29
January
2012

LA PRESENCIA DE DIOS0


Paulo Coelho

A continuación historias sobre la presencia de Dios.

La respuesta

En cierta ocasión, un hombre preguntó al rabino Joshua ben Karechah:

¿Por qué escogió Dios una zarza para hablar con Moisés?

El rabino respondió: Si hubiese escogido un olivo o una morera, harías la misma pregunta. “Pero no puedo dejarte sin respuesta; por eso te diré que Dios escogió una pequeña y mísera zarza para enseñarnos que no hay lugar en la Tierra en que Él no esté presente”.

Donde vive Dios

Entre Francia y España hay una cordillera. En esta cordillera hay una aldea llamada Argeles-Gazost. En esta aldea hay una cuesta que baja al valle.

Todas las tardes paseaba por allí un viejecito. Cuando fui a Argeles por primera vez, no reparé en él; la segunda vez vi que siempre nos cruzábamos. Y cada vez que volvía a visitar aquella aldea, reparaba en más detalles: la ropa, la boina, el bastón, las gafas…

Él no lo sabe, pero cada vez que pienso en la aldea, me acuerdo también del viejecito.

Solo una vez hablé con él. Quería bromear y le pregunté:

¿Vivirá Dios en estas montañas que nos rodean?

Dios vive allí donde le dejan entrar, fue su respuesta.

Una breve definición de Dios

Durante la Feria del Libro de Buenos Aires, en 1995, conocí a un joven escritor llamado Gabriel Rugiero. Un día salimos juntos a comer con unos amigos, entre los cuales había algunos que no creían en el mundo espiritual.

Unas copas de vino más tarde, una de estas personas retó a Gabriel a que definiera a Dios.

No se puede definir, dijo él. Pero yo diría que Dios es la poesía que dio origen a los versos. Dios es una linterna perdida que, poco a poco, hace que más y más personas se preocupen de buscarla.

La visita del ángel

El Verba Seniorum, una colección de textos sobre los monjes que vivían en el desierto a principios de la era cristiana, cuenta la historia de un ermitaño que consiguió pasar un año comiendo apenas una vez a la semana.

Después de tan gran esfuerzo, le pidió a Dios que le revelase el significado de determinado pasaje bíblico.

No oyó respuesta alguna. “¡El tiempo que he malgastado!”, se lamentó el monje. “¡Hice este sacrificio y Dios no me responde! Mejor será salir de aquí y encontrar a otro monje que conozca el significado de este texto”.

En aquel momento se le apareció un ángel.

Los doce meses de ayuno solo te sirvieron para creerte mejor que los demás, y Dios no escucha a los vanidosos. Pero cuando fuiste humilde y pensaste en pedir ayuda al prójimo, Dios me envió a ti.

Y el ángel reveló al monje aquello que quería saber.

Fuente: http://www.larevista.ec

23
January
2012

LA VERDADERA HUMILDAD0


Paulo Coelho

Una cosa debe quedar bien clara para todos nosotros: no podemos confundir humildad con falsa modestia o con servilismo. Como dice Castañeda, un guerrero no dobla su cabeza ante nadie, pero tampoco permite que nadie se humille ante él. A continuación, relato algunas historias sobre el lado positivo de la humildad.

El cielo y el infierno

Un samurái violento, con fama de provocar peleas sin motivo, llegó a las puertas del monasterio zen y pidió para hablar con el maestro.

Sin titubear, Ryokan fue a su encuentro.
-Dicen que la inteligencia es más poderosa que la fuerza -comentó el samurái. -¿Conseguiría usted explicarme lo que es el cielo y el infierno?
Ryokan permaneció callado.
- ¿Ha visto? –rugió el samurái. –Yo conseguiría explicar eso con mucha facilidad: para mostrar lo que es el infierno, basta dar una paliza a alguien.
Para mostrar lo que es el cielo, basta dejar a una persona huir, después de haberla amenazado mucho.
- No discuto con gente estúpida como tú –comentó el maestro zen.
La sangre del samurái se le subió a la cabeza. Su mente quedó enturbiada de odio.
- Esto es infierno –dijo Ryokan, sonriendo. –Dejarse provocar por tonterías.
El guerrero quedó desconcertado por el valor del monje, y se tranquilizó.
- Esto es el cielo –terminó Ryokan, invitándolo a entrar. – No aceptar provocaciones tontas.

La piedra que falta

Uno de los grandes monumentos de la ciudad de Kyoto es un jardín zen, una superficie de arena que contiene quince rocas.
El jardín original tenía dieciséis rocas. Cuenta la leyenda que, tan pronto como el jardinero terminó su obra, llamó al emperador para contemplarla.
- ¡Magnífico! –dijo el emperador. –Es el más hermoso del Japón. Y esta es la más bella roca del jardín.
Inmediatamente el jardinero sacó del jardín la piedra que el emperador tanto  había apreciado, y la tiró.
Ahora el jardín está perfecto –dijo al emperador. –No existe nada que sobresalga, y así puede ser visto en toda su armonía.

“Un jardín, como la vida, tiene que ser visto en su totalidad. Si nos detenemos en la belleza de un detalle, todo el resto parecerá feo”.

Fuente: http://www.larevista.ec

15
January
2012

DOS HISTORIAS REALES: SOLIDARIDAD Y APARIENCIAS0


Paulo Coelho

Estaba saliendo de la iglesia de Saint Patrick (Nueva York), cuando un muchacho brasileño se acercó.

-¡Qué bien que lo encuentro aquí! –dijo, sonriendo– Me hacía mucha falta hablar con usted.

A mí también me gustó ese encuentro con un desconocido. Lo invité a tomar un café, le conté lo aburrido que había sido mi viaje a Denver, y le sugerí que fuese a Harlem el domingo para presenciar cierto servicio religioso.

El muchacho, que debía de tener poco más de veinte años, me escuchaba sin decir palabra.

Yo continué hablando. Dije que acababa de leer un libro de ficción sobre un grupo terrorista que toma por asalto la iglesia de Saint Patrick, y el escritor describía tan bien el escenario, que me llamó la atención sobre muchas cosas que jamás había visto en mis visitas al local. Era por esa razón que había decidido pasar por allí aquella mañana.

Estuvimos casi una hora juntos y luego nos despedimos. Le deseé un estupendo viaje.

–Gracias –me dijo, alejándose.

Pero me di cuenta de que sus ojos estaban tristes; algo había salido mal, y yo no sabía exactamente qué. Solo después descubrí que él se había acercado a mí diciendo que tenía mucha necesidad de hablar conmigo.

El tiempo que pasamos juntos asumí el control de la situación. En ningún momento llegué a preguntarle qué quería; con la intención de resultar simpático, ocupé todos los espacios, no permití ningún momento de silencio, a partir del cual el chico podría finalmente haber transformado el monólogo en un diálogo.

Tal vez tuviese algo muy importante que compartir conmigo. Tal vez, si en aquel momento yo estuviese realmente abierto a la vida, yo también tendría algo que darle al muchacho. Tal vez, tanto mi vida como la de aquel joven habrían cambiado radicalmente después de aquel encuentro. Nunca lo sabré, y no me torturaré por el hecho de que no supe aprovechar ese momento mágico. Es normal equivocarse.

Desde entonces, procuro mantener viva en la memoria la escena de mi despedida; como no supe recibir lo que me estaba destinado, tampoco conseguí, pese a mi esfuerzo, dar lo que yo quería.

En el Puesto Seis

El padre José Roberto, de la Iglesia de la Resurrección (Río de Janeiro), salía una mañana cuando su coche se vio rodeado por tres adolescentes.

–Nos hemos pasado toda la noche despiertos –dijo uno, con tono desafiante–. ¿Se puede imaginar dónde hemos estado?

José Roberto eligió no responder.

Se imaginó lo que quiere decir pasar una noche despierto a aquella edad, sintió miedo por los riesgos que los chicos debían haber corrido, pensó en la preocupación de sus padres.

El adolescente que había iniciado la conversación acabó respondiendo a su propia pregunta:

–Nos quedamos en la iglesia de Nuestra Señora de Copacabana, adorando a la Virgen. Salimos de allí tan eufóricos, que vinimos caminando hasta aquí (unos tres kilómetros), cantando alto, riendo, hablando con todo el mundo. Al menos una de las personas nos preguntó: “¿Cómo no os da vergüenza estar borrachos a estas horas de la mañana, con los jóvenes que sois?”.

El padre arrancó su coche. Por el camino, se preguntaba: “También me he dejado llevar por las apariencias, y he cometido una injusticia en mi corazón. ¿Acaso algún humano acabará comprendiendo la frase de Jesús: no juzgues si no quieres ser juzgado?”.

Fuente: http://www.larevista.ec