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REFLEXIONES



LOS BENEFICIOS DE OLVIDAR

 

 

Luis Castellanos

 

Acaban de empezar las vacaciones de verano, esos largos meses en que los padres y los maestros se preocupan por todas las cosas que los niños olvidarán antes de volver a la escuela. Las fracciones que no podrán multiplicar o las capitales estatales que no identificarán. Esto se conoce como “pérdida de aprendizaje”.

 

Se supone que el olvido es la antítesis del aprendizaje y, ya sea que se trate de un niño o un adulto, a la mayoría de nosotros nos avergüenza no poder recordar un nombre o un hecho. No obstante, resulta que olvidar nos puede ayudar a adquirir más experiencia, y si aprendemos nuevamente algo que no podíamos recordar, suele pasar que lo entendemos mucho mejor.

 

La idea de que el olvido es una virtud educativa data de hace un siglo, o tal vez más. En una serie de estudios, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus descubrió que cuando reaprendemos información, es más probable que la recordemos en el futuro.

 

La investigación explica por qué olvidar logra estimular la memoria. Nuestros recuerdos no se van volando como las golondrinas. Lo que sucede, más bien, es que nuestro cerebro vuelve algunos recuerdos más o menos accesibles. Algunos datos, como el nombre de un amigo cercano, nos vienen a la mente con facilidad. Otros detalles, como el color de tu habitación de la infancia, están almacenados en las profundidades del cerebro y son mucho más difíciles, si no es que imposibles, de recuperar.

 

En este sentido, un recuerdo olvidado es muy parecido a un archivo antiguo en la computadora. Si bien el documento todavía existe, no está tan a la mano y, hoy en día, muchos investigadores de la memoria ni siquiera usan el término “olvidar”. El término implica que la remembranza es imposible. En vez de esto, olvidar es más bien un “fallo de recuperación”.

 

Más allá del ocasional resbalón de la memoria, la estrategia cerebral de olvidar nos sirve bastante y nuestros fallos de recuperación nos ayudan a eliminar información que, en realidad, no necesitamos. Imagina cómo sería vivir con una biblioteca interminable de datos que pudiéramos recordar fácilmente; sería abrumador: fechas, nombres, números telefónicos —todos esos datos estarían siempre ahí, de acceso inmediato—.

 

“No queremos recordarlo todo”, dijo Robert A. Bjork, un investigador de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Uno quiere recordar dónde estacionó el auto hoy, no ayer ni hace una semana”.

 

En este modelo de olvido, cuando extraemos un detalle del almacenamiento a largo plazo del cerebro, se vuelve más fácil de recordar en el futuro. “Para recordar algo importante, hay que seguir experimentándolo”, dijo Bjork.

 

Así que si quieres recordar dónde dejaste el auto estacionado hoy, practica recordar esa ubicación específica. Si quieres enumerar con facilidad los nombres de las capitales estatales, asegúrate de recordar con regularidad esa información.

 

Nuestro cerebro está construido para fomentar que olvidemos y recordemos cosas, según un artículo que se publicó recientemente en la revista Neuron. En el artículo, los investigadores argumentan que muchas de las células cerebrales asociadas con la memoria promueven activamente la pérdida de memoria. “El crecimiento de nuevas neuronas parece fomentar el olvido”, afirmó el investigador Blake Richards. “Si añadimos nuevas neuronas, el cerebro logra sobrescribir memorias y borrarlas”.

 

Los beneficios de olvidar van más allá de los hechos o incluso de las células cerebrales, y cuando reaprendemos algo que hemos olvidado, a menudo adquirimos formas más profundas de entendimiento. Pensemos en la famosa descripción literaria de Marcel Proust cuando muerde una magdalena, en ese momento, no es solo “una remembranza” sino una manera efectiva de adquirir experiencia.

 

Hasta cierto punto, el valor de olvidar es evidente y cuando la gente se vuelve a involucrar en un área de experiencia, tiene más perspectiva. Tiene mayor capacidad de identificar las conexiones.

 

Del mismo modo, las memorias débiles pueden mejorar la comprensión. Los investigadores Neechi Mosha y Edwin Robertson demostraron que una remembranza débil puede facilitar la resolución de problemas. “Si la memoria es muy rígida, uno puede perderse el bosque conceptual”, comentó Robertson.

 

Los estudios demuestran que olvidar puede promover un mejor razonamiento. En un estudio que se publicó en 2011, un grupo de psicólogos le dieron a los sujetos una prueba de resolución de problemas que se conoce como la “prueba de asociaciones remotas”, la cual requiere que un sujeto lea tres palabras (como “pulsera”, “despertador” y “digital”) y luego encuentre una palabra que tenga relación con los tres conceptos (“reloj”).

 

Los investigadores añadieron un giro inusitado a la prueba y les dieron a los participantes una capacitación “engañosa”, al darles pistas erróneas antes de hacer la prueba. Los resultados demostraron que la gente tenía que sacar la asociación errónea de su mente para resolver el problema. La “cognición creativa”, escribieron los autores, “podría basarse no solo en la capacidad de recordar, sino también en la capacidad de olvidar”.

 

Benjamin Storm, psicólogo de la Universidad de California, Santa Cruz, dirigió el estudio de 2011, y ahora se toma muy en serio la idea del olvido. Si Storm escribe un artículo, comienza lo más pronto posible para tener tiempo de releer lo que escribió. De manera similar, lee los artículos importantes dos veces, haciendo una larga pausa entre ambas lecturas para poder sacar el mejor partido del texto.

 

No recordar tiene varias desventajas. Olvidar puede tener consecuencias incómodas. Después de que a Justin Bieber se le olvidó la letra de su popular canción “Despacito” en mayo, la reacción fue violenta, y TMZ incluso sacó una nota titulada “Justin Bieber, No Hablo Espanol”.

 

Además, no se puede dejar pasar mucho tiempo para recordar algo o luego se volverá muy difícil recuperar ese detalle de la memoria. Esto explica por qué, después de todo, los padres y los maestros tienen razón en preocuparse por la pérdida de aprendizaje durante el verano. Si un estudiante no ha recordado un hecho matemático durante meses, será difícil que lo recuerde al iniciar el nuevo año escolar.

 

A pesar de ello, olvidar puede ser un impulso crítico para el aprendizaje. La experiencia es lo que llena nuestros vacíos de memoria. Una pérdida de memoria puede ser una ganancia de aprendizaje. En su canción “Sorry”, Bieber cantaba que quería one more shot at second chances (un intento más de segundas oportunidades). Por lo menos en lo que respecta a aprender y olvidar, está en lo correcto.

 

Fuente: http://luiscastellanos.org/

EL SIGLO DE LA CREATIVIDAD

 

 

Ismael Cala

 

Vivimos una época de grandes transformaciones tecnológicas, que marcan el rumbo de la humanidad. Sin embargo, esto no significa que el futuro pertenezca solamente a los “hombres y mujeres de la ciencia”, como durante un tiempo nos hicieron creer. Hay espacio para muchos otros perfiles.

 

En el siglo XIX —se dice—, el éxito acompañó a los más esforzados, y en el XX, a los más inteligentes; pero el XXI es el de la creatividad y la innovación. ¿Qué repercusiones tiene este cambio para la educación y el empleo?

 

Darlene Damm, profesora de Singularity University, cita lo sucedido en Estados Unidos desde el año 2000: los robots podrían haber asumido el 85% de los cinco millones de empleos industriales perdidos.

 

¿Cómo deberían gestionar la situación las personas en edad de elegir carrera?

 

La clave podría sorprender a más de uno. “Harvard Business Review” aseguró recientemente que las humanidades son el futuro de la economía digital y la tecnología: “Desde Silicon Valley hasta el Pentágono, la gente empieza a darse cuenta de que para abordar con eficacia los mayores desafíos de la sociedad y la tecnología, necesitamos pensar de manera crítica en su contexto e implicaciones humanas, algo para lo que precisamente están bien preparados los titulados ‘de letras’”.

 

Como narro en el libro “El poder de escuchar“, en mis años universitarios sufrí discriminación por no elegir una carrera de ciencias. Una vez, en un evento, el entonces gobernante Fidel Castro nos preguntó qué estudiábamos. Mis colegas mencionaron especialidades como Medicina, Derecho, Física Nuclear o Ingeniería, y él los elogió personalmente; salvo a mí. Cuando le dije que cursaba Historia del Arte, se quedó mudo y me miró de abajo hacia arriba, con una clara expresión de indiferencia.

 

Cuando Castro se retiró, los estudiantes se burlaron de mí. Uno se atrevió a preguntarme para qué servía tal profesión. No tuve respuesta inmediata, porque quedé petrificado. Hoy sí la tengo, y la comparto con quien la quiera escuchar.

 

El mundo ya no admite falsas divisiones entre ciencias y humanidades. Todas las carreras deberán adaptarse a los nuevos paradigmas. Algunas desaparecerán y nacerán otras más ajustadas a las necesidades del mercado laboral.

 

Como han demostrado los grandes emprendedores de nuestra época, tampoco será obligatorio exhibir un título, como si de un trofeo de guerra se tratara. Lo importante serán las capacidades, la comprensión de los problemas y la creatividad.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

EL ANTÍDOTO CONTRA EL CAOS

 

 

Eli Bravo

 

Un amigo me comentaba recientemente “cómo hablar de bienestar cuando estás metido en este caos”. Él se refería a la ciudad, pero pensándolo mejor, podría estar hablando del caos económico o emocional. A mi amigo no le faltan razones para pensar así: en medio de una tormenta nadie está considerando echarse al sol, pero la verdad es que todo pasa, incluyendo los peores aguaceros, y llega el momento cuando escampa y podemos extender la toalla para sentir el calor del sol.

 

A lo que me refiero es que nada es para siempre, y todo, incluyendo la felicidad, es transitorio.

 

En Pali, el antiguo idioma del norte de India en el que están escritos muchos de los textos sagrados del budismo, la palabra Anicha significa impermanencia, un término que no existe en español y que quiere decir que todo cambia y nada permanece. Algo parecido al sabio consejo de la abuela cuando dice “no se preocupe, mijo, que todo pasa”, con el detalle de que Anicha no sólo aplica al tiempo necesario para sanar un corazón herido por el desamor, sino también para entender mejor el presente en que estamos metidos y los juegos de nuestra mente.

 

Pero vayamos por parte, que esto se come despacio.

 

Gracias a la comprensión el cerebro y la psique humana ahora sabemos que una cosa es la realidad tal y como la percibimos, y otra distinta es la que almacenamos en nuestra memoria. Sin enredar demasiado, podemos decir que no es lo mismo aquello que experimentamos en el presente y lo que tiempo después recordamos.

 

Daniel Kahneman, psicólogo ganador del Nobel de Economía dice que tenemos dos Yo. Uno se encarga de registrar lo que nos sucede aquí y ahora. El otro se encarga de almacenar las memorias de esos sucesos. Y como ambos no suelen trabajar alineados, resulta que el más poderoso de los dos toma el control a la hora de valorar nuestra vida y hacer predicciones hacia el futuro. ¿Cuál es ganador en este pulso? El Yo de los recuerdos, por supuesto.

 

Es así como el peso de los recuerdos que guardamos de cualquier situación puede ser mayor que la experiencia que tuvimos en el momento. De esta forma, nuestra vida puede estar signada por la calidad e intensidad de esos recuerdos. ¿El resultado? Si pasamos los días masticando memorias tóxicas… la indigestión está garantizada.

 

¿Qué tiene esto que ver con mi amigo? Sencillo: inmerso como está en la locura de la ciudad, una parte del día se le va sufriendo sus sinsabores, pero la verdad es que dedica aún más tiempo a rumiarlos. Y no es que el caos que sufre sea un invento. Es absolutamente real, pero al rumiar los recuerdos caóticos en la caja de resonancia de su mente, el resultado es un ruido atorrante que no abre espacio al aire fresco que también sopla a su favor.

 

Si mi amigo pensara por un instante que ese tráfico insufrible quedará atrás en algún momento, y que la realidad cambiará para abrirle paso a una buena conversación, un abrazo o un café mirando por la ventana, quizás Anicha le traiga un antídoto a esa creencia lapidaria de que es imposible vivir a plenitud a causa del caos. Porque no hay mal que dure 100 años, cuerpo que lo aguante, ni mente que no pueda enfocarse en las cosas que nos hacen bien. Vale la pena recordarlo.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

SERENDIPIA

 

 

Gonzalo Peltzer

 

La palabra serendipia nació en una fábula de Horace Walpole en la que tres príncipes orientales se la pasan descubriendo por accidente cosas geniales en la isla de Serendip, que es el antiguo nombre de Ceilán. El diccionario Oxford define la serendipity como hechos o hallazgos positivos que ocurren por casualidad. Y según la Real Academia Española, la serendipia es un “hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Sea lo que sea, seguro que no es accidente con suerte, como algunos creen, sino la lógica propia de los acontecimientos o de lo que ocurre sin nuestra intervención. Es la comprobación empírica de que la naturaleza tiene su propio rumbo y cuando nos empeñamos en cambiarlo termina todo como la mona.

No hay nada peor que intentar dormir porque la misma ansiedad nos hace perder el sueño, así que lo mejor es relajarse y disfrutar de una buena lectura, de un sánduche rico o de una temporada entera de Game of Thrones. Aproveche el tiempo que le regala la falta de sueño y va a ver cómo el mismo sueño lo va a vencer. ¿Hay mucho drama en pasar un día con los efectos de la falta de sueño? Lo hacemos a cada rato sin insomnio, pero resulta que nos preocupa justo cuando nos cuesta dormir. No se haga drama ni le haga caso y va a ver que el insomnio se le va de la croqueta y duerme como un bebito.

Las cosas que se pierden no se encuentran buscándolas sino con pura serendipia. Hay que pensar un poco para atrás y recordar la última vez que vimos o usamos lo que se nos perdió, pero sobre todo hay que esperar a que las cosas actúen solas: ellas claman por sus dueños casi como si estuvieran vivas; en realidad es nuestra cabeza la que actúa sin darnos cuenta. Buscar atolondrados es pura pérdida de tiempo y un obstáculo a la serendipia.

No existe el trabajo perfecto y cuando no lo tenemos hay que tirarse de cabeza en lo que salga, que va a ser el mejor trabajo porque el mejor trabajo es el que se tiene y no el que uno se imagina, entre otras cosas porque siempre pensamos que somos mucho más de lo que creemos. Y el dinero es dinero y así como viene se va. Déjelo tranquilo que tiene su propia lógica y apenas sirve para algunas cosas poco importantes de la vida. Cuando tenga que llegar, llegará; y si se vuelve loco por conseguirlo solo va a conseguir volverse loco.

Pero lo mejor de la serendipia es que un buen día nos damos cuenta de que era mejor perder la plata, estar despiertos cuando los demás duermen o disfrutar de unos días de vacaciones forzadas o de pobreza obligada. La serendipia es toda una actitud que le recomiendo para muchas cosas de la vida en las que terminamos metiendo la pata y que seguro saldrían mejor sin nuestra intervención.

 

Fuente: http://www.larevista.ec

LAS TRAMPAS DE LA MEMORIA

 

 

Dacio Medrano

 

Todo el mundo da por sentado que la gente habla muchas tonterías. Asumimos que la cultura de nuestro país, de nuestra ciudad y la de nuestro círculo de amigos y conocidos (especialmente ese círculo) no es más que un cúmulo de clichés y lugares comunes que no significan realmente nada. Que los recuerdos, los rumores y los inventos se amontonan como una masa amorfa que pasa de generación en generación, y cada quien, cuando le llega su turno, repite las cosas que todo el mundo dice y ha dicho durante años.

 

La sabiduría popular nos parece cursi y supersticiosa, perteneciente a una época caduca que no tiene nada que ver con la nuestra. Ese sentimiento de desdén e incredulidad hacia las cosas de la vida que la gente comparte en situaciones cotidianas, como la cola de un banco, una carrera en un taxi o unas arepas de madrugada, es especialmente fuerte cuando uno es joven. La juventud cree que la experiencia no tiene nada que enseñarle y que la gente habla demasiado.

 

Hay algo de cierto en esto, no es necesario esforzarse demasiado para reconocer que el mundo está saturado de estupideces y de palabras manoseadas y desgastadas. Pero el mayor cliché de todos es creer que no hay algo de verdad en esa sabiduría popular. La edad, que muchas veces es sinónimo de los golpes y de las pruebas que se le ocurren a la vida, te demuestra que detrás de las tonterías recicladas hay grandes verdades que son algo así como el patrimonio del sufrimiento compartido. Entonces cada generación, al parecer irremediablemente, vuelve a comprobarlo todo equivocándose por hacer lo que le da la gana.

 

La ironía, o más bien el chiste cruel, es el tiempo que uno tarda en comprender que quizás NADA vuelva a estar a la altura de aquel viaje a Morrocoy, de las cervezas en el mirador o de los domingos de fútbol con tu viejo, de los chistes internos que sólo tú y otra persona pueden entender, ni del baño en el mar a las seis de la tarde. Tampoco de la canción que define a una persona o a una etapa de tu vida, del gol en el minuto noventa, de un abrazo de tu mamá, de la risa de tus amigos, de una mirada, una despedida, una casualidad o una sorpresa…Y entonces entiendes que la felicidad se parece a eso, a una sucesión de momentos que en la memoria se diluyen en la nostalgia del pasado. De lo que fue y de lo que pudo haber sido.

 

En parte, la clave de la vida pasa por el reconocimiento de esto. De esa verdad fundamental que subyace en la simplicidad de las cosas: la conciencia del tiempo y el descubrimiento de que la vida es lo que es y no lo que uno quiere.

 

Vivir es difícil. Diariamente nos vemos obligados a luchar e improvisar para enfrentar lo que aparece en el camino. Esto nos coloca en desventaja, casi siempre a destiempo. Por eso sabemos qué hacer cuando ya todo ha terminado. Por eso lo que define al presente es la añoranza de algo que no hemos conseguido o de lo que perdimos en algún lugar del recorrido, y miramos hacia atrás escarbando en un pasado transformado en visiones y fantasmas que ya no pueden decirnos nada.

 

La cantidad de minutos y segundos, aunque desmesurada, no es infinita. La vida es hoy, es cada instante, aunque parezca trivial y desechable. En la cotidianidad comienzan a construirse los grandes momentos, aquellos capaces de definirnos. Debemos redescubrir en cada paso el poder de los sueños y del destino. Asumir la responsabilidad, elevarse hasta la altura del reto y hacer un poco de aquello para lo que hemos sido hechos. No des nada por sentado, el tiempo no regresa.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com

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