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ME CAIGO Y ME LEVANTO
Julio Cortázar Nadie puede dudar de que las cosas recaen, un señor se enferma y de golpe un miércoles recae un lápiz en la mesa recae seguido las mujeres, cómo recaen teóricamente a nada o a nadie se le ocurriría recaer pero lo mismo está sujeto sobre todo porque recae sin conciencia recae como si nunca antes un jazmín para dar un ejemplo perfumado a esa blancura ¿de dónde le viene su penosa amistad con el amarillo? el mero permanecer ya es recaída es jazmín entonces y no hablemos de las palabras esas recayentes deplorables y de los buñuelos fríos que son la recaída clavada contra lo…
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TORTURAS CLÁSICAS
Alejandra Pizarnik “La condesa sangrienta” Fruits purs de tout outrage et [vierges de gerçures. Dont la chair lisse et ferme [appelait les morsures! – Baudelaire Salvo algunas interferencias barrocas –tales como la “Virgen de hierro”, la muerte por agua o la jaula– la condesa adhería a un estilo de torturar monótonamente clásico, que se podría resumir así: Se escogían varias muchachas altas, bellas y resistentes –su edad oscilaba entre los 12 y los 18 años– y se las arrastraba a la sala de torturas en donde esperaba, vestida de blanco en su trono, la condesa. Una vez maniatadas, las sirvientas las flagelaban hasta que la piel…
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DEBE HABER SIDO INCREÍBLE
Hernán Casciari Los que nacimos en Latinoamérica fantaseamos, desde la adolescencia, con visitar alguna vez Europa. Es una obsesión con la que nacemos. Lo extraño es que al europeo le pasa lo mismo. Por ejemplo a Cristina, mi mujer catalana. Ella soñó siempre, desde chica, con viajar alguna vez a la Patagonia, a las Cataratas, al Glaciar Perito Moreno… Son viajes raros para ellos, lugares exóticos del fin del mundo. Sin embargo, mi mujer ya vino cinco veces a la Argentina y solamente conoce la casa de mi hermana en la Plata, y la casa de mi mamá en Mercedes. La culpa la tengo yo. Solamente venimos…
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TIEMPO DE COSECHA
Mempo Giardinelli A Erskine Caldwell Cada vez que Juan Gómez salía de una chacra, después de atravesar las tranqueras, suspiraba profundamente, se encogía de hombros y caminaba un centenar de metros. Buscaba una sombra y se tendía boca arriba, con las manos bajo la nuca; silbaba entre dientes durante unos segundos, observaba el vuelo de alguna bandada de cotorras y al cabo murmuraba, suavemente: –Puta madre. Poco a poco comprendía que la vida era aún más amarga que lo que ya sabía. Hacía una semana que deambulaba en busca de trabajo. Le habían dicho que en la zona de Quitilipi se necesitaban braceros, pero…
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EN LA NOCHE
Ray Bradbury La señora Navárrez gimió de tal manera durante toda la noche que sus gemidos llenaban el inquilinato como si hubiese una luz encendida en cada cuarto, y nadie pudo dormir. Pasó toda la noche, mordiendo su almohada blanca, retorciendo sus manos delgadas y gritando: -¡Mi Joe! A las tres de la madrugada los habitantes de los apartamentos se convencieron, finalmente, de que la mujer jamás cerraría su roja boca pintada y se levantaron, sintiéndose acalorados y fastidiosos. Se vistieron y fueron a tomar el trolebús que los llevaría al centro, a uno de esos cines que funcionaban toda la noche. Allí, Roy Rogers se dedicaba…