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    TAMBIÉN LOS NIÑOS…

        Heinrich Böll   –No puede ser –gruñó el centinela. –¿Por qué? –pregunté. –Porque está prohibido. –¿Por qué está prohibido? –Porque está prohibido, tú, está prohibido que los pacientes salgan. –Pero yo –dije con orgullo– soy un herido. El centinela me contempló despreciativo: –Seguro que es la primera vez que te hieren, si no ya sabrías que los heridos también son pacientes, y ahora vete ya. Pero yo no podía comprenderlo: –Entiéndeme –le dije–, solo quiero comprarle pasteles a la niña esa… Señalé hacia fuera, donde una pequeña y preciosa niña rusa estaba en medio de la nevada y vendía pasteles. –¡Que te metas adentro! La nieve caía silenciosa…

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    EL VIUDO EQUITATIVO

        Hernan Casciari   En una enorme mansión vivía un viudo rico con tres hijos: Federico, el primogénito; Alejandro, el segundo; y Bernardo, el benjamín. Cuando éstos eran aún pequeños, el oráculo le presagió al viudo que solamente uno sería astuto y triunfaría, mientras que los otros se dejarían engañar fácilmente. Pero no le dio nombres.   El viudo había logrado atesorar, en una larga vida de trabajo, 54 monedas de oro que guardaba celosamente. Su ilusión era que sus hijos heredaran aquella fortuna en partes iguales, pero temía que los más débiles no tuvieran la picardía necesaria para hacer valer el dinero antes de perderlo.   Una tarde…

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    UN HOMBRE SIN SUERTE

        Samanta Schweblin   El día que cumplí ocho años, mi hermana –que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo–, se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años. Primero sonrió, quizá por el mismo asco, después arrugó la cara en un asustado gesto de dolor. Cuando mamá vio la taza vacía colgando de la mano de Abi se puso más blanca todavía que Abi.   –Abi-mi-dios –eso fue todo lo que dijo mamá–. Abi-mi-dios –y todavía tardó unos segundos más en ponerse en movimiento.   La sacudió por los hombros, pero Abi no respondió. Le gritó, pero Abi tampoco respondió. Corrió…

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    TIERRA PROMETIDA

        Jeremías Gamboa   Jesus, help me find my proper place. Lou Reed   Tú estás sentado en uno de los asientos del carro que corre en la noche a un ritmo de locos y esta vez, inexplicablemente, no le tienes miedo a la velocidad. Has gritado, te has reído, le has dicho a él, le has escuchado decir que los dos se van a la tierra prometida, a Canaán, a un sitio que corresponda con tu nombre bíblico. Tú y Bruno a bordo del BMW, la mirada de ambos fija en la autopista, los ojos repasando una y otra vez las serpientes blancas, rígidas, que de pronto se…

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    CUANDO LO PEOR HAYA PASADO

        Pablo Ramos   Pez, te amo y te respeto demasiado, pero antes de que termine el día voy a matarte. Hemingway, El viejo y el mar       Todo comienza bien. Ella lo deja dormir un poco más y viste al chico en la otra habitación. Ella le trae al chico vestido con el delantal de la guardería, lo inclina sobre la cabecera de la cama y le dice a él que le dé un beso.   —Papá —dice el chico, señalándolo.   —Papá —confirma ella.   Ver al chico con el delantal de la guar­dería lo hace sonreír. Hoy no irá a trabajar, desconectará el teléfono…