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EL ABUELO NAZI
Hernan Casciari A mediados de agosto una lectora me mostró una foto de su hija, en piyama y con pantuflas, que leía muy oronda un libro mío. La foto es divertida porque la nena, que puede tener entre ocho y diez años, está cruzada de piernas y parece ajena al mundo. Al final, su madre me hace una pregunta, un poco en chiste y un poco en serio: «Casciari», me dice, «¿cuán alejados de los niños hay que tener tus libros?». Le respondí con un recuerdo de mi infancia, que ahora comparto en el blog. ☼ ☼ ☼ Yo estaba a punto de cumplir once o doce…
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HELLO, THIS IS SUSAN IN HOT LINE
Eduardo González Viaña Puedes creer que mi nombre es un nombre lánguido y pálido, y puede ser el nombre de un sueño, y como dices parece el nombre de una mujer que nunca hubiera salido a la calle. Y es exactamente como te lo imaginas. Soy rubia y delgada, y mis piernas son largas y lánguidas, y el color de mi cuerpo se parece al color de mi vida. Y el color de mi vida se parece al color de esta habitación de donde nunca he salido, y por eso mi carne tan sólo ha sido calentada por la luz de la luna, y cuando la luna…
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CARTA DE DESPEDIDA DE HENRY MILLER A ANAÏS NIN
¿Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en las sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala…
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CRISIS
Sara Sanz Calvo «Déjala a ella que sea pájaro, tú serás elefante y yo el mono. Y esa fue la última decisión que tomaron antes de que sus vidas cambiaran para siempre. Eligieron el asalto como mejor opción para seguir luchando. Luchando porque ya no vivían una vida, sino una lucha: primero por conservar el trabajo, después por conseguir dinero y finalmente por quedarse en su hogar. Mirándoles se dio cuenta, que de tanto perder, habían perdido hasta el miedo.» Fuente: http://www.otraverdad.com/
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NO OYES LADRAR A LOS PERROS
Juan Rulfo —Tú que vas allá arriba, Ignacio, dime si no oyes alguna señal de algo o si ves alguna luz en alguna parte. —No se ve nada. —Ya debemos estar cerca. —Sí, pero no se oye nada. —Mira bien. —No se ve nada. —Pobre de ti, Ignacio. La sombra larga y negra de los hombres siguió moviéndose de arriba abajo, trepándose a las piedras, disminuyendo y creciendo según avanzaba por la orilla del arroyo. Era una sola sombra, tambaleante. La luna venía saliendo de la tierra, como una llamarada redonda. —Ya debemos estar llegando a ese pueblo,…