• LITERATURA

    NUNCA ME IMPORTÓ EL FÚTBOL

        Hernan Casciari   Tengo cuarenta y cuatro años y hace más de cuarenta que el fútbol no me importa. Empezó a no importarme cuando mi padre me dijo, en 1974, que su única ilusión era ver los mundiales acompañado. Yo tenía tres años y solamente buscaba una cosa en la vida: temas para conversar con él. Si mi padre hubiera dicho «mi ilusión es que te gusten los carros de combate alemanes de la marca Panzer», hoy miraría documentales sobre la Segunda Guerra y escribiría cuentos bélicos. Pero no fue así. Mi padre murió hace algunos años. Llegó a ver quince mundiales: desde el Maracanazo brasileño hasta la…

  • LITERATURA

    LA MUJER AZUL

        José Donoso   Myra se sentía radiante y feliz, mientras se apresuraba calle arriba. A pesar de sus dudas, la noche había sido un éxito. Con su falta de tacto, Joan y Lee la habían hecho sentir en casa desde el momento en que entró. Joan le abrió la puerta de su apartamento, y luego de mirar fija y gravemente su cara por un segundo, había exclamado: “¡Oh, Dios, Myra!, ¡has cambiado completamente!, ¡te ves maravillosa!, ¡Lee!, ¡Lee!, ¡ven a ver!”. La expresión de disculpa de Myra se había transformado en risa, e inmediatamente olvidó que al día siguiente tenía que regresar a la oficina y exponer su…

  • LITERATURA

    EL ROMANCE DE UN OCUPADO BOLSISTA

       O. Henry   Pitcher, empleado de confianza en la oficina de Harvey Maxwell, bolsista, permitió que una mirada de suave interés y sorpresa visitara su semblante, generalmente exento de expresión, cuando su empleador entró con presteza, a las 9.30, acompañado por su joven estenógrafa. Con un vivaz “Buen día, Pitcher”, Maxwell se precipitó hacia su escritorio como si fuera a saltar por sobre él, y luego se hundió en la gran montaña de cartas y telegramas que lo esperaban. La joven hacía un año que era estenógrafa de Maxwell. Era hermosa en el sentido de que decididamente no era estenográfica. Renunció a la pompa de la seductora Pompadour. No usaba…

  • LITERATURA

    HERMANOS

        Juan José Morosoli   Montes llegaba a la casa de Justina una vez por mes. Siempre a boca de noche. La casa daba frente a la calle real a la que le hacían costado una, veintena más, entre ranchos y viviendas de ladrillo. Se apeaba en los fondos que daban a un sendero que moría en el callejón. No quería que la gente lo viera llegar allí. Justina colmaba todas sus necesidades de hombre, de ser social y hasta de ternura. Los «m’hijo» con que la mujer salpicaba la conversación, le producían un placer extraño. Le ablandaban por dentro. Ella lo decía naturalmente. La expresión le había nacido…

  • LITERATURA

    LA IDENTIDAD

        Elena Poniatowska   Yo venía cansado. Mis botas estaban cubiertas de lodo y las arrastraba como si fueran féretros. La mochila se me encajaba en la espalda, pesada. Había caminado mucho, tanto que lo hacía como un animal que se defiende. Pasó un campesino en su carreta y se detuvo. Me dijo que subiera. Con trabajos me senté a su lado. Calaba frío. Tenía la boca seca, agrietada en la comisura de los labios; la saliva se me había hecho pastosa. Las ruedas se hundían en la tierra dando vueltas lentamente. Pensé que debía hacer el esfuerzo de girar como las ruedas y empecé a balbucear unas cuantas…