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Eli Bravo

 

En ocasiones mis hijas no aguantan la risa cuando les hablo en inglés. Las frases pueden ser correctas, pero el acento está allí. Diecisiete años en Estados Unidos no han borrado este tumbao hispano que de alguna forma es denominación de origen. Si lo intento en francés el asunto es de carcajadas y no logro expresarme con claridad. Definitivamente mi idioma materno es el español, la lengua que hablamos en casa y la primera que aprendieron mis niñas. Pero cuando tengo que explicarles algo y quiero asegurarme de que entiendan I´ll better do it in english. Para ellas el idioma de sus padres no es el de los amigos y la escuela. Es natural.

 

Quizás de los mejores regalos que hemos dejado a nuestras hijas son los tres idiomas que hoy dominan. Ser trilingües no solo expande sus horizontes sino que también estimula sus cerebros. Y ni hablar del universo de películas, libros y programa de televisión que tienen por delante.

 

 

Cada año nuevos estudios certifican los beneficios mentales de hablar más de un idioma. Por ejemplo, los niños bilingües suelen ser mejores a la hora de resolver problemas prácticos y encontrar soluciones creativas. Una de las razones sería la capacidad que han desarrollado para saltar de una gramática a otra, lo cual posiblemente les desarrolla otras áreas del pensamiento.

 

Esta capacidad también les permite cambiar tareas con facilidad y mantener la atención. Incluso se cree que más adelante les ayudará a elaborar estrategias efectivas y organizar planes de acción. Considéralo en el plano laboral: hablar varios idiomas es sin duda una ventaja competitiva que suele traducirse en mejor remuneración.

 

Otros estudios indica las personas bilingües son más eficientes en la toma de decisiones. ¿Por qué? Al pensar en un problema en un idioma que no es el materno existe la posibilidad de distanciarse y bajarle el volumen a las emociones. Si bien escuchar la intuición es necesario para desarrollar la creatividad, a la hora de elegir conviene invitar a la razón al diálogo interno para considerar las alternativas. Y aparentemente esto funciona mejor cuando pensamos en el problema en otro idioma.

 

Para los adultos los beneficios podrían ser un retraso en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y un mantenimiento de las capacidades cognitivas. Hablar varias lenguas termina siendo una especie de gimnasia mental, algo que siempre le cae muy bien al cerebro. Incluso se ha encontrado que existe una mayor flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de fluir con las circunstancias inesperadas y adaptarse al cambio.

 

What do you think? ¿N’est-ce pas incroyable?

 

Pero más allá de los estudios, hablar otro idioma es un placer a la hora de conversar: nos abre nuevas ventanas y nos permite saborear otras culturas. Sea en un viaje, a través de un libro o con una película, la vida adquiere una dimensión más fascinante.

 

Cuando mis hijas se burlan cariñosamente de mi acento pienso en los padres inmigrantes de mis amigos de la infancia. Esos portugueses, italianos y libaneses que tras décadas en Venezuela mantenían un aire de su tierra en cada palabra. Ahora entiendo que allí había una huella del pasado, pero además, una identidad y un vínculo a los primeros afectos.

 

Estos nuevos idiomas ya son parte de mi vida, y si bien suelo soñar en español, cada vez más aparecen diálogos en inglés y de vez en cuando suelto algo en francés. En la mañana no recuerdo si logré corregir el acento, pero sí me maravillo con la capacidad de aprendizaje que tenemos los humanos.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

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