26
May
2007

EL CUENTO DE LAS ARENAS0

Esta historia es corriente en la tradición oral de muchas culturas. La presente versión es de Awad Afifi el Tunecino y fue recopilada por Idries Shah.  

Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase de valles y campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había oteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a éstas.

No obstante, estaba convencido de que su destino era cruzar aquel desierto, sin embargo no había manera. Entonces una recóndita voz, que venia desde el desierto mismo, le susurró’, “el viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río ‘. El río objetó que se estaba estrellando entra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa es la razón por la cual podía cruzar el desierto.

“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino” “¿Pero cómo podría suceder eso?”“Consintiendo en ser absorbido por el viento”. 

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?’ 

“El viento —dijeron las arenas— cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río”.

“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”
“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aun eso te llevaría muchos, pero muchos años. Y un pantano, ciertamente, no es la misma cosa que un río”.
“¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”“Tu no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz. “Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado río aun hoy porque no sabes qué parte tuya es la esencial”.Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él —”¿cuál sería?”— había sido transportado en los brazos del viento. También recordó -¿o le pareció?- que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.

Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchos pero muchos kilómetros más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar con más firmeza en su mente los detalles de la experiencia.

Reflexionó. “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad”.

El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron. “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto días tras día. y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña”.

Por eso se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas. 

Fuente: http://www.geocities.com

25
May
2007

A MI MADRE LE DECÍAN LOCA0

Max Dextre
Abril de 1936 - Marzo de 1998
Destacado poeta, periodista cultural y conferencista peruano.
  

A mi Madre le decían loca, pero no era loca, era profesora. Hablaba diferente. Decía: “Los ojos sirven para escuchar”. Yo tenía diez años de edad. Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá mi madre era loca.

Cierta vez me armé de valor y le pregunté: ¿Con qué miramos? Mi madre me respondió: “Con el corazón”.


Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba: “Hoy me he puesto mi vestido de veinte años”. Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba, nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar? Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla. “Hoy tengo ochenta años” -dijo-, cuando desaprobé un curso. Al fin pude terminar la educación primaria. El día de la clausura llegó tarde. Se disculpó diciendo: “Hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión, ¿No ves mi vestido de Primera Comunión?”. Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión.

Después tuvo ese accidente fatal. Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo: “No tengas pena, la muerte no es para siempre”. Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre. Era niño y no entendía sus palabras. Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas.
Sí, Madre. Podemos tener 20 años y al día siguiente ochenta. Todo depende de nuestro estado de ánimo. Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla. Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón. La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero. Ahora -en sueños platicamos- nos reímos de su método de enseñanza.


Aprendí a mirar con el corazón.
Una noche me dijo: “He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien. Es natural que el hijo de una loca sea loco”. Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije: “Madre, te equivocas, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco; a veces es poeta”.

Por eso puedo decir con orgullo: “A mi madre le decían loca, pero no era loca, era profesora. Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte”. 

Fuente: http://larosaldesprendersedesutallo.blogspot.com

23
May
2007

LA CANCIÓN, SU CANCIÓN0

LA CANCIÓN, SU CANCIÓN 

Tolba Phanen
(poeta africana y luchadora por los derechos civiles de las mujeres)

Cuando una mujer de cierta tribu de África sabe que está embarazada, se interna en la selva con otras mujeres y juntas rezan y meditan hasta que aparece la canción del niño. Saben que cada alma tiene su propia vibración que expresa su particularidad, unicidad y propósito. Las mujeres entonan la canción y la cantan en voz alta. Luego retornan a la tribu y se la enseñan a todos los demás.

Cuando nace el niño, la comunidad se junta y le cantan su canción. Luego cuando el niño comienza su educación, el pueblo se junta y le canta su canción.

Cuando se inicia como adulto, la gente se junta nuevamente y canta.

Cuando llega el momento de su casamiento, la persona escucha su canción.

Finalmente, cuando el alma va a irse de este mundo, la familia y amigos se acercan a su cama e igual que para su nacimiento, le cantan su canción para acompañarlo en la transición.

En esta tribu de África hay otra ocasión en la cual los pobladores cantan la canción. Si en algún momento durante su vida la persona comete un crimen o un acto social aberrante, se lo lleva al centro del poblado y la gente de la comunidad forma un círculo a su alrededor. Entonces le cantan su canción.La tribu reconoce que la corrección para las conductas antisociales no es el castigo; es el amor y el recuerdo de su verdadera identidad.“Cuando reconocemos nuestra propia canción ya no tenemos deseos ni necesidad de hacer nada que pudiera dañar a otros.
Tus amigos conocen tu canción y te la cantan cuando la olvidaste.
Aquellos que te aman no pueden ser engañados por los errores que cometes o las oscuras imágenes que muestras a los demás.”

“Ellos recuerdan tu belleza cuando te sientes feo; tu totalidad cuando estás quebrado; tu inocencia cuando te sientes culpable y tu propósito cuando estás confundido.”

“No necesito una garantía firmada para saber que la sangre de mis venas es de la tierra y sopla en mi alma como el viento, refresca mi corazón como la lluvia y limpia mi mente como el humo del fuego sagrado” 

Fuente: http://www.elistas.net