15
August
2010

¿QUÉ PIENSAN DE TÍ LOS DEMÁS?0

Aunque por el título parezca lo contrario, no vamos a decirte cómo te ven los que te rodean. Pero no dejes aún de leer, porque si este pequeño truco para atraer tu atención ha funcionado, seguro que lo que viene a continuación te
interesará aún más.

Vamos a enseñarte cómo superar las ataduras impuestas por la opinión que los demás tienen de ti.

Un hombre declara ante su suegro que cree firmemente en la eutanasia. Cuando advierte que éste arruga el cejo, cambia de opinión: “Lo que quise decir es que si una persona está absolutamente consciente y en posesión de todas sus facultades y pide que lo maten, entonces la eutanasia está bien.” Cuando el suegro muestra su aprobación, el hombre respira tranquilo. Ante su jefe obtuvo a la misma cuestión una reacción violenta, vociferante, y su reacción fue también más drástica: “Lo que quise decir es que, sólo en casos extremos, cuando el enfermo ha sido declarado legalmente muerto, entonces me parece bien que se le desenchufe”, lo que le valió de nuevo la aprobación del prójimo. Cuando su hermano le mostró de inmediato su aprobación ante esta cuestión, se alegró de no tener que cambiar siquiera de opinión para gozar de su aprobación.

Este ejemplo, relatado por el Dr. Wayne W. Dyer en su libro “Tus zonas erróneas” ilustra el problema que surge cuando el deseo de obtener la aprobación de una persona se convierte en una necesidad.

En realidad es normal que nos interesemos por la opinión que inspiramos en los demás. De no ser así, no podríamos integrarnos en un grupo ni, mucho menos, en una sociedad. El problema surge a partir del momento en que esta lógica preocupación nos suponga una limitación, una atadura que nos impone unos determinados actos o nos impida otros. Porque entonces nos estará haciendo avanzar en el camino de la frustración.

Puede suponer un problema el necesitar la aprobación de una persona para aquello que hacemos. En ese caso, no ser capaz de alcanzar esa aprobación puede paralizarnos, siquiera levemente, en nuestras actividades. Pero el problema será aún mayor si lo que necesitamos es el apoyo de todo el mundo. Entonces, la frustración está garantizada. Sin embargo el mayor problema que deriva de esta forma de ser no es tanto las continuas frustraciones que produce, sino la falta de personalidad. La persona deja de ser ella misma para convertirse en las opiniones que los demás tengan de ella, para convertirse en lo que los demás quieren que sea.

Siempre es más fácil cambiar de opinión y ceder, o dar la razón a una cuestión que nos desagrada, que enfrentarse a la desaprobación y el rechazo.

¿QUÉ CONDUCE A ESTE COMPORTAMIENTO?

La mayoría de estos casos provienen de una infancia en que no se ha fomentado la autoconfianza suficientemente. Buscar la aprobación de los padres para todo lo que hace, puede ser una muestra de que el niño no ha recibido la confianza de sus padres en el orden de poder elegir su camino, de tomar sus decisiones y escoger sus opciones. Esto sucede cuando los padres no dejan al niño pensar ni sentir, sino que debe hacerlo en la forma como lo harían ellos. No se le permite, como suele ser su deseo, ponerse solo el abrigo, atarse los cordones, elegir su ropa o su comida. Todo esto ayuda a educar al niño en la forma de obtener el beneplácito de los demás, en el comportamiento socialmente aceptado que nos hace dependientes de la sociedad.

Pedir permiso para ir al lavabo, sentarse en la silla que se ha indicado, vestir un uniforme, comprar una libreta de cuadros con margen, escribir con bolígrafo azul, no escribir con letras de imprenta ni en mayúsculas… Todo en la escuela es un adiestramiento a la obediencia, a la búsqueda de la aprobación, a no pensar por uno mismo. Siempre tendente a buscar la aprobación de los profesores y en especial del director. Aprobación medida regularmente por la cartilla de calificaciones. Compórtate como desean los profesores, estudiando lo que te dicen y como lo dicen, y serás un triunfador. Y también un dependiente de la aprobación.

Todos los ciclos formativos son similares, incluso la Universidad. Estudiar estos textos, estos apuntes, hacer los trabajos de esta forma con estos márgenes y esta separación entre líneas. Cuando finalmente un profesor concede libertad para estudiar, o permite elegir el tema aún bajo su tutela, cunde el pánico. ¿Qué libros deben leerse?, ¿Cuántos?, ¿Para cuándo?, ¿De qué extensión?, ¿Qué preguntará en los exámenes?

Otras instituciones fomentan también este comportamiento. Las Iglesias y religiones, con su anhelo de aprobación del ser supremo y el castigo al pecado: ser la vergüenza del grupo. El estado, cobrándonos los impuestos de nuestros sueldos, obligándonos a tener Seguridad Social, asesorándonos en la Declaración de Hacienda. Las leyes nos dicen todo lo que tenemos que hacer y cómo hacerlo. Existen normas, reglamentos y directivas acerca de todo. Las letras de la música, los argumentos de las películas, los anuncios de televisión, todo en nuestra cultura sigue el principio de fomentar la búsqueda de la aprobación ajena, para luego utilizarla: se nos vende el coche que hará que nos miren con aprobación, la ropa que nos hará aceptados, el refresco que nos hará populares.

Cómo superar las ataduras impuestas por la opinión que los demás tienen de ti.

COMPORTAMIENTOS DE BÚSQUEDA DE APROBACIÓN

* Cambiar de postura o de manera de pensar porque alguien da muestras de desaprobación.
* Suavizar un comentario o declaración para evitar reacciones de desagrado.
* Adular a tu interlocutor para que te quiera.
* Sentirte deprimido o angustiado cuando alguien no está de acuerdo contigo.
* Sentirte insultado o humillado cuando alguien hace un comentario o declara una opinión contraria a al tuya.
* Decir que la otra persona es una “snob” o un “engreído” lo que es simplemente otra manera de decir “Préstame más atención”
* Ser excesivamente amable y adulador aunque estés en desacuerdo con lo que se dice.
* Hacer cosas para otra persona y sentir resentimiento porque no te atreviste a decirle que no.
* Sentirte intimidado por un vendedor agresivo y comprar algo que no te gusta o no quieres… o… tener miedo de devolverle alguna mercancía porque le disgustará y no te querrá.
* En un restaurante, comerte un trozo de carne que no está hecho como lo pediste porque no le caerás simpático al camarero si lo devuelves.
* Decir cosas que no piensas nada más que para evitar que la gente no te quiera.
* Propagar noticias de muertes, divorcios, asaltos y cosas por el estilo y disfrutar de la atención que por ello recibes.
* Pedir permiso para hablar, o para comprar algo, o hacer cualquier cosa, a una persona importante en tu vida porque temes su desagrado.
* Pedir excusas continuamente -los excesivos “lo siento” y “perdón” que están destinados a hacer que los demás te perdonen y te aprueben constantemente.
* Comportarte de una manera inconformista a fin de llamar la atención, lo que equivale al mismo tipo de neurosis que conformarse para lograra la aprobación externa. De este modo, usar zapatillas de tenis con un smoking o comerse el puré de patatas con las manos para llamar la atención son otras formas de buscar aprobación.
* Llegar invariablemente tarde en todas las ocasiones, en forma patológica de modo que te tengan que notar es también un truco del comportamiento de búsqueda de aprobación con el que logras llamar la atención de todo el mundo. Puede que lo hagas por una necesidad de sentir que te distingan y en consecuencia estás bajo el control de los que prestan atención a tus impuntualidades.
* Tratar de impresionar a los demás con tus conocimientos de algo que ignoras “pretendiendo” saberlo.
Solicitando el halago de una manera indirecta esperando la aprobación de la gente y sintiéndote mal cuando no lo consigues.
* Sentirte infeliz porque alguien que tú aprecias tiene una opinión contraria a la tuya y te la expresa.

SOLUCIONANDO EL PROBLEMA

Lo más importante es mentalizarse de que es imposible estar de acuerdo con todo el mundo. Piensa que digas lo que digas al menos la mitad de la gente estará en contra de tu opinión. Entonces, cuando alguien no esté de acuerdo contigo, piensa que es una de esas personas. Cuando comprendas y esperes la posibilidad de crítica, dejarás de interpretarla como una ofensa personal, y comprenderás que estar en desacuerdo con tu opinión no significa un rechazo a tu persona. Esta es siempre la base de toda acción para superar el problema, pero existen también otras estrategias o trucos para corregirlo:

Resulta irónico, pero lo cierto es que la gente que parece conseguir mayor cantidad de es precisamente la que nunca la busca, que no la desea y a la que menos le preocupa conseguirla. Por supuesto que nadie conseguirá nunca la aprobación de todo el mundo por todo lo que hace, pero al valorar la propia opinión y por ende a uno mismo, dejará de preocuparse y deprimirse por no obtener la aprobación de los demás.

Formula las objeciones con el sujeto “tú”, declarando y comprendiendo siempre que la desaprobación le pertenece a tu interlocutor y no a ti. De esta forma evitas pensar con “yo”, es decir, suponiéndote en la necesidad de defenderte y modificar tu opinión para lograr la aprobación de los demás.

Busca intencionadamente la desaprobación de los demás, tocando temas en que les sabes contrarios a ti. De esa forma te acostumbrarás a enfrentarte conscientemente a su falta de aprobación y ampliarás tu repertorio de recursos para superarlo sin necesidad de complacerlo a tu costa.

Ignora, simple y definitivamente, las muestras de desaprobación de los demás. Así te demostrarás que tu opinión acerca de ti mismo es más importante que la de los demás, y no te dejarás influir por ella.

Pregúntate si las cosas te irían mejor si todos estuvieran de acuerdo contigo. Piensa que lo que los demás opinen sólo tiene efecto sobre ti si tú permites que así sea.

Piensa que tu opinión puede ser acertada aunque no goce del consenso de todos, o de nadie más. Y piensa también que la opinión más extendida puede ser, lo ha hecho con frecuencia, la más equivocada. Así las cosas, ¿por qué discutir para convencer a nadie de lo acertado de tu opinión?

Acostúmbrate a comprar sólo tu ropa y otros objetos, sin depender de la opinión de otros para garantizarte así su aprobación. Viste como te gusta, y que no te importe la opinión ajena.

No busques en la ratificación de otros un seguro para tu aprobación, con frases como: “¿no es cierto, Carlos?” o “pregúntaselo a Luis”.

Fíjate en una conversación, en el tiempo que estás hablando tú y el que los demás acaparan la conversación. Lucha contigo mismo por no ser el que menos habla y por no hacerlo sólo cuando se solicita tu opinión. También puedes fijarte en cuántas veces te dejas interrumpir por los demás y cuántas veces cedes tú cuando hablas al mismo tiempo que otra persona.

Evita hablar siempre con preguntas, buscando de esa forma la aprobación al delegar en el otro la responsabilidad de la afirmación. No digas “Hace buen día, ¿verdad?” sino “¡qué buen día hace!”. En conclusión, la aprobación es una gran cosa, y es muy agradable sentirse aceptado. Nada tiene de malo pretender ser aceptado por la gente y de esa forma estar integrado en el grupo o la sociedad. El problema surge cuando este deseo se convierte en una necesidad, y no lograrla resulta doloroso. Vencer este problema resulta muy difícil porque es algo que nos ha sido inculcado desde nuestro mismo nacimiento. Estos pequeños ejercicios pueden ayudarnos a empezar a vencerlo, pero sólo lo harán con la práctica. De nada sirve leerlo y estar de acuerdo. Su utilidad sólo será real cuando los apliquemos a nuestra vida cotidiana.

Fuente: http://www.circuloaleph.com

12
August
2010

SER MÁS ASERTIVOS0

Katherine Villavicencio

Es una búsqueda de equilibrio en nuestras acciones. Saber decir no, expresar nuestro criterio y que este sea respetado, con amabilidad y sin sentir culpa. La asertividad está unida a la autoestima, al autoconocimiento y ayuda a mejorar la comunicación.

Pasa con frecuencia y nadie está exento de ello. Decimos sí cuando en realidad quisiéramos decir no; asumimos una carga que pudiéramos haber dejado en el camino sin remordimientos; permitimos que un criterio se superponga al nuestro, cuando hubiésemos querido expresar a gritos lo contrario.

La asertividad es una manera de hacerle frente a todo ello. O  en realidad de hacernos frente a nosotros mismos para actuar como en realidad deseamos. El término se ha popularizado en los últimos tiempos como parte de las habilidades sociales que el ser humano desarrolla a nivel personal, familiar o laboral. Pero va más allá.

“Se trata de una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar (al otro)…”, explica el psicólogo Samuel Merlano.
Y para hacerlo se actúa desde un estado interior de autoconfianza, que deja de lado esos sentimientos emocionales como la  ansiedad, la culpa o agresividad.

Una persona asertiva, explica Janeth Campoverde, licenciada en comunicación social con una maestría en comunicación corporativa, es aquella que puede defender sus criterios porque tiene pleno conocimiento de sí mismo.

“En muchas ocasiones estamos  acostumbrados a satisfacer a las demás personas, por no hacerlas sentir mal. La persona asertiva sabe que puede satisfacer, pero hay ocasiones en las que no puede hacerlo y tiene la libertad de decirlo defendiendo sus posturas, sin sentirse mal”, señala ella.

Asertividad proviene del latín “aserto” que significa afirmar, sostener y dar por asentada una cosa. Y se aplica en todos los planos porque es parte de las relaciones interpersonales.

Olga Castanyer, en su libro La asertividad, expresión de una sana autoestima, la sitúa como una habilidad estrechamente ligada al respeto y al cariño por uno mismo y, por ende, a los demás.

No se trata, señala la autora, de ganar siempre o quedar por encima del otro. La idea es mejorar las relaciones y contribuir también a aumentar la autoestima.

“La asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás”, indica.

Es un proceso ligado. Para tener una sana autoestima es primordial que la persona se conozca y esté convencida de sus habilidades y debilidades. “Cuando yo conozco mis habilidades como potencialidades sé en qué puedo mantenerme positivamente y en qué cosas tengo que mejorar. Cuando me conozco comienzo a quererme y creo autoestima y autoconfianza”, indica Janeth Campoverde, quien dicta la cátedra de Comunicación Interpersonal y aborda el tema de la asertividad.

Cita ejemplos. Tal vez alguien no sea bueno para hablar en público, pero lo reconoce y se propone perseverar en esa tarea. “Cuando nos conocemos, nos estimamos, confiamos en nosotros mismos, puedo ser más asertivo. Pero estás presentando a los otros tu criterio con toda la amabilidad y respeto”.

Samuel Merlano indica que con la asertividad, la comunicación es abierta a las opiniones ajenas, dándoles la misma importancia que a las propias. Parte del respeto hacia los demás y hacia uno mismo, y plantea con seguridad lo que se quiere, aceptando que la postura de los demás no tiene por qué coincidir con la propia y evitando los conflictos de forma directa, abierta y honesta.

¿Por qué es importante?
Merlano destaca que aprender a ser asertivos permite decir lo que uno piensa y actuar  haciendo lo que se considera más apropiado para uno mismo. “Defendiendo los propios derechos, intereses o necesidades sin agredir u ofender a nadie, ni permitir ser agredido u ofendido y evitando situaciones que causen ansiedad”, indica él.

Permite ser más tolerantes. Se aceptan los errores, se proponen soluciones factibles sin agresividad, y frena pacíficamente a las personas que atacan verbalmente.

Olga Castanyer explica que parte de la culpa de que no seamos asertivos está en la educación, en los mensajes que nos transmitieron desde pequeños. Tradicionalmente en la sociedad a los hombres y a las mujeres se los ha orientado socialmente de forma diferente: a ellos se les acepta que sean agresivos; de ellas se espera que sean pasivas y sumisas.

“Tanto si somos padres como profesores o tutores de niños tenemos la obligación moral de enseñarles a manejarse bien con las demás personas. La asertividad forma un escudo que protegerá de por vida al niño”.

Enseñarlos a ser asertivos, agrega Janeth Campoverde, parte del ejemplo. Los adultos que van a inculcarlo deben estar convencidos de ello y ser asertivos.
CÓMO VOLVERSE ASERTIVO

• En las relaciones interpersonales, una de las situaciones que se deben cultivar es la comunicación, indica Janeth Campoverde, especialista en comunicación corporativa. Y dentro de ello es clave saber escuchar, hacer un balance de la situación que enfrentamos y comunicar lo que sentimos.

• Pensar antes de expresar lo que queremos decir; si es necesario hacer notas sobre aquello. Eso produce confianza y disminuye la intimidación de los demás.

• Reconocer los errores ayuda a ser asertivos. Permite superar sentimientos de culpabilidad y ansiedad.

Fuente: http://www.larevista.ec

7
August
2010

NO ANHELE… ¡DECIDA!0

Michael Hargrove

Mientras esperaba para recoger a un amigo en el aeropuerto de Portland, Oregon, tuve una de esas experiencias de que uno oye a la gente comentar y que le cambian a uno la vida. Ustedes saben, la clase que nos salta de repente. Bueno, ¡esta tuvo lugar a apenas sesenta centímetros de mí! Esforzándome en ubicar a mi amigo entre los pasajeros desembarcando, observé a un hombre que se dirigía hacia mí llevando dos maletas ligeras. Se detuvo justo frente a mí para saludar a su familia.

Primero, le hizo señas a su hijo menor (quizás de seis años) mientras dejaba caer sus maletas. Se dieron un largo y conmovedor abrazo. Al separarse lo suficiente para verse los rostros, oí al padre decir: “¡Qué bueno es verte, hijo. Te extrañé tanto!” Su hijo sonrió de manera algo tímida, esquivó la mirada y contestó suavemente: “¡Yo también, Papá!”

Entonces el hombre se paró, mirando a su hijo mayor (quizás de 9) y mientras abrazaba el rostro de su hijo con sus manos dijo: “Ya eres un hombrecito. ¡Te amo mucho, Zach!” Ellos también se abrazaron fuertemente. Su hijo no dijo nada. No hacía falta una respuesta.

Mientras esto pasaba, una bebé (quizás de año y medio) se revolvía entusiasmada en los brazos de su madre, sin quitar por un momento sus ojitos de la maravillosa escena de su padre que regresaba. El hombre dijo: “¡Hola, nenita!” mientras tomaba suavemente a la niña de los brazos de su madre. Rápidamente besó su rostro una y otra vez y la abrazó contra su pecho mientras la mecía de un lado para el otro.

La nenita se relajó instantáneamente y simplemente dejó caer su cabeza sobre su hombro y se quedó quieta de puro gozo.

Tras varios momentos, le pasó a su hija a su hijo mayor y declaró: “¡He reservado lo mejor para lo último!” y procedió a darle a su esposa el más largo y apasionado beso que recuerdo haber visto. Él la miró a sus ojos por varios segundos y entonces dijo suavemente: “¡Te quiero tanto!” Se miraron a los ojos mutuamente, sonriéndose el uno al otro mientras se tomaban de las manos. Por un instante, me parecieron recién casados pero sabía por la edad de sus hijos que no podían serlo.

Me maravillé por un momento y entonces me di cuenta cuán totalmente estaba absorto en el hermoso despliegue de amor incondicional a una distancia no mayor de un brazo extendido de mí.  De repente, me sentí incómodo, como si estuviese invadiendo algo sagrado, pero me sorprendí al escuchar mi propia voz preguntar nerviosamente: “¡Wow! ¿Qué tiempo tienen de casados?”

“Hemos estado juntos catorce años por todo y casados los últimos doce”, contestó sin quitar la mirada del rostro de su encantadora esposa.

“Bueno, entonces, ¿por cuánto tiempo han estado separados?” pregunté. El hombre finalmente me miró, todavía manteniendo su jovial sonrisa y me dijo: “¡Dos días completos!”

¿Dos días? ¡Quedé anonadado! Estaba seguro de que por la intensidad del saludo que había presenciado habrían estado separados por al menos varias semanas, sino meses, y sé que mi expresión facial delató mis pensamientos. Así que, de manera casi casual y deseando terminar mi intromisión con alguna semblanza de gracia (y volver a buscar a mi amigo), le dije: “¡Espero que mi matrimonio se mantenga tan apasionado después de doce años!”

El hombre repentinamente dejó de sonreír. Me miró directo a los ojos, y con una intensidad que me quemó hasta el alma, me dijo algo que me dejó como una persona diferente. Él me dijo: “No lo anhele, amigo… decídalo”. Entonces mostró nuevamente su maravillosa sonrisa, estrechó mi mano y dijo: “¡Que Dios lo bendiga!” Con eso, él y su familia se voltearon y se alejaron juntos rápidamente.

Todavía observaba a aquel hombre especial y su excepcional familia alejarse de mi vista cuando mi amigo se me acercó y preguntó: “¿Qué es lo que estás mirando?” Sin dudar un instante y con un curioso sentido de certeza le contesté: “¡Mi futuro!”

Colaboración de Roberto Ferber A.

Fuente: http://www.renuevodeplenitud.com/