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LA TENENCIA
Hernán Casciari Fernando y Carla eran una pareja normal, de nuestra edad. Él valenciano; ella santafecina. Vivían acá cerca, en Alicante. Cuando nació Pablito (que ahora tiene dos años, pobre) hicieron lo que hacen todas las parejas que tienen una cámara digital: abrieron un blog para poner las fotos del nene y que los padres de Carla lo vieran crecer. Hasta ahí todo bárbaro. El problema empieza cuando Carla, al tiempo, abre un blog para ella sola. «Para contar mis cosas», le dirá más tarde al Juez. Fernando laburaba de funcionario en el Ayuntamiento de Alicante. Un pibe buenísimo (un día que estuvo en Barcelona pasó por casa).…
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EL BUCHE
Antonio Gálvez Ronceros – Buche, ¿no sientes frío? – No. – Yo sí, hombre – ¿No será de miedo? – ¡De miedo!… ¿Crees que soy maricón? – Eso lo veremos más de un ratito. – Ya verás. – ¡Mira! Se han sentado a la mesa. Van empezar a comer. Entonces, deben ser como las ocho. – Más o menos. Pásame un cigarro, ¿quieres? – ¿Estás loco? Nos pueden ver. – ¿Aquí, detrás de estas plantas? – ¡Claro, pues, tonto! ¿No sabes que de noche se ve bien clarita la luz? – ¡Ah, bueno! Como quieras. ¡Caramba, esa gente todavía no termina de comer! No me gusta esperar.…
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EL MÓVIL DEL DELITO
Hernán Casciari Hace tres días una mujer húngara de 32 años, «atractiva y elegante» según la prensa, hizo saltar la banca del Casino que existe en el londinense Hotel Ritz, llevándose (mediante cheque que firmó un Gerente temblando de rabia) 1,8 millones de euros. Una vez pagado el monto sin chistar, los burlados hoteleros pidieron al Scotland Yard que descubrieran el origen de la estafa. Cuando ayer leí el titular de la noticia me volvieron a la memoria todas las martingalas de mi vida. Los viajes nocturnos a Gualeguaychú con el billete justo; la ansiosa espera de fichas de chance en la atiborrada Mar del Plata de temporada alta;…
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EL PERRO TENDRÁ SU DÍA
Juan Carlos Onetti Para mi Maestro, Enrico Cicogna El capataz, descubierto por respeto, le fue pasando mano a mano los pedazos de carne sangrienta al hombre de la galera y la levita. Al fin de la tarde y en silencio. El hombre de la levita hizo un círculo con los brazos encima de la perrera y se alzó en seguida la ráfaga oscura de los cuatro doberman, casi flacos, huesos y tendones, y la ciega ansiedad de los hocicos, los dientes innumerables. El hombre de la levita estuvo un rato viéndolos comer, tragar, mirándolos después pedir más carne. —Bueno —le dijo al capataz—, lo…
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EL CAMPEÓN DE LA MUERTE
Enrique López Albújar Se había puesto el sol y sobre la impresionante tristeza del pueblo comenzaba a asperjar la noche sus gotas de sombra. Liberato Tucto, en cuclillas a la puerta de su choza, chachaba, obstinado en que su coca le dijera qué suerte había corrido su hija, raptada desde hacía un mes por un mozo del pueblo, a pesar de su vigilancia. Durante esos treinta días su consumo de coca había sobrepasado al de costumbre. Con regularidad matemática, sin necesidad de cronómetro que le precisara el tiempo, cada tres horas, con rabia sorda y lenta, de indio socarrón, y cachazudo, metía mano alhuallqui, que, inseparable y terciado…