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REFLEXIONES



TODOS NECESITAMOS UN INVIERNO

 

 

Julio Bevione

 

Todos tenemos nuestro invierno. O, al menos, deberías tenerlo.

Esto fue lo que le dije a una amiga que vive en el Caribe, cuando le contaba cómo me sentía con las heladas temperaturas de Nueva York.

Pero, si bien la conversación comenzó por la estación, de inmediato derivó en un sentido más profundo. El invierno es la época donde los días se hacen más cortos, las noches más largas, y donde el frío nos invita a quedarnos en casa. Es ese el entorno, que nos lleva casi sin opciones a tener un encuentro con nosotros mismos. Nos distraemos menos en el afuera, para poder en quietud mirarnos a nosotros mismos, por ejemplo, veo claramente como las vivencias de los Spiritual Boot Camp de Nueva York, cambian entre el mes de junio y el mes de noviembre.

La analogía de las cuatro estaciones, es una manera muy clara de evidenciar los ciclos por los que debemos transitar, si queremos, sentirnos completos. Es necesario tener un tiempo para mirar adentro, y otro de salir para vivirlo afuera, donde luego podamos reconocer el momento en que debemos soltar, y regresar.

No es necesario que busquemos el frio si vivimos alejados de él, pero reconozco que las bajas temperaturas ayudan a volver a nosotros mismos. La sugerencia es que sin importar el lugar donde vivamos, no evitemos, tener nuestro invierno.

El verano es más fácil porque los seres humanos nos hemos habituado a vivir en el afuera, en las otras personas, en las metas, o en el entretenimiento. Por eso, nos falta un poquito de invierno para compensarlo.

Que nunca terminemos un año sin antes haber pasado nuestro invierno, porque nuestros tiempos personales, también tienen sus cuatro estaciones.

 

Fuente: http://juliobevione.com/

CREERNOS MÁS DE LO QUE SOMOS

 

 

Gonzalo Peltzer

 

La universidad me tocó dos veces: la primera como estudiante y la segunda como profesor, pero recuerdo con más nostalgia la época en que me dedicaba a estudiar… que fue la segunda. Aclaro que durante gran parte de la primera trabajaba todo el día para mantenerme y dormía como una marmota en las clases de la facultad. En la segunda, en cambio, la inmersión en la universidad fue total durante los años que duró y también fue total la juventud infinita de los estudiantes.

En esa época de contacto diario entre adultos y postadolescentes pasaba a menudo que alguno se ponía pesado y venía con eso de “a mí me tienen bronca”. Es una excusa bastante habitual, tanto en el colegio como en una universidad y es probable que esté fundada en alguna percepción peculiar del interesado, casi siempre producto de la paranoia o de la necesidad de echarle a otro la culpa de sus fracasos estudiantiles.

Ante ese reclamo, los profesores y las autoridades de la facultad teníamos siempre la misma sensación. Era un razonamiento que hacíamos después de valorar seriamente –y por las dudas– si podría ser verdad la afirmación del interesado: este chico o esta chica creen que estamos todo el día pensando en ellos para hacerles daño y resulta que nosotros dedicamos con suerte apenas unos segundos del día para pensar en alguno de ellos con nombre y apellido. La imagen más cabal de esta realidad se da en los exámenes, cuando el estudiante se juega la vida ante un pelotón de fusilamiento mientras los profesores que integran la mesa examinadora charlan entre ellos de sus planes de vacaciones.

Mutatis mutandis debe pasar en todas las actividades en las que hay jefes y subordinados y sobre todo en las relaciones de poder, donde uno cree que manda y otros hacen que obedecen. Hay súbditos que piensan que la autoridad está pensando todo el día en cómo fregarlo, mientras que las autoridades están en otro nivel de pensamiento, casi siempre más estratégico o quizá también resolviendo dónde pasar las vacaciones.

Esta triste asimetría es la causa de muchísimos malos entendidos. Mire si no es gracioso lo que nos pasa siempre que estamos apurados y tenemos que correr contra reloj. En esos momentos todos van despacio: los semáforos se desincronizan, nos toca la fila más lenta del supermercado, la calle por la que tenemos que pasar está cortada, el ascensor está en el último piso, los empleados que nos van a atender cambian de turno y nos llama por teléfono un inoportuno que no termina nunca de explicarnos lo que nos tiene que decir.

Todos los seres humanos con un cerebro más o menos normal tendemos a creernos mucho más de lo que somos. No me equivoco si digo que no somos el centro del universo, ni usted, ni yo ni nadie que lea estas líneas. El poder que tenemos es mucho menor del que pensamos, nos conoce un tercio de la gente que creemos y casi nadie está pendiente de nosotros. Y le advierto que, aunque seamos verdaderos expertos, esto de creernos más de lo que somos no es capital exclusivo de los argentinos: es un virus que se puso de moda en todo el mundo y vuelve a la gente insoportable. Cuídese.

 

Fuente: http://www.larevista.ec

LA REBELIÓN DE LA ESPERANZA

 

 

Liliana Castiglione

 

Nada mejor que declararse en rebelión permanente ante cualquier intento de rendirse. Y es que es tan fácil tirar la toalla, decir ya no puedo más o esto se acabó, es la depresiva actitud de “comodidad” de quien se siente perdido y por tanto no requiere realizar ningún esfuerzo más, total ¿para qué?

Quien decide rendirse siempre encontrará respaldo de muchos que también se unirán a esa causa para lamentarse juntos de sus penas, desde amigos, conocidos, familiares, hasta brujos, videntes y tarotistas, sintiéndo así  que hacen lo correcto, que continuar intentando sería absolutamente absurdo.

Pero hoy, te invito a dejar el miedo, la tristeza y la comodidad que entrega ese traje de víctima y a ponerte ese traje de esperanza que tienes (búscalo que quizás está oculto entre tus miedos), y que, si bien puedes sentir que hoy te aprieta, una vez que te lo pongas te va a ir quedando cada vez más holgado y confortable.

Declárate en rebeldía aunque tengas que hacerlo solo(a), y emanarás una luz que hará que otros se contagien, ignora a quienes vengan con baldes de agua a intentar apagar tu vela encendida, y esa luz tenue irá creciendo como una antorcha en los juegos olímpicos.

Desde allí todo es posible, lograr ese proyecto al que nadie apostaba, encontrar ese amor que sientes que mereces, aun cuando todos te decían que debías bajar las expectativas, hasta incluso lograr tareas más titánicas como restablecer la justicia en tu país.

Es sencillo tener fe y esperanza cuando el horizonte se muestra despejado, pero hoy te hablo de rebelión, de coraje y ese solo se muestra en los momentos en que la oscuridad es mayor, esa rebelión no la asume cualquiera, sino seres privilegiados en la fe, esos que realmente creen en el poder de Dios y en el suyo bendecido por el primero.

Anda, levántate y cree y recuerda contagiar a otros en lugar que te contaminen con sus miedos, inúndalos tú con la rebeldía de la esperanza.

 

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

NO LE CREAS A TU MENTE TODO LO QUE TE DICE

 

 

Valentín Méndez

 

¿Te has dado cuenta de todo el tiempo que pasas recordando el pasado, fantaseando en el futuro, criticándote a ti o a lo que ocurre a tu alrededor?

Día con día cientos o miles de pensamientos cruzan por nuestra mente y muchos de estos, tal vez la mayoría, no son evocados voluntariamente, sino que simplemente ocurren. Algún maestro del budismo zen le llamaba a estos pensamientos “las secreciones de la mente”.

Sin embargo, aunque estos pensamientos sean involuntarios y muchas veces aleatorios tienden a atraparnos, como si fueran la opinión más importante, como si tuvieran una especie de pegamento que nos hace estancarnos en ellos y darles vueltas… continuar con su argumento… con su historia… siguiéndolos a donde quiera que estos nos lleven. ¿Te suena?

Este hábito de la mente tiene el potencial de generarnos mucho dolor psicológico y confusión debido a que:

  • Los pensamientos automáticos tienden a tratar sobre los problemas ya sean reales o probables de la vida, es decir dificultades que no existen, pero que la propia mente crea. Una frase del escritor y filósofo francés Michel de Montaigne que refleja fielmente este hecho dice: “Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”.
  • El encontrarnos inmersos en la rumiación nos dificulta tener conciencia de lo que ocurre a nuestro alrededor, impidiéndonos conectar con la experiencia actual y haciendo que nos relacionemos con los eventos de la vida, con las personas y con nosotros mismos a partir de juicios, recuerdos o expectativas, lo cual puede ser sumamente frustrante y desorientador.
  • Muy pocas veces la realidad se ajusta a nuestras expectativas, y eso nos genera dolor, impotencia o tristeza, pudiendo incluso llegar a pensar que hay algo malo en nosotros debido al hecho de que el mundo no se ajuste a lo que esperamos de él.

Sin embargo, como muy probablemente lo intuías, hay una alternativa a esta forma de experimentar los pensamientos, una forma de cultivar gradualmente libertad de esta prisión de los pensamientos y disminuir lo que el erudito y maestro de meditación budista Alan Wallace denomina “fusión cognitiva”: el hábito de creer que lo que los pensamientos nos dicen es la verdad.

El proceso implica el cultivo de una capacidad de la mente denominada vigilancia o introspección, lo que en este contexto se puede entender como la capacidad de reconocer lo que está ocurriendo en nuestra mente, nuestra habla y nuestras acciones mientras ocurre.

Te invito a que lo hagas por unos minutos diariamente y veas qué es lo que pasa:

  • Toma asiento en una silla y dispón el número de minutos que desees dedicar a tu práctica. Diez minutos puede ser un buen inicio.
  • Haz tres respiraciones profundas y lentas. Inhalando por la nariz y exhalando por la boca.
  • Hazte consciente de las sensaciones de la respiración en el abdomen o en los orificios de la nariz, notando cómo se siente cuando inhalas y cuando exhalas.
  • Mantente relajado y atento o atenta al momento en que surjan los pensamientos recordando que ese proceso es completamente natural.
  • Una vez que notes que ha surgido el pensamiento, nómbralo mentalmente pensandoy familiarízate con la manera en que se experimenta el darte cuenta de la presencia del pensamiento.
  • No trates de analizarlo, encontrarle una causa, solucionarlo, rechazarlo, solo nota al pensamiento atendiendo a cómo ha surgido, cómo cambia y cómo, si no lo alimentas continuando con su guion, se desvanece como una ola o una burbuja de jabón.
  • Luego regresa a las sensaciones de la respiración y haz esto una y otra vez, maravillándote al darte cuenta de cuál es la naturaleza de tus pensamientos.
  • Al principio será natural que los pensamientos se te queden pegados y los pases rumiando un rato. ¡Eso es normal, lo has hecho toda tu vida! Así que no te frustres ni te critiques. Con la práctica poco a poco podrás notarlos más pronto.
  • Por último, también puede ocurrir que al estar alerta ante la aparición de los pensamientos estos se vuelvan tímidos y no surjan; eso también es normal, date un tiempo y ya aparecerán.

Esta práctica es una práctica de mindfulness/atención plena a los pensamientos. Si quieres saber más, te invito a que leas este post. ¡Buena práctica!

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

LA COMPROBADA FÓRMULA PARA EL ÉXITO QUE TODOS IGNORAMOS

 

 

Derwin Ramírez

 

Siempre que leemos o buscamos información para nuestro desarrollo personal nos gustan las palabras bonitas, ¿no es así? Términos como “bienestar”, “buena vibra”, “plenitud”, entre otros. ¿Y si pudiera probarte que tu éxito proviene de dos palabras que odias?

 

Rudo, ¿no?, pero es así. De manera que si quieres dominar algún área específica de la vida, es hora de que vayas viendo con nuevos ojos palabras como “incomodidad” y “dolor”, porque te tocará sentarte con ellas, hacerte su aliado y abrazarlas en el camino a tu ansiada meta.

 

Seguro que ya has escuchado hablar de algo llamado la “zona de confort”. Sin embargo, siento que esto va más allá y te lo ofrezco como resultado de mi experiencia como investigador de estos temas desde hace varios años, tanto para la radio y los artículos que comparto en Twitter, como producto de mi propia experiencia personal.

 

Es un hecho que a todos nos gusta estar seguros, cómodos, fuera de peligro. Y no es para culparse, pues aunque no haya un riesgo real, nuestro cerebro interpreta las situaciones desconocidas como “peligros de muerte”. Es por ello que al tener que hablar en público, por ejemplo, muchos sudan, aumenta su presión sanguínea y, en general, evitamos o posponemos todo aquello que nos genere cierta incomodidad como un mecanismo de defensa natural.

 

¿Y qué pasa si no hay molestias?

 

Esto fue respondido por el especialista en emprendimiento e innovación, Jonathan Cottrell, a través de una ecuación en la que precisa que justo cuando experimentamos algunas molestias e incomodidades es cuando hay un verdadero proceso de crecimiento. Él lo resume así: Molestia x Tiempo = Nivel de tolerancia = Crecimiento.

 

Hasta ahora no suena muy alentador, ¿cierto? Pero pongámoslo así: mi ejemplo favorito es el de alguien en sus primeros días de gimnasio. Se trata de jornadas de verdadero dolor y sufrimiento, pero resulta que es el único camino para hacerse más fuerte, porque, como afirma Cottrell, “nadie construye músculo mientras está sentado en el sofá viendo Netflix”, bromea.

 

¿Sabes cuál es la buena noticia? Que a medida que hay dolor, el músculo va creciendo y va aumentando así su resistencia, su nivel de tolerancia, y el proceso se hace cada vez más fácil. Así justamente pasa con la vida, a medida que nos vamos enfrentando a las situaciones “molestas” es cómo vamos desarrollándonos paulatinamente.

 

De manera que cuando empieces a sentirte muy cómodo, analiza, pues te podrías estar estancando y es cuando descubres que, como si de un videojuego se tratara, es hora de pasar al siguiente nivel en búsqueda de nuevas molestias que te pongan al fuego mientras que observas cómo, de carbón, vas pasando a diamante.

 

¿Se trata, entonces, de la manera más fácil de vivir? No. Nunca dije que lo fuera. Nada que realmente valga la pena lo es, pero algo sí puedo asegurarte: ¡se trata de la mejor manera de vivir!, pues es la que más satisfacción te va a hacer sentir a largo plazo y de forma duradera, al ver cómo vas superando tus límites y derribando tus propias barreras.

 

Finalmente, me despido citando a la famosa estrella de Hollywood, Will Smith, cuando afirma que el punto de “peligro máximo” es precisamente donde hay cero miedo. “Es el punto de miedo mínimo, es la felicidad (…) al otro lado de tu miedo máximo están las mejores cosas de la vida”.

 

Así que recuerda: sin dolor no hay crecimiento. ¡Nos seguimos leyendo!

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

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