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    CALIXTO GARMENDIA

        Ciro Alegría   Déjame contarte –le pidió un hombre llamado Remigio Garmendia a otro llamado Anselmo, levantando la cara-. Todos estos días, anoche, esta mañana, aun esta tarde, he recordado mucho… Hay momentos en que a uno se le agolpa la vida… Además, debes aprender. La vida, corta o larga, no es de uno solamente. Sus ojos diáfanos parecían fijos en el tiempo. La voz se le fraguaba hondo y tenía un rudo timbre de emoción. Blandíase a ratos las manos encallecidas. Yo nací arriba, en un pueblito de los Andes. Mi padre era carpintero y me mandó a la escuela. Hasta el segundo de primaria era todo…

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    PORCELANA

        Jennifer Thorndike   Me distraes. Estoy afeitándome las piernas y me he cortado la rodilla con la rasuradora, cerca del hueso. Sangro y te miro a través de la puerta del baño que he dejado entreabierta a propósito. A lo lejos tú también me observas y me distraes. Tus ojos parecen inertes, pero fijos en mi desnudez. Tu cuerpo está completamente inmóvil: solo miras y disfrutas, miras y distraes desde el sillón que has decido ocupar. Tus piernas no llegan al suelo y me hace gracia: siempre fuiste mucho más pequeña que yo, casi minúscula, mientras yo crecía sin parar. Pero eso nunca nos importó. ¿Qué importaban nuestras…

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    LA CURVA

        Luzrosario Araujo G.     La capilla abierta, escondida entre dos ficus, dejaba escapar el olor a jazmín de los arreglos del recinto. Algunos cirios se quemaban ahí adentro, las luces de sus llamas bailaban ondulantes; pero no lograban iluminar a la rata que afuera relamía las gotas de sangre del piso, que de rato en rato, se escapaban por las rendijas de un carro. Lo dejaron junto a la capilla, a unos metros de ahí. Aún seguía solitaria la carretera donde él había tomado, tantas veces indiferente, esa curva en busca de sus clientes. Si le preguntaron alguna vez, si se fijó en la capilla que estaba…

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    NO JUEGUES CON EL DIABLO

        Gino Winter   «No juegues con el Diablo, no juegues con el diablo, que el Diablo come candela, ah, no juegues con el Diablo, que el diablo come candela y te puede comer…» —Compay Quinto Empezaba una típica mañana tropical en Hialeah y una voz musical, abolerada, se filtraba al interior de la casa de doña Luisa Mayombe: —Doña Luuuchaaa… Luchiiitaaa… le traigo postreee… La señora Margarita—limeña septuagenaria — se escurría por la puerta trasera de la casa de su vecina con un trozo de pastel de chirimoya. La casa era oscura, pero, a pesar de sus ventanas cerradas, quedaba aun visible debido al rebote de los rayos…

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    LOS JEFES Y LOS EMPLEADOS

        Hernán Casciari   —¿Vos sos el jefe de Chiri? —me preguntó Nina. —No. —Entonces Chiri es tu jefe. —Tampoco, pensamos la revista entre los dos. —¿Y si no están de acuerdo en algo, quién gana? Me quedé pensando, busqué algún caso en la memoria pero no encontré. Le dije asombrado: —Siempre nos ponemos de acuerdo, dormite. —¿Pero entonces quién es el jefe de los dos? —Nadie —le contesté. Nina se quedó callada, pensé que por fin se quedaba dormida, pero no. Dijo: —Pero si un día se equivocan, ¿a quién hacen enojar? Esa noche soñé, nítidamente, un recuerdo de mayo de 1982. En el sueño tengo once años…