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CRECIMIENTO PERSONAL



CUÁL ES EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO

 

 

Daniel Colombo

 

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.” La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

 

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y sus penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía.

 

Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque en crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. (Albert Einstein)

 

 

Algunas veces, frente a situaciones verdaderamente desafiantes, sobre todo en el plano de la salud, me he preguntado, y he escuchado a miles de personas preguntarse: ¿por qué a mí?

 

La respuesta me la dio Mónica, hoy una amiga, antes mi psicóloga, que me llevó de a poco a transformar esa inquisidora pesadilla mental en “¿por qué no a mí?”. Parece fácil, sin embargo, tuve que atravesar años para darme cuenta. Es un momento en el que haces clic y todo parece despejarse.

 

¿A cuántos de ustedes les ha ocurrido lo mismo, en cualquier aspecto de la vida? Seguramente, hubo circunstancias externas –y con una gran influencia de nuestros pensamientos negativos, o al menos, cargados de una energía no tan favorable en aquel momento– que nos marcaron y nos desafiaron. Y, sin embargo, aquí estamos.

 

A veces, el dolor físico –por ejemplo, a través de enfermedades–; psíquico –el que viene de pensamientos recurrentes y fantasmas–; emocionales –los que devienen de la dificultad que podemos tener para perdonar, dejar ir la culpa y el resentimiento–, y de cualquier otro tipo, son grandes maestros.

 

Quizás podemos convenir en que los grandes saltos de crecimiento en nuestra vida (apenas “un soplo en la eternidad”, como ha definido este paso por el planeta tierra más de un pensador) han venido de la mano de grandes dosis de sufrimientos y experiencias dolorosas. De cualquier forma en que se hayan manifestado.

 

Los seres humanos somos extremadamente sutiles en muchos casos. Es por eso que no necesariamente llegamos a manifestar el sufrimiento en enfermedades, depresión, adicciones o, incluso, atentando contra nuestra propia vida en muchos casos que conozco, sino que nos autoboicoteamos.

 

Esa mirada censuradora del verdadero Ser, ese inmutable que habita dentro nuestro y que conforma lo que verdaderamente está en la esencia de cada persona, muchas veces se rebela y se manifiesta, caprichosa y constante, en una actitud adolescente que revela (acá, con v corta) nuestra propia insatisfacción sobre cómo estamos viviendo.

 

¿Te pasó alguna vez que quisiste tener el poder de desaparecer, o de teletransportarte como en aquella serie y película Viaje a las estrellas a algún lugar que –soñamos– puede ser el paraíso? Sin embargo, casi al instante, si tenemos la facilidad de la introspección, miramos hacia dentro y nos damos cuenta (se nos revela) de que escapar no conduce a nada. Apenas puede maquillar el dolor o el sufrimiento.

 

En busca de sentido

Un libro verdaderamente transformador es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, creador de una corriente de análisis llamada logoterapia. Frankl, que estuvo muchos años en los campos de concentración, perdió a su familia –mujer, hijos y muchos amigos– en aquella horrorosa situación. Sin embargo, más allá de lo que cualquiera pudiese pensar, se enfocó en cómo sacar provecho de esa cruenta vivencia.

 

Es así que, mentalmente –ya que estaba imposibilitado de hacerlo de otro modo– fue repasando las conductas de sus compañeros, y la suya propia, analizando en detalle con su ojo clínico los comportamientos que llevaban a que algunas personas sobrevivieran al horror, y otros no. Y cayó en la cuenta de que aquellos que más alegres estaban, que, por ejemplo, le ponían canciones a sus días aciagos o visualizaban un punto de luz blanca y pura que los rodeaba y los protegía, tenían mayores chances de seguir con vida.

 

La historia demostró –y el mismo Frankl lo relata en sus libros– que no todos salieron con vida; como no todos los afectados por enfermedades que comprometen seriamente la salud se recuperan. Sin embargo, una gran parte de ellos tuvieron un período más feliz, pleno y verdadero que los demás, ahogados en el dolor, la desesperación y la falta de esperanza.

 

¿Esperanza o fe?

Desde mi perspectiva, y sin querer sonar dogmático con esto –seguramente hay tantas opiniones como narices al respecto: cada uno de nosotros tenemos una–, hay una gran diferencia entre la esperanza y la fe.

 

La fe la interpreto como un acto donde entregamos lo que sea (el dolor, sufrimiento, una situación, el curso de la vida) a una fuente superior, y se lo damos en consignación para que se haga su voluntad.

 

La esperanza implica, además de fe, un inquebrantable trabajo interno de seguir levantándonos, pese a todo. Es, en cierto modo, adueñarnos del poder que reside dentro de nosotros, explorarlo, sacarle lustre, y utilizarlo casi como un escudo protector para atravesar cualquier desafío que se presente. Incluso aquel más desmoralizante y fuerte que nos toque vivir.

 

El maestro espiritual John Roger señala reiteradamente en sus libros y materiales de estudio: “No se te da nada que no puedas manejar”. No es un concepto nuevo; está en la Biblia y otras sagradas escrituras de prácticamente todas las religiones. Y esta frase, corta y potente, muchas veces funciona como un recordatorio de que las cosas que nos tocan vivir y atravesar vienen a enseñarnos algo. Son peldaños para crecer y avanzar.

 

¿Cómo lo vamos a hacer? Depende exclusivamente de nuestra actitud. Podemos pasar por ese puente movedizo llorando, o quizás, concientemente, hasta con lágrimas si es necesario, dar un paso tras otro, hasta haberlo cruzado. Cuando llegamos al otro lado, miramos hacia atrás, con compasión (con-pasión) por nosotros mismos, y nos reconocemos, amamos y aceptamos por haber dado ese gran salto en nuestra experiencia humana. Y seguramente –como también debes haber experimentado alguna vez– nuestra vida ya no será la misma. Es por eso que recordamos estos hitos con fechas y todo detalle.

 

Algún desprevenido dirá que somos masoquistas: que queremos acordarnos siempre del dolor. Sin embargo –tal vez coincidas en esto– se trata, ni más ni menos, que de tener bien alto y claro un fuerte punto de referencia para, desde ahí, proyectarnos hacia lo que sigue, sea cual fuere el curso que se nos regala en esta bendición que es estar vivos.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

LA ESCLAVITUD DE LA DESHONESTIDAD

 

 

David Fischman

 

Imagine que usted es ejecutivo de ventas de una empresa. Cada día debe visitar a cinco clientes. Ha visitado cuatro y está cansado. Quisiera ir a descansar con su esposa e hijos. Finalmente, decide reprogramar su última cita, con el cliente A y se va a su casa.

Al día siguiente tiene dos alternativas: entrega su reporte donde figura que visitó sólo a cuatro clientes y ofrece una explicación honesta, o declara que visitó a cinco clientes e inventa los datos de A. Para su jefe es vital que los ejecutivos de ventas cumplan su plan del día. ¿Qué decisión tomaría?

Usted decide inventar los datos, total es sólo un informe. A los dos días lo llama su jefe y le dice que ha escuchado que el cliente A hará una compra importante y le pide que le cuente cómo fue su entrevista ¿Qué haría? ¿Le dice la verdad o inventa el episodio?

Usted decide inventar una conversación inexistente sobre las posibles compras de A. Termina la reunión un poco asustado, pero pensando que ya pasó lo peor. Al día siguiente su jefe decide ir a A con usted para profundizar las conversaciones iniciadas en su cita inicial.  ¿Le dice la verdad?

El caso anterior revela cómo a medida que respondemos ante situaciones cotidianas de forma deshonesta, vamos limitando nuestra propia libertad. El profesor Jonathan Golergant, señala que cada vez que faltamos a la verdad, es más difícil dar marcha atrás y rectificarnos. Creamos las paredes de nuestra propia cárcel, mentira a mentira y terminamos esclavizados por nuestras propias palabras.

Por otro lado, el mundo de los negocios ya es lo suficientemente complejo y demanda tener nuestra memoria sobrecargada de cifras, datos y hechos. ¿Por qué cargarla adicionalmente con hechos inventados que no hemos vivido para justificar nuestras mentiras?

Un alpinista que escalaba una montaña tenía dos caminos para llegar a la cima. Uno largo, lento, seguro, con poca pendiente, y otro inmediato, más empinado y con mucha nieve. Decide tomar el corto, para llegar antes. Pero como la nieve no estaba firme, resbaló al precipicio. Eso mismo le ocurre a los ejecutivos a cada minuto. Enfrentan decisiones para escalar la cima de su desarrollo profesional.

Sin embargo, el terreno de la vida poco íntegra es como la nieve y, en el largo plazo, se derrumba al precipicio.

Además de los robos y sobornos, la deshonestidad se presenta en la empresa de otras formas sutiles: manipular la información mostrando sólo lo bueno o lo malo de un proyecto por conveniencia; hablar mal y generar rechazo hacia alguien que consideramos rival en la empresa, modificar cifras de proyectos; apropiarse de ideas de colegas, u omitir una verdad que por responsabilidad debemos comunicar.

Un jefe de personal llama a un nuevo empleado y le dice: Tú, ¿qué creíste, que te saldrías con la tuya? He confirmado tus referencias y no has trabajado en ninguna empresa mencionada en tu curriculum. ¿Creíste que me podías engañar? De ninguna manera, respondió el empleado con seguridad: “Sólo estaba mostrando mis verdaderas capacidades. En el aviso que publicó  solicitando personal decía que ustedes buscaban personas con excelente imaginación”. (The manager’s intelligent report)

Usemos nuestra creatividad e ingenio para encontrar nuevos caminos, no para justificar aquellos que tomamos desviados de nuestros valores.

 

Fuente: https://www.effectusfischman.com

CÓMO AFRONTAR Y SUPERAR LAS MALAS RACHAS

 

 

Laura Posada

 

Ojalá los problemas vinieran de uno en uno, en orden, para poder afrontarlos y resolverlos sin tanta presión. O que no vinieran en absoluto. Eso sería mucho mejor, pero bastante improbable, por no decir imposible. Así que volvamos a la realidad, ¿se han dado cuenta de que hay etapas en la vida en las que llegan todos los problemas de un solo golpe? Y me refiero a problema serios: una infidelidad que causa un divorcio; tener que separarte de tus hijos; una enfermedad grave, y todo al mismo tiempo. Sentimos que el mundo se nos viene encima y que ya no podemos con un solo problema más. ¿Qué se puede hacer?

Convertir el círculo vicioso en un círculo virtuoso: Es difícil de asimilar que es posible que estemos atrayendo todas esas cosas malas con nuestra propia mente. Pero aceptémoslo por un momento y empecemos a hacer visualizaciones para atraer cosas positivas. Sé persistente, porque en realidad sí funciona.

Centrarte en las cosas que sí puedes controlar: Hay cosas que no puedes cambiar o controlar, por más que lo desees. ¿Para qué perder tiempo en ellas? Invierte tu energía y esfuerzo en lo que sí puedes cambiar, empezando por ti misma. ¿No te sientes feliz con lo que eres o tienes en este momento? Analiza qué aspectos debes modificar y empieza a dar pequeños pasos en esa dirección.

Comprometerte con tu propio bienestar físico y mental: Siempre recomiendo el ejercicio porque considero que es uno de los grandes remedios para los malestares físicos y mentales también. Una buena alimentación también es esencial. No te descuides, necesitas estar muy fuerte y de buen ánimo para afrontar lo que venga.

Piensa que, por mala que sea la situación que estás viviendo ahora, es algo temporal: El tiempo lo cura todo, absolutamente todo. Esto es algo que siempre debes mantener en mente. Tienes que tener fe en que vendrán tiempos mejores, y puede que con esa fe, los tiempos mejores se adelanten.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

LOS BENEFICIOS PARA TU CEREBRO CUANDO HABLAS OTRO IDIOMA

 

 

Eli Bravo

 

En ocasiones mis hijas no aguantan la risa cuando les hablo en inglés. Las frases pueden ser correctas, pero el acento está allí. Diecisiete años en Estados Unidos no han borrado este tumbao hispano que de alguna forma es denominación de origen. Si lo intento en francés el asunto es de carcajadas y no logro expresarme con claridad. Definitivamente mi idioma materno es el español, la lengua que hablamos en casa y la primera que aprendieron mis niñas. Pero cuando tengo que explicarles algo y quiero asegurarme de que entiendan I´ll better do it in english. Para ellas el idioma de sus padres no es el de los amigos y la escuela. Es natural.

 

Quizás de los mejores regalos que hemos dejado a nuestras hijas son los tres idiomas que hoy dominan. Ser trilingües no solo expande sus horizontes sino que también estimula sus cerebros. Y ni hablar del universo de películas, libros y programa de televisión que tienen por delante.

 

 

Cada año nuevos estudios certifican los beneficios mentales de hablar más de un idioma. Por ejemplo, los niños bilingües suelen ser mejores a la hora de resolver problemas prácticos y encontrar soluciones creativas. Una de las razones sería la capacidad que han desarrollado para saltar de una gramática a otra, lo cual posiblemente les desarrolla otras áreas del pensamiento.

 

Esta capacidad también les permite cambiar tareas con facilidad y mantener la atención. Incluso se cree que más adelante les ayudará a elaborar estrategias efectivas y organizar planes de acción. Considéralo en el plano laboral: hablar varios idiomas es sin duda una ventaja competitiva que suele traducirse en mejor remuneración.

 

Otros estudios indica las personas bilingües son más eficientes en la toma de decisiones. ¿Por qué? Al pensar en un problema en un idioma que no es el materno existe la posibilidad de distanciarse y bajarle el volumen a las emociones. Si bien escuchar la intuición es necesario para desarrollar la creatividad, a la hora de elegir conviene invitar a la razón al diálogo interno para considerar las alternativas. Y aparentemente esto funciona mejor cuando pensamos en el problema en otro idioma.

 

Para los adultos los beneficios podrían ser un retraso en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y un mantenimiento de las capacidades cognitivas. Hablar varias lenguas termina siendo una especie de gimnasia mental, algo que siempre le cae muy bien al cerebro. Incluso se ha encontrado que existe una mayor flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de fluir con las circunstancias inesperadas y adaptarse al cambio.

 

What do you think? ¿N’est-ce pas incroyable?

 

Pero más allá de los estudios, hablar otro idioma es un placer a la hora de conversar: nos abre nuevas ventanas y nos permite saborear otras culturas. Sea en un viaje, a través de un libro o con una película, la vida adquiere una dimensión más fascinante.

 

Cuando mis hijas se burlan cariñosamente de mi acento pienso en los padres inmigrantes de mis amigos de la infancia. Esos portugueses, italianos y libaneses que tras décadas en Venezuela mantenían un aire de su tierra en cada palabra. Ahora entiendo que allí había una huella del pasado, pero además, una identidad y un vínculo a los primeros afectos.

 

Estos nuevos idiomas ya son parte de mi vida, y si bien suelo soñar en español, cada vez más aparecen diálogos en inglés y de vez en cuando suelto algo en francés. En la mañana no recuerdo si logré corregir el acento, pero sí me maravillo con la capacidad de aprendizaje que tenemos los humanos.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

SIN ATAJOS

 

 

Yehudá Berg

 

Imagina que estás en un supermercado. ¿Cuál fila tomarías: la fila más larga con un cajero recién contratado registrando el precio de cada producto de forma lenta y cuidadosa, o la fila más corta con el cajero veterano que atiende a cada comprador con rapidez? Sin importar de cuánto tiempo dispongas, probablemente escogerías la fila más corta. La mayoría de nosotros lo haríamos.

Forma parte de la naturaleza humana sopesar nuestras opciones y escoger la ruta más rápida para llegar de un punto “A” a un punto “B”. Nos gustan los atajos. Queremos hacer lo que es más fácil y nos sentimos engañados o como tontos si no podemos encontrar una salida rápida. Cuando avanzamos sin sobresaltos y con éxito al atravesar nuestros obstáculos, sentimos que estamos venciendo el sistema. Miramos atrás a aquellos que aún “están en la fila” y tenemos la sensación de que hemos triunfado en la vida.

Sin embargo, los kabbalistas enseñan que los obstáculos son imperativos en nuestro crecimiento espiritual. Al evitarlos, en realidad estamos evitando todo aquello que funcionaría como catalizador para la transformación o como un canal para traer más Luz al mundo.

La verdad es que, sin importar cuán hábil seas en encontrar la salida fácil y rápida de una situación, es cierto que de vez en cuando nos quedamos atascados. Y cuando esto ocurre, nos corresponde aceptar los obstáculos en lugar de evitarlos. Michael Berg dice que los obstáculos aparecen por una razón, y agrega: “No vinimos a este mundo sólo para evadir las trabas y los desafíos. Se supone que hagamos el esfuerzo cuando las cosas se vuelven difíciles. Y no habrá apertura a menos que afrontemos los desafíos”.

¿Qué pasaría si cada vez que encontramos un obstáculo en nuestro camino cambiáramos de dirección? Nunca llegaríamos a ningún lado en la vida. Simplemente divagaríamos sin nunca alcanzar nada realmente. Aunque la vida es impredecible, siempre podemos contar con que surgirán obstáculos. Los desafíos son el medio por el cual nos volvemos más fuertes y nos conectamos más que antes con la Luz. Se requiere de conciencia para no ver el statu quo como un triunfo, sino como un camino fácil hacia una vida sin crecimiento.

Michael Berg nos recuerda: “Cuando esquivamos el desafío de hoy, encontraremos uno diferente la siguiente semana, pero la oportunidad de esta semana ya se habrá perdido”. Podemos encontrar una cantidad enorme de Luz dentro de cada desafío. Mientras más grande sea el desafío, más grande será la Luz que podemos revelar de él. Asimismo, puede que a veces sintamos que para revelar Luz debemos superar el obstáculo; pero en realidad nos volvemos más fuertes, internalizamos las lecciones y encontramos claridad con simplemente escoger enfrentar el desafío en sí.

No siempre se trata acerca de vencer el desafío, sino de cuánto podemos crecer con sólo enfrentarlo. Es así como revelamos Luz mediante un desafío.

Los kabbalistas enseñan que cada obstáculo en la vida es un regalo del Creador. Detente y honra cada oportunidad para cambiar preguntando cuál es la lección que el Creador quiere que aprendas. A veces, el desafío más grande de todos es enfrentar los obstáculos con una actitud diferente, una que no vea un obstáculo en lo absoluto, sino que más bien vea una oportunidad.

 

Fuente: http://es.kabbalah.com

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