• LITERATURA

    LA CANCIÓN DE PERONELLE

        Juan José Arreola   Desde su claro huerto de manzanos, Peronelle de Armentières dirigió al maestro Guillermo su primer rondel amoroso. Puso los versos en una cesta de frutas olorosas, y el mensaje cayó como un sol de primavera en la vida oscurecida del poeta. Guillermo de Machaut había cumplido ya los sesenta años. Su cuerpo resentido de dolencias empezaba a inclinarse hacia la tierra. Uno de sus ojos se había apagado para siempre. Sólo de vez en cuando, al oír sus antiguos versos en boca de los jóvenes enamorados, se reanimaba su corazón. Pero al leer la canción de Peronelle volvió a ser joven, tomó su rabel,…

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    UN SIMPLE CORTE DE PELO… EN NEW JERSEY

        Gino Winter   Una madrugada al afeitarme, noté en el espejo que un triste mechón de cabellos plateados caía sobre mi frente a manera de rulo; al pasarle el peine quedé con un ligero ventarrón a Don Miguel Aveces Gemía (o Aceves Mejía, creo) así antes de que la cosa empeore y empiece a parecerme a La Tongolele decidí hacerme un simple corte de cabello, aquí… en New Jersey. Lo primero que hice fue entrevistar a todos los muchachos que trabajaban conmigo y preguntarles dónde se cortaban el pelo, para no caer nunca en esos terribles centros experimentales en donde asesinos de la tijera han dejado a la…

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    EL DESAFÍO

        Mario Vargas Llosa   Estábamos bebiendo cerveza, como todos los sábados, cuando en la puerta del «Río Bar» apareció Leonidas; de inmediato notamos en su cara que ocurría algo. – ¿Qué pasa? – preguntó León. Leonidas arrastró una silla y se sentó junto a nosotros. – Me muero de sed. Le serví un vaso hasta el borde y la espuma rebalsó sobre la mesa. Leonidas sopló lentamente y se quedó mirando, pensativo, cómo estallaban las burbujas. Luego bebió de un trago hasta la última gota. – Justo va a pelear esta noche – dijo, con una voz rara. Quedamos callados un momento. León bebió, Briceño encendió un cigarrillo.…

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    LA GANGA

        Truman Capote   Varias cosas de su marido irritaban a la señora Chase. Por ejemplo, su voz: siempre sonaba como si estuviera apostando en un juego de póquer. Escuchar su pronunciación lenta e indiferente la exasperaba, sobre todo ahora que, hablando con él por teléfono, ella estaba tan exaltada. “Claro que ya tengo uno, lo sé. Pero no entiendes, querido: es una ganga”, dijo ella, subrayando la última palabra, y después haciendo una pausa para que se desplegara toda su magia. Solo hubo silencio. “Bueno, podrías decirme algo. No estoy en una tienda. Estoy en casa. Alice Severn viene a almorzar. Es suyo el abrigo sobre el que…

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    TIEMPO DE GUERRA

        Enrique Patiño   La mañana olía a muerte. Era un olor extraño, azufrado y denso que Iván notó desde los albores de su sueño, pero que sólo al alba se le hizo irrespirable. Despertó asfixiado, aunque no sólo por el olor: el estertor de su propia respiración agónica lo había rescatado de una pesadilla, y de vuelta a la realidad se descubrió bañado en sudor, con el corazón desbocado y las manos trémulas, y además con la incisiva certeza de que el olor a muerte tenía algo que ver con su sueño.   Para aquella misma mañana estaba programado el ataque a su ciudad natal, y el sueño…