9
February
2010
Si necesitas a alguien para ser feliz… eso no es amor.
ES CARENCIA.
Si tienes celos, inseguridad y haces cualquier cosa por mantener a alguien a tu lado, aún sabiendo que no eres amado… eso no es amor.
ES FALTA DE AMOR PROPIO.
Si crees que tu vida queda vacía sin esa persona… no consigues imaginarte solo… y mantienes una relación que se acabó… eso no es amor.
ES DEPENDENCIA.
Si piensas que el ser amado te pertenece te sientes dueño y señor de su vida y de su cuerpo… eso no es amor.
ES EGOISMO.
Si no lo deseas… no te realizas como hombre o mujer con esta persona, prefieres no tener relaciones íntimas con ella, sin embargo sientes agrado al estar a su lado… eso no es amor.
ES AMISTAD.
Si discuten por cualquier motivo, les falta acuerdo en diversas situaciones, no les gusta hacer las mismas cosas… pero hay un deseo de estar íntimamente juntos…. eso no es amor.
ES DESEO.
Si tu corazón late más fuerte, el sudor se pone intenso, tu temperatura sube y baja, sólo en pensar en la otra persona… eso no es amor.
ES PASION.
Ahora, que ya sabes lo que NO ES AMOR, es más fácil analizar lo que pasa contigo y procurar atraer a alguien por la que sientas afecto, deseo, pasión, necesidad , ansiedad… y que este alguien sienta lo mismo por ti.
Colaboración de Verena Sieber de Price
Fuente: http://reflexionesdiarias.wordpress.com
VaterEin
REFLEXIONES
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8
February
2010
Paulo Coelho
“El guerrero aplica la disciplina y la compasión. Dios jamás abandona a sus hijos, pero los designios de la Providencia son insondables”.
Escogiendo con confianza, el guerrero de la luz siempre consigue equilibrar rigor y misericordia. Para alcanzar su sueño, necesita una voluntad firme, y una inmensa capacidad de entrega.
Aunque tenga un objetivo, no siempre el camino para llegar a él es el que imagina: por eso, el guerrero aplica la disciplina y la compasión. Dios jamás abandona a sus hijos, pero los designios de la Providencia son insondables.
En este sentido, para el guerrero de la luz no existe nada abstracto. Todo es concreto, todo le dice algo.
Él no permanece sentado cómodamente en su tienda, observando lo que sucede en el mundo, sino que acepta cada desafío como una oportunidad de transformarse a sí mismo.
Algunos de sus compañeros se pasan la vida quejándose de la falta de opciones, o murmurando sobre las decisiones ajenas. El guerrero, sin embargo, transforma su pensamiento en acción.
Algunas veces se equivoca, y paga –sin rechistar– el precio de su error. Otras veces se desvía del camino, y pierde mucho tiempo para retomar el rumbo original.
Pero un guerrero no se distrae, porque sabe lo que busca.
Tomando decisiones con valentía
Un guerrero de la luz no aplaza sus decisiones.
Reflexiona bastante antes de actuar, considera su preparación, su responsabilidad, y su deber hacia las personas que ama. Intenta mantener la serenidad, y analiza cada paso como si fuese el más importante.
Sin embargo, en el momento en el que toma una decisión, el guerrero sigue adelante: ya no le restan dudas sobre la elección que hizo, ni altera su recorrido porque las circunstancias sean diferentes a las que esperaba.
Todo lo que hace es adaptarse al camino, a veces actuando con la solidez de una roca, a veces dejándose llevar como las aguas de un río que sabe adónde va.
Si su decisión ha sido la correcta, vencerá el combate, aunque este se prolongue más de lo previsto.
Si su decisión estaba equivocada, será derrotado, y tendrá que recomenzarlo todo de nuevo –con más sabiduría.
Pero un guerrero de la luz, cuando comienza, llega hasta el final–.
Escogiendo con decisión
Un guerrero de la luz tiene las cualidades de una roca.
Cuando está en un terreno plano –con todo lo que le rodea en armonía– él se mantiene estable. Las personas pueden construir sus casas encima de lo que fue creado por él, porque la tempestad no será destructiva.
Sin embargo, cuando lo ponen en un terreno inclinado, y nada de lo que le rodea demuestra ningún respeto o equilibrio por su trabajo, él revela su fuerza, rodando en dirección al enemigo que amenaza su decisión. Sin crueldad, pero con decisión, el guerrero de la luz no se deja paralizar por sus adversarios.
Un guerrero de la luz piensa en el Buen Combate y en la paz al mismo tiempo, y sabe actuar de acuerdo a las circunstancias.
Fuente: http://www.larevista.ec
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LITERATURA, REFLEXIONES
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7
February
2010
Ricardo Ros
Se suele decir que hay cinco emociones básicas: amor, alegría, tristeza, rabia y miedo. Estas emociones son básicas porque se producen de forma automática. El cerebro las produce en determinadas circunstancias sin intervención de nuestra parte racional, de manera involuntaria.
Cuando alguna de estas emociones básicas pasa por un filtro cognitivo, es decir, cuando les ponemos un nombre, entonces las llamamos sentimientos. El amor se puede convertir en pasión, la alegría en euforia, la tristeza en depresión, la rabia en odio y el miedo en pánico, por ejemplo. Pero todo esto son sólo palabras y las palabras no son la mayor parte de las veces capaces de expresar realmente lo que sentimos. Yo puedo decir que siento rabia, pero otra persona puede darle algún otro matiz a ese mismo sentimiento. ¿Qué diferencia hay entre rabia, furia o irritación? Cada persona le pone la tonalidad. Por eso no es posible comparar mis emociones o sentimientos con los de otras personas.
Nos han dicho muchas veces que hay sentimientos buenos y sentimientos malos. Nos dicen que el amor es un buen sentimiento y que el odio es un mal sentimiento, que la alegría es un buen sentimiento y que la tristeza es un mal sentimiento. Desde mi punto de vista no hay sentimientos ni buenos, ni malos. Todos son sentimientos. La categoría de buenos o malos se la puede dar una visión moral o religiosa, pero desde un punto de vista psicológico, no son ni buenos ni malos. Lo que puede ser bueno o malo no son los sentimientos, sino las conductas que pueden generar esos sentimientos.
Hay un estímulo que produce una emoción. La emoción origina una sensación física en mi sistema nervioso. Cuando trato de ponerle nombre a esa sensación, se convierte en sentimiento. Luego puede venir una conducta o no.
Una emoción básica es difícil de evitar. Si algo me produce alegría, esa alegría salta automáticamente. Si algo me produce rabia, la rabia la noto interiormente de forma involuntaria. Pero lo que sí depende de mi voluntad es cómo encauzo ese sentimiento y cómo controlo las conductas. Mi mano no se mueve si yo no decido que mi mano se mueva. Mi boca no se abre si yo no decido que mi boca se abra. Tengo control sobre mis sentimientos y, por lo tanto, sobre mis conductas. En consecuencia, puedo sentir rabia, pero puedo evitar ser agresivo, puedo evitar comenzar a dar golpes a alguna persona o empezar a insultarla. Sentir rabia no es malo, si existe una razón. Sentirse triste no es malo si existe un motivo. Lo que es malo es convertir esa rabia o esa tristeza, que no son más que sentimientos, en acciones que me perjudiquen o que perjudiquen a otras personas. Puedo controlar mis conductas, pero no puedo controlar mis emociones básicas, porque son espontáneas y automáticas.
¿Qué ocurre si no acepto todos mis sentimientos, si lucho contra ellos, si niego tenerlos o trato de evitarlos? Si siento algo a lo que le pongo el nombre de odio, por ejemplo, pero no me permito a mi mismo sentir ese odio y lo rechazo, el odio se apodera de mí, se queda enquistado. El sentimiento, que debería durar muy poco tiempo, se enroca y se queda bloqueado. Ya es más difícil eliminarlo. Ya es más posible que me obligue a pasar a la acción, a convertirlo en una conducta.
Por eso, acepta cualquier sentimiento, del tipo que sea. Y una vez que lo has aceptado, el sentimiento desaparece, hasta que exista algún otro motivo que lo haga volver a despertarse.
Fuente: http://www.ricardoros.com
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REFLEXIONES
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