• LITERATURA

    EL HOMBRE MUDO

        Sherwood Anderson   Hay una historia –no la puedo contar- no tengo palabras. La historia está casi olvidada pero a veces me acuerdo.   La historia se refiere a tres hombres en una casa en una calle. Si yo pudiera decir las palabras yo cantaría la historia. Yo le susurraría a los oídos de las mujeres, de las madres. Correría por las calles diciéndolo una y otra vez. Mi lengua se desgarraría -se estrellaría contra mis dientes.   Los tres hombres están en una habitación de la casa. Uno es joven y guapo. Se ríe continuamente.   Hay un segundo hombre que tiene una larga barba blanca. Se…

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    LA SUEÑERA

        Ana María Shua   1   Para poder dormirme, cuento ovejitas. Las ocho primeras saltan ordenadamente por encima del cerco. Las dos siguientes se atropellan, dándose topetazos. La número once salta más alto de lo debido y baja planeando. A continuación saltan cinco vacas, dos de ellas voladoras. Las sigue un ciervo y después otro. Detrás de los ciervos viene corriendo un lobo. Por un momento la cuenta vuelve a regularizarse: un ciervo, un lobo, un ciervo, un lobo. Una desgracia: el lobo número treinta y dos me descubre por el olfato. Inicio rápidamente la cuenta regresiva. Cuando llegue a uno, ¿logrará despertarme la última oveja?   2…

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    LA MUERTE DE UN OBRERO

        Agota Kristof       Inconclusa quedó la sílaba, sin significado, flotando entre la ventana y el jarrón de flores. Inconcluso el gesto de tus frágiles dedos dibujando la mitad de una N mayúscula sobre las sábanas. —¡No! Creías que te bastaba con mantener los ojos abiertos para que la muerte no pudiera alcanzarte. Los abriste al máximo, hasta el límite de tus fuerzas, pero llegó la noche y te tomó en sus brazos. Ayer todavía pensabas en el coche que no terminaste de lavar aquel sábado, ya tan lejano, cuando recibiste el puñetazo de dolor en el estómago por primera vez. «Cáncer», había dicho el médico, y…

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    EL GATO COCIDO

        Roberto Arlt     Me acuerdo. La vieja Pepa Mondelli vivía en el pueblo Las Perdices. Era tía de mis cuñados, los hijos de Alfonso Mondelli, el terrible don Alfonso, que azotaba a su mujer, María Palombi, en el salón de su negocio de ramos generales. Reventó, no puede decirse otra cosa, cierta noche, en un altillo del caserón atestado de mercaderías, mientras en Italia la Palombi gastaba entre los sacamuelas de Terra Bossa el dinero que don Alfonso enviaba para costear los estudios de los hijos. Los siete Mondelli eran ahora oscuros, egoístas y enteles, a semejanza del muerto. Se contaba de este que una vez, frente…

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    CARRUSEL

        Rosana Alonso   Jefe decidió un día que Gordo debía bajarse, lo consideraba una carga no útil porque apenas se movía y no se ganaba el sustento, así lo dijo. Todos asentimos porque Jefe ya estaba en el autobús cuando llegamos. Conductor, como siempre, no opinó sobre el asunto, simplemente mantuvo la vista fija en la carretera y se puso a silbar esa melodía que se nos prende en el alma y la llena de nostalgia. Abandonamos a Gordo a pesar de sus protestas y continuamos la ruta. Hemos recorrido muchos lugares desde entonces, y sin embargo aún no llegamos a Destino. Hoy se ha subido un hombre…