• LITERATURA

    EL BOLSO CON PLATA DEL CANOSO

        Hernán Casciari   El lunes 23 de enero al mediodía Sebastián, un chico de 31 años, se sentó en un bar de Palermo y pidió milanesas con papas. El encargado del bar le trajo el plato con mala onda. En el mismo momento que empezaba a comer, un hombre canoso que estaba sentado en la mesa de enfrente pagó y se fue. Sebastián no le prestó atención, pero al minuto miró la mesa vacía y vio que el canoso se había olvidado en el suelo un bolso chico. Sebastián se estiró un poco y enganchó el bolso con el pie. Sin moverse de la silla atrajo el bolso…

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    MARÍA A LA CUATRO DE LA TARDE

        Pedro Gómez Valderrama   Acaba de pasar por esa calle un ciclista que llevaba en la mano derecha una guitarra, lo cual demuestra que es un hombre pacífico. Iba rodando lentamente; al principio partía en dos la calzada, pero después se inclinó sobre la izquierda, porque apareció un automóvil oscuro, tal vez negro, a cierta velocidad, lo cual en este barrio y a las cuatro de la tarde es sorprendente. Me convencí más todavía de que se trataba de un ser pacífico, porque, además de llevar la guitarra en la mano, lo cual le hacía tener especial cuidado para conservar el equilibrio, al llegar a la esquina evitó…

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    EL COLLAR DE PERLAS

        William Somerset Maugham Yo estaba predispuesto a sentir antipatía por el señor Kelada aun sin haberlo conocido. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las líneas oceánicas era intenso. Era difícil encontrar lugar y había que tomar lo que ofrecieran los agentes. No se podía esperar un camarote para uno solo, y yo agradecía el mío con sólo dos camas. Pero cuando escuché el nombre de mi compañero mi corazón se hundió. Sugirió puertas cerradas y la exclusión total del aire nocturno. Ya era bastante malo compartir un camarote por catorce días con cualquiera (yo viajaba de San Francisco a Yokohama), pero habría sido…

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    EL HOMBRE DE PLATA

        Isabel Allende   El Juancho y su perra «Mariposa» hacían el camino de tres kilómetros a la escuela dos veces al día. Lloviera o nevara, hiciera frío o sol radiante, la pequeña figura de Juancho se recortaba en el camino con la «Mariposa» detrás. Juancho le había puesto ese nombre porque tenía unas grandes orejas voladoras que, miradas a contra luz, la hacían parecer una enorme y torpe mariposa morena. Y también por esa manía que tenía la perra de andar oliendo las flores como un insecto cualquiera. La «Mariposa» acompañaba a su amo a la escuela, y se sentaba a esperar en la puerta hasta que sonara…

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    UNA BUENA PATADA EN EL CULO

        Gino Winter   —Qué buena ubicación, asere, justo donde no te capta la camarita ¿De operativo? —Héctor Moreno, exprofesor de física del Instituto de Ciencias de Camagüey, Cuba, me susurraba sigiloso su observación en el oído (desde atrás del sillón), a manera de saludo, sacándome de mi concentración Faulkneriana. Estaba leyendo Las palmeras salvajes (la versión en castellano, traducida por Borges) cuando Héctor me sorprendió en una de las salas de espera de los consultorios del Jackson South Community Hospital, de Kendall. —Hooola dottore Éttore Malanga, ja, ja, ja, no, ni cuenta me había dado. Estoy esperando a nuestra amiga Corina, que ha entrado a ver a su…