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    LA NOCHE DE WALPURGIS

        Pilar Dughi   La primera vez que escuché la historia, fue en la casa de Santa Beatriz por boca de Ernestina Ruiz Perla, hermana de Agustín Beingolea de Huánuco, de quien se decía había poseído la hacienda más grande y rica del departamento; mujer leída, de conversación apasionada y cautivante, amante de los gatos y dueña de un bastón engastado con un pequeño manguito de bronce que estimulaba mi curiosidad, en esa tarde infantil cuya fecha ya no recuerdo. Todavía veo el patio de losetas rojas, los pañales colgados del tendero, las mujeres tomando el té y yo ahí, con esa sensación que me estremeciera de pavor y…

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    EL NADADOR

        John Cheever   Era uno de esos domingos de mitad de verano en que todo el mundo repite: «Anoche bebí demasiado.» Lo susurraban los feligreses al salir de la iglesia, se oía de labios del mismo párroco mientras se despojaba de la sotana en la sacristía, así como en los campos de golf y en las pistas de tenis, y también en la reserva natural donde el jefe del grupo Audubon sufría los efectos de una terrible resaca. —Bebí demasiado —decía Donald Westerhazy. —Todos bebimos demasiado —decía Lucinda Merrill. —Debió de ser el vino —explicaba Helen Westerhazy—. Bebí ¡demasiado clarete. El escenario de este último diálogo era el…

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    PUERTAS

        Nicolas Fratarelli   Se abren se cierran se dejan arrimadas. Entreabiertas. Cerradas con tres llaves, con una, con mil. Se encuentran en chozas, palacios cuevas de alivavá, departamentos, cuchitriles, cajas fuertes.   Algunas ofrecen que entre el que quiera, otras invitan otras disimulan. Otras  evitan el vaso de agua, otras miedosas  se abren apenas para pispiar.   Las hay vaivén,  giratorias pivotantes corredizas. De plegar de enrollar de una hoja de dos o tres carillas. Están las que se doblan, las se rompen las de acceso y las de salida –que casi siempre son las mismas- . Las hay de madera, de chapa de vidrio. Las hay  ausentes.…

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    MARGARITA O EL PODER DE LA FARMACOPEA

        Adolfo Bioy Casares No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión: -A vos todo te sale bien. El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía: -No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente. -El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho -contestaba. -Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad. -No el triunfo -me interrumpía- sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de…

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    EL DIABLO Y EL RELOJERO

        Daniel Defoe   Vivía en la parroquia de St. Bennet Funk, cerca del Royal Exchange, una honesta y pobre viuda quien, después de morir su marido, tomó huéspedes en su casa. Es decir, dejó libres algunas de sus habitaciones para aliviar su renta. Entre otros, cedió su buhardilla a un artesano que hacía engranajes para relojes y que trabajaba para aquellos comerciantes que vendían dichos instrumentos, según es costumbre en esta actividad. Sucedió que un hombre y una mujer fueron a hablar con este fabricante de engranajes por algún asunto relacionado con su trabajo. Y cuando estaban cerca de los últimos escalones, por la puerta completamente abierta del…