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¡MIERA!
Antonio Gálvez Ronceros Tomado de Monólogo desde las tinieblas. En el camino que lleva al sembrado de camotes el negro don Andrés supo que en los últimos días el caporal Basaldúa se había puesto a hablar feas cosas de él. Mientras compraba plantas en el sembrado y llenaba de camotes los serones de su burro, le dijeron lo mismo. Entonces no aguantó más: trepó al burro de un salto y enderezó por un atajo hacia la casa del caporal. Pero ahí le dijeron que se había ido a vigilar unos riegos en la Punta de la Isla y que volvería una semana después. Sin decir nada pero…
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EL DERECHO DE SOÑAR
Eduardo Galeano Escrito en 1996 Vaya uno a saber cómo será el mundo más allá del año 2000. Tenemos una única certeza: si todavía estamos ahí, para entonces ya seremos gente del siglo pasado, y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio. Sin embargo, aunque no podemos adivinar el mundo que será, bien podemos imaginar el que queremos que sea. El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed. Deliremos, pues, por un ratito. El…
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SEGUNDO APÓLOGO CHINO
Leopoldo Marechal Cierta mañana, desde su trono burocrático y no recuerdo a raíz de que distribución oficialesca, el Ministro sentenció a locas: -El orden de los factores no altera el producto. -No estoy de acuerdo -le dije yo, lanzándome a la liza. -¿No está de acuerdo en qué? -tronó el Ministro. -En que el orden de los factores no altera un producto. Los Directores Generales no abandonaron su abstracción; pero en sus ojos abisales yo vi el relámpago de una delicia naciente. -¿Altera o no el producto? -me interrogó el Ministro, adoptando el aire frugal de la aritmética. -Según y conforme -le dije yo-, ¿Puedo contar un…
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TAXI DRIVER, SIN ROBERT DE NIRO
Fernando Ampuero Aquella noche el motorcito que activa las plumillas del parabrisas estaba fallando y barría mal la llovizna. Pero yo alcanzaba a ver, o bien a imaginar. Se repetía más o menos la historia que ya conocía de cabo a rabo. Los dos borrachos se habían detenido en medio de la calle, indiferentes al tránsito vehicular. Efusivos abrazos, tambaleos y por momentos una firme juntada de cabezas que hacía pensar en dos toros que se alistan a trabar combate. Sin embargo, en vez de pelear, estos pobres tipos –facha atildada de oficinistas, quizá empleados bancarios– se limitaban solamente a reír y vociferar con gestos de cantantes…
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PORQUE EL CIELO ES AZUL
Pablo Ramos + –Es así –me dice de espaldas, con la cabeza metida en la pileta de la cocina, mientras termina de enjuagarse el pelo–, ni te das cuenta de que el tiempo pasa. Se hace un turbante con la toalla, se da vuelta, toma el mate de arriba de la mesada y chupa de la bombilla hasta que el ruido le avisa que debe volver a cebar. Ceba otro, me lo da y soy cuidadoso de no tocarle la mano, de no romper el hechizo sin el cual, tal vez, no habría llegado nunca hasta su casa. –Qué vergüenza, agarrarme justo cuando me lavaba…