) trato de ofrecer textos interesantes, de dar a conocer bibliografía estimulante, textos que den ganas de seguir leyendo,
9) busco contagiar la avidez por leer, pensar, entender
10) quiero contribuir a aclarar el estado caótico del cual todo pensamiento naturalmente parte y debe partir
11) que quienes vienen a clase puedan vivir ese caos con confianza y hasta con cierta felicidad
12) que disfruten planteándose y planteando problemas y preguntas y encontrando soluciones para ellos,
13) busco ayudar a que encuentren su estilo, sus temas, las ideas que les resulten más atractivas y movilizantes
14) que tengan recursos afectivos para buscar el camino de su deseo en la vida
15) que se saquen de encimas perspectivas paralizantes
16) que disfrutemos de pensar juntos, con sutileza y humor
¿Para qué decir todo esto?
Creo que uno suele creer que las cosas que piensa son evidentes. Pero me doy cuenta de que hacerlas explícitas tiene mucho más sentido del que parece.
Si uno no dice lo que siente y piensa, la mayor parte de las veces el otro no se entera.
Fuente: http://100volando.blogspot.com
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26
January
2012
Una palabra irresponsable: puede encender discordias y fuegos difíciles de apagar…
Una palabra cruel: puede arruinar y derribar todo lo que se había edificado en una vida…
Una palabra de resentimiento: puede matar a un apersona, como si le claváramos un cuchillo en el corazón…
Una palabra brutal: puede herir y hasta destruir la autoestima y la dignidad de una persona…
Una palabra amable: puede suavizar las cosas y modificar la actitud de otros…
Una palabra alegre: puede cambiar totalmente la fragancia y los colores de nuestro día…
Una palabra oportuna: puede aliviar la carga y traer luz a nuestra vida…
Una palabra de amor: puede sanar el corazón herido.
Porque las palabras tienen vida.
Son capaces de bendecir o maldecir, de edificar o derribar, de animar o abatir, de transmitir vida o muerte, de perdonar o condenar, de empujar al éxito o al fracaso, de aceptar o rechazar…
¿Cómo hablamos a los demás? ¿Qué les transmiten nuestras palabras?
¿Qué me digo a mí mismo? ¿Hacia dónde me conduce mi dialogo interno?
Fuente: http://www.angelesamor.org
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25
January
2012
Mayte Sepúlveda
Hace unos días, estaba sentada observando el atardecer, la paleta de tonos pastel que tenía el cielo y la serenidad del mar abierto… mientras disfrutaba del paisaje tan maravilloso que tenia frente a mí, pensaba en lo sencilla que era la vida… y en el contraste tan grande que existe, en los momentos en los que se transforma en una experiencia difícil y dolorosa de asumir.
Hay personas para quienes la vida se convierte de un momento a otro, en una experiencia dura… Y es sorprendente ver como hacen todo lo posible para lograr que sea todavía más complicada y pesada de vivir.
En realidad es asombrosa la capacidad que tenemos de crear situaciones y mecanismos para complicar nuestras vidas, en el área personal y profesional, desperdiciando así, los grandes recursos que tenemos, como el tiempo, la energía y el dinero en situaciones y cosas que nos desgastan y no nos benefician en lo absoluto.
Con gran facilidad, nos envolvemos en un remolino de miedos, pensamientos y emociones negativas, sin un sentido real y positivo; nos ahogamos en un mar de susceptibilidades y dramatismos innecesarios; nos abrumamos y aturdimos en una especie de carrera loca para aparentar lo que no somos o lo que no sentimos, desesperados por adquirir posesiones materiales que en realidad no necesitamos, para figurar, pertenecer o sentirnos aceptados por los demás.
Muchos de estos parámetros que usamos para vivir cada día hacen que olvidemos nuestros sueños y que no cumplamos con los objetivos que nos trazamos para cumplir con nuestra misión de vida. ¡Simplificarnos y volver a lo esencial, debe ser nuestra prioridad!
Hagamos un alto en el camino para revisar el rumbo, los planes y el equipaje que llevamos en este viaje, identifiquemos todo lo que cargamos, lo material, lo emocional y lo mental, para sacar aquello que no tenga un propósito útil y significativo. En esta pequeña aventura, el exceso de equipaje, nos impide avanzar, tomar decisiones, aceptar los cambios y abrirnos a nuevas oportunidades, además, puede hacernos perder el balance emocional y la claridad mental que tanto necesitamos, para tener una vida plena.
Vamos, toma la decisión de simplificar tu vida, de aligerar el peso de tu equipaje, para que puedas tomar lo mejor de cada experiencia y entregar siempre lo bueno que surge en ti, a través del contacto y la compartida que mantienes con las demás personas. ¡Hoy puedes comenzar a vivir! No te sabotees la posibilidad de tener una vida con más calidad, busca la manera de volver a lo esencial, con una gran dosis de sentido común, discernimiento y pasión.
Comienza hoy. No esperes el momento adecuado para hacerlo, porque tal vez nunca llegue. Haz lo necesario para que tu vida sea más fácil, haz una lista de todo aquello que no has usado en el último año y sal de ello.
Cruza el puente cuando llegues al río. Usualmente nos inquieta más lo que imaginamos o suponemos que puede ocurrir. Libérate de las preocupaciones y los miedos por lo que pueda pasar y ocúpate de resolver lo que está en tus manos en este momento.
Vuela sobre el pantano. Elévate por encima de la mezquindad, del egoísmo y de la apatía. Sana los viejos sentimientos de culpa, envidia o resentimiento, toma sólo lo bueno que la vida te ofrece y deja lo demás a un lado.
Aligera tu equipaje. Despréndete de todo lo que no necesitas y que sigues cargando por costumbre, apego o temor. Incorpora nuevos hábitos positivos a tu rutina diaria, cambia algunas de las viejas ideas que te han frenado y saboteado la posibilidad de sentirte bien. Organiza y limpia tus papeles, el garaje, las gavetas… ordena y organiza tu vida por prioridades.
Supera el drama y la susceptibilidad. Trabaja internamente para fortalecerte emocionalmente, corta el cordón umbilical que te mantiene atado a las personas que te manipulan y afectan negativamente. Recuerda que la Divinidad, siempre trabaja a tu favor, deja de sentirte víctima de los demás o de las circunstancias, levántate y toma la conducción de tu vida.
Revisa tus necesidades y expectativas. Muchas veces buscamos satisfacer necesidades que no son reales, que otros nos han hecho creer que nos hacen falta para sentirnos bien. Haz una lista con todas las cosas que piensas que te hacen falta y pregúntate si tenerlas te hará sentir pleno, o en paz. No esperes tanto, acepta y disfruta lo que te trae cada día.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!
Fuente: http://www.maytte.com
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