-
TIENES SUERTE
José Emilio Pacheco ¿Te bautizaron? Sí. Nada de “sí”, responde “Sí señor”, no estás hablando con un indio como tú. ¿Hiciste tu primera comunión? Sí señor. ¿Eres católico? Soy creyente, señor. ¿Qué quiere decir eso? Creo en Dios pero no voy a misa. Entonces no eres católico. ¿Te casaste por la iglesia? Cuando me casé ya estaban cerradas las iglesias, señor. Ah, vives en el pecado. ¿Tienes hijos? El primero nacerá en octubre, señor. ¿No te avergüenzas ante él por ser un asesino? No soy un asesino, señor: si maté a alguien fue en combate y no supe su nombre ni vi su cara. Después de todo…
-
DESPUÉS DE TODO
Eli Bravo ¿Hace cuánto tiempo que no hablaban? Por lo menos 10 años, pensó, desde que murió papá. Tras resolver los documentos quizás habían conversado en un par de oportunidades, pero no más. Los primeros años llevó la cuenta mental de ese silencio con amargura, sintiendo cada mes como un castigo que pesaba sobre ambos por igual. Luego se fue olvidando del asunto, o al menos eso creía, y solo se acordaba cuando llegaba otro aniversario. Y mañana sería otro aniversario. Papá no escogió morir en estas fechas, aunque a su manera había escogido morir de esa forma. Jamás dejó de fumar, ni siquiera cuando cambió la…
-
PERDIENDO VELOCIDAD
Samanta Schweblin Tego se hizo unos huevos revueltos, pero cuando finalmente se sentó a la mesa y miró el plato, descubrió que era incapaz de comérselos. —¿Qué pasa? —le pregunté. Tardó en sacar la vista de los huevos. —Estoy preocupado —dijo—, creo que estoy perdiendo velocidad. Movió el brazo a un lado y al otro, de una forma lenta y exasperante, supongo que a propósito, y se quedó mirándome, como esperando mi veredicto. —No tengo la menor idea de qué estás hablando —dije—, todavía estoy demasiado dormido. —¿No viste lo que tardo en atender el teléfono? En atender la puerta, en tomar un vaso de agua, en…
-
LA CARACOLA
José de la Cuadra “Guásinton” Samuel Morales era dueño de una canoa vivandera, en la cual navegaba, en plan de comercio, por los ríos montuvios. Se le conocía venir, desde lejos, por el prolongado grito de su caracola, que sonaba como un cuerno de caza. Las patronas ricas se agitaban en sus cocinas: -Hay que renovar la provisión. -Ahá. -Harinas. Sobre todo, harinas. Y víveres serranos. Llámenlo. -¿Para qué? Ya apegará. Siempre lo hace. En efecto. Jamás Samuel Morales dejaba siquiera de acercarse a alguna casa, por humilde que fuese. Aquí decía: -¿No se les ofrece nada? -Nada, mismo. El vendedor ambulante recitaba de corrido la retahíla…
-
KILÓMETRO 11
Mempo Giardinelli Para Miguel Ángel Molfino —Para mí que es Segovia —dice Aquiles, pestañeando, nervioso, mientras codea al Negro López—. El de anteojos oscuros, por mi madre que es el cabo Segovia. El Negro observa rigurosamente al tipo que toca el bandoneón, frunciendo el ceño, y es como si en sus ojos se proyectara un montón de películas viejas, imposibles de olvidar. La escena, durante un baile en una casa de Barrio España. Un grupo de amigos se ha reunido a festejar el cumpleaños de Aquiles. Son todos ex presos que estuvieron en la U-7 durante la dictadura. Han pasado ya algunos años, y tienen la…