7
May
2012
Paulo Coelho
El reino de este mundo
Un viejo ermitaño fue invitado cierta vez a visitar la corte del rey más poderoso de aquella época.
-Envidio a un hombre santo como tú, que se contenta con tan poco– comentó el soberano.
-Yo envidio a Vuestra Majestad, que se contenta con menos que yo– respondió el ermitaño.
-¿Cómo puedes decirme esto, cuando todo el país me pertenece?– dijo el rey, ofendido.
-Justamente por eso. Yo tengo la música de las esferas celestes, tengo los ríos y las montañas del mundo entero, tengo la luna y el sol, porque tengo a Dios en mi alma. Vuestra Majestad, sin embargo, solo posee este reino.
Los huesos del antepasado
Había un rey de España que se enorgullecía mucho de sus antepasados, y que era conocido por su crueldad con los más débiles.
Cierta vez, caminaba con su comitiva por un campo de Aragón, donde –años antes– había perdido a su padre en una batalla, cuando encontró a un hombre santo revolviendo en una enorme pila de huesos.
-¿Qué estás haciendo ahí?– preguntó el rey.
-Honrada sea Vuestra Majestad– dijo el hombre santo. -Cuando supe que el rey de España venía por aquí, decidí recoger los huesos de vuestro fallecido padre para entregároslos. Sin embargo, por más que los busco, no consigo encontrarlos: son iguales a los huesos de los campesinos, de los pobres, de los mendigos y de los esclavos.
Llame a otro tipo de médico
Un poderoso monarca llamó a un santo padre –al que todos atribuían poderes curativos– para que le ayudara a disminuir sus dolores de columna.
-Dios nos ayudará– dijo el hombre santo. Pero antes vamos a entender la razón de estos dolores. Sugiero que Vuestra Majestad se confiese ahora, pues la confesión hace al hombre enfrentar sus problemas, y lo libera de muchas culpas.
Molesto por tener que pensar en tantos problemas, el rey dijo:
-No quiero hablar de estos temas; necesito a alguien que me cure sin hacer preguntas.
El sacerdote salió y volvió media hora más tarde con otro hombre.
-Creo que la palabra puede aliviar el dolor, y ayudarme a descubrir el camino acertado para la cura– dijo. –Sin embargo, usted no desea conversar, y no puedo ayudarlo. Pero le diré a quien necesita: mi amigo es veterinario, y no acostumbra a hablar con sus pacientes–.
Fuente: http://www.larevista.ec
VaterEin
LITERATURA, REFLEXIONES
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6
May
2012
Brian Tracy
El error más grande que podemos cometer en la vida es pensar que trabajamos para cualquier otro que no seamos nosotros mismos.
Si, obviamente, tenemos un superior al que rendir cuentas de nuestra labor y una empresa para la que trabajamos y que, de hecho, nos paga por ello. Seguimos unas directrices concretas (ajenas) y vamos solventando las tareas individuales asignadas en base a ellas.
Nuestra perspectiva laboral cambiaría, tal y como propone la frase de hoy, si nos convirtiéramos en nuestro propio patrón. No estoy hablando tanto de la independencia que garantiza levantar un negocio propio, sino de la capacidad para evaluarnos, medirnos, motivarnos, compensarnos y, si fuera menester, ‘castigarnos’, desde nuestra concepción de cómo de bien o de mal estamos haciendo las cosas.
No es fácil ser juez de uno mismo, y para muchos resultará imposible, porque se tiende al autoengaño y a la suavidad para evitar la autocritica. Hay que poseer un carácter firme, estricto y desapasionado, para reconocer que algo que hemos hecho es susceptible de ser mejorado… y créeme que todo lo es.
Y sin embargo, desprenderse de la venda que tapa los defectos propios y hacer una evaluación honesta de nuestro desempeño, es el camino perfecto hacia la mejora de todas nuestras habilidades. Quien está satisfecho con lo que tiene, pocas veces se propone mejorarlo y la insatisfacción -no lo olvidemos- es el germen de la excelencia.
En la pregunta: ¿Qué necesito mejorar de lo que hago y de cómo lo hago?, está el YO que nos aguarda en el futuro. ¿Cómo te ves dentro de 10 años? ¿Más sabio? ¿Más inteligente? ¿Más exitoso? ¿Más rico? ¿Más feliz? Para lo que sea aquello que hayamos dibujado en nuestra mente sobre el cómo vamos a ser, necesitaremos mejorar, progresar… crecer.
Para lograrlo, lo primero es precisar en qué cometidos somos deficientes. Es decir, concretar en qué no somos buenos, y si nosotros no somos capaces de verlo, preguntar a una persona de confianza que nos analice objetivamente. Lo segundo será buscar la manera de mejorar dichas facetas (estudio, meditación, práctica…). Lo tercero aplicar lo aprendido, porque el pensamiento sin acción es sin duda un buen pasatiempo, pero ya existen las sopas de letras. Aplicar lo aprendido y no temer el error, porque nadie ha desarrollado nada valioso sin haberse equivocado en algo. Superman no vive aquí.
Y no estar pesando y midiendo continuamente lo que hacemos. Cuando detenemos el esfuerzo por hacer algo bien en un límite concreto, porque hasta ahí nos pagan, y nos reservamos posibilidades de mejora o la aportación de nuevas ideas que ni siquiera requerirían de nosotros tiempo extra, nos estamos engañando. Imagínate a Leonardo dejando a la Gioconda sin sonrisa, porque se acabo el presupuesto en el punto en que tenía que pintarla… aunque no sé si este argumento está bien traído, porque la ‘Mona Lisa’ carece de cejas y de pestañas… y a lo mejor es en ese punto donde el presupuesto se acabó.
Y cree en ti mismo, porque nadie tiene más información de ti que tú y nadie te comprende mejor y nadie sabe hasta dónde podrías llegar si te lo propusieras.
Reflexión final: “Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.” (Aldous Huxley)
Fuente: http://es.paperblog.com
VaterEin
REFLEXIONES
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5
May
2012
“Lo más grande en este mundo, según cierto filósofo, es un buen hombre que lucha contra su suerte, pero todavía hay quien lo supera y es el que intenta socorrerlo.”
Goethe
Cada oportunidad que se nos da de permanecer, mantenernos con vida, debemos saberla aprovechar en pro de nuestro crecimiento personal, considerar todos aquellos hechos, pruebas que nos aporten experiencia, resultados y nos indiquen que tanto hemos crecido, especialmente en lo espiritual.
Como hemos señalado en otras oportunidades, afortunadamente nos acompañan en este tránsito, personas que nos legan sus aportaciones, producto de sus reflexiones, aprendizaje, de la importancia de estar despiertos, prestársele atención a nuestras acciones, comportamiento, indagar en su contenido en todo aquello que nos ayuden a vislumbrar lo importante que es saber aprovechar el tiempo que se nos ha dado para permanecer en esta dimensión.
En esta ocasión, hemos considerado muy importantes algunas sugerencias, pensamientos, reflexiones que nos lega Eckhart Tolle, que compartimos con el lector que se mantiene despierto ante el compromiso de crecer y optimizar sus resultados que le favorezcan en su paso por esta dimensión.
Tal como nos lo indica Wikipedia, Tolle nació como Ulrich Tolle en Alemania. Vivió con su padre en España desde los 13 años (en 1961) hasta que se trasladó a Inglaterra en sus primeros 20.
Tolle no recibió una educación formal a partir de los 13 años, aunque si tomó cursos de idiomas y otras materias. Acudió a la escuela nocturna para cumplir los requisitos de admisión para entrar en las universidades inglesas. Estudió en las Universidades de Londres y Cambridge. A los 29 años, Tolle experimentó lo que el considera una transformación espiritual que marcó el principio de su labor como consejero y maestro espiritual. Desde 1996 Tolle vive en Vancouver, British Columbia, Canada
Nos recuerda Tolle:
• Cuando hablamos de observar la mente estamos llevando a la esfera personal un evento de significa- do cósmico: a través de ti, la conciencia está despertando de su sueño de identificación con la forma y se está retirando de la forma. Esto presagia un suceso —y a la vez forma parte de él— que probablemente aún queda en un futuro lejano. Ese suceso es el fin del mundo.
• Mantenerte presente significa habitar tu cuerpo plenamente. Tener siempre parte de tu atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Sentir el cuerpo por dentro, por así decirlo. La conciencia corporal te mantiene presente. Te ancla en el ahora.
• El cuerpo que puedes ver y tocar no puede llevarte al Ser. Pero este cuerpo visible y tangible sólo es un caparazón externo o, más bien, una percepción limitada y distorsionada de una realidad más profunda. En tu estado natural de conexión con el Ser, esa realidad más profunda puede sentirse a cada momento como el cuerpo interno invisible, la presencia interna que te anima. Por tanto, «habitar el cuerpo» es sentirlo desde dentro, sentir la vida dentro del cuerpo y así llegar a saber que eres más allá de la forma externa.
• Estarás desvinculado del Ser mientras tu mente consuma toda tu atención. Si te ocurre esto —y a la mayoría de la gente le sucede continuamente—, significa que no estás en tu cuerpo. La mente absorbe toda tu conciencia y la transforma en materia mental. No puedes dejar de pensar.
• En los quehaceres de tu vida no concedas el ciento por ciento de tu atención al mundo externo y a la mente. Mantén parte de tu atención dentro. Siente tu cuerpo interno mientras participas en tus actividades cotidianas, especialmente cuando te relacionas con otras personas o con la naturaleza. Siente la quietud en lo profundo de él. Mantén la puerta abierta. Es muy posible ser consciente de lo No Manifestado a lo largo de la vida. Lo sientes como una profunda paz de fondo, una quietud que nunca te abandona, pase lo que pase fuera. Así te conviertes en un puente entre lo No Manifestado y lo manifestado, entre Dios y el mundo.
• La acción compulsiva y la tendencia a extraer la propia autoestima y la identidad de factores externos, como el éxito, es una ilusión inevitable mientras te identifiques con la mente. Esto hace que no puedas aceptar las fases bajas del ciclo, que no las dejes ser. Finalmente, la inteligencia del organismo puede adueñarse de la situación como medida de autoprotección y provocar una enfermedad que te obligue a detenerte para que pueda tener lugar la necesaria regeneración.
• En cuanto la mente juzga que un estado o situación es «bueno», le toma apego y se identifica con él, tanto si se trata de una relación como de una posesión, un papel social, un lugar o tu cuerpo físico. La identificación te hace feliz, hace que te sientas bien contigo mismo, y ese estado o situación puede llegar a convertirse en parte de quien eres o de quien crees ser.
• Pero nada es duradero en esta dimensión donde la polilla y el orín consumen. La situación acaba, o cambia, o puede producirse un cambio de polaridad: lo que ayer o el año pasado era bueno, súbita o gradualmente se vuelve malo. La misma situación que antes te hacía feliz, ahora te hace desgraciado. La prosperidad de hoy se convierte en el consumismo vacío de mañana. La boda feliz y la luna de miel se convierten en un doloroso divorcio o en una convivencia infeliz.
• Tu felicidad y tu infelicidad son, de hecho, la misma cosa. Sólo las separa la ilusión del tiempo
• La felicidad derivada de una fuente secundaria nunca es muy profunda. Sólo es un pálido reflejo de la alegría de Ser, de la vibrante paz que encuentras en tu interior cuando entras en el estado de no-resistencia. El Ser te lleva más allá de los opuestos polares de la mente y te libera de la dependencia de la forma. Aunque todo colapsara y se derrumbara a tu alrededor, en lo profundo de tu núcleo interno seguirías sintiéndote en paz. Puede que no te sintieras feliz, pero al menos estarías en paz.
• Las emociones negativas recurrentes contienen a veces un mensaje, como también lo contienen las enfermedades. Pero cualquier cambio que introduzcas, tanto si tiene que ver con tu trabajo como si afecta a tus relaciones o a tu entorno, será superficial a menos que surja de un cambio en tu nivel de conciencia. Y en cuanto a eso sólo puedo aconsejarte una cosa: mantente más presente. Cuando hayas alcanzado cierto grado de presencia, ya no necesitarás que la negatividad te indique qué necesita tu situación de vida.
• Cuando dices «no» a una persona o situación, esa negativa no ha de venir de la reacción, sino de la intuición, de una toma de conciencia clara de lo que es correcto para ti en ese momento. Haz que sea un «no» no-reactivo, un «no» de alta calidad, un «no» libre de toda negatividad que no cree más sufrimiento. Si no puedes rendirte, actúa inmediatamente: expresa tu queja, haz algo que pueda cambiar la situación, o retírate de ella. Asume la responsabilidad de tu vida.
• No contamines tu hermoso y radiante Ser interno ni la Tierra con negatividad. No des a la infelicidad, en ninguna de sus formas, un lugar donde habitar en tu interior.
Fuente: http://www.articuloz.com
VaterEin
CRECIMIENTO PERSONAL
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