• LITERATURA

    UN SUEÑO REALIZADO

        Juan Carlos Onetti   La broma la había inventando Blanes —venía a mi despacho— en los tiempos en que yo tenía despacho y al café cuando las cosas iban mal y había dejado de tenerlo— y parado sobre la alfombra, con un puño apoyado en el escritorio, la corbata de lindos colores sujeta a la camisa con un broche de oro y aquella cabeza —cuadrada, afeitada, con ojos oscuros que no podían sostener la atención más de un minuto y se aflojaban en seguida como si Blanes estuviera a punto de dormirse o recordara algún momento limpio y sentimental de su vida que, desde luego, nunca había podido tener—,…

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    IMAGINATE QUE TU NOMBRE ES JORGE

        Hernán Casciari   Pensá por un momento que tenés casi ochenta años. La espalda arqueada, dolor en todos los huesos, problemas para mear. Imagináte que hace casi treinta años mataste a otros, o los mandaste matar, y que ya no te acordás por qué. Estás cansado, el mundo no te pertenece, ni siquiera entendés cómo funciona la videocasetera. Solamente querés disfrutar de tus nietos, ese único remanso posible, y esperar la muerte con serenidad. Imaginate que entonces, cuando sólo desearías que te dejasen en paz, la Corte Suprema de tu país dice que no, que ahora tenés que ir otra vez a contar tus batallas prehistóricas, que de nuevo tenés…

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    LOS CONEJOS BLANCOS

        Leonora Carrington   Ha llegado el momento de contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de Pest Street. Parecía como si las casas, de color negro rojizo, hubiesen surgido misteriosamente del incendio de Londres. El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York. Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a dar una vuelta por las calles; así que me estuve sentada contemplando la casa de enfrente,…

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    LA CASA INUNDADA

        Felisberto Hernández   De esos días siempre recuerdo las vueltas en un bote alrededor de una pequeña isla de plantas. Cada poco tiempo las cambiaban; pero allí las plantas no se llevaban bien. Yo remaba colocado detrás del cuerpo inmenso de la señora Margarita. Si ella miraba la isla un rato largo, era posible que me dijera algo; pero no lo que me había prometido; sólo hablaba de las plantas y parecía que quisiera esconder entre ellas otros pensamientos. Yo me cansaba de tener esperanzas y levantaba los remos como si fueran manos aburridas de contar siempre las mismas gotas. Pero ya sabía que, en otras vueltas del…

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    CINCO PARA LAS NUEVE

        Alonso Cueto   Van a ser las ocho y el sol brilla sobre la isla de cemento que estoy pisando. Me encuentro a mí mismo, me descubro en una calle cerca de unos árboles, junto a un poste. No sé muy bien en qué barrio. Un regimiento de hormigas camina. Las patitas marchan hacia arriba, hacia abajo, en círculos. La corriente me hace apurarme. Un enorme rinoceronte corre en mi cabeza. Pienso que puedo pararme en la pista y que el rinoceronte va a salir y va a correr delante de mí. Ahora siento un microbús: el bufido ronco, la nube de óxido. Ya tengo menos fuerza. Voy…