-
LA LLEGADA
Eduardo Galeano «Las palabras andantes« El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado. Recibió una caracola: -Para que aprendas a amar el agua Abrieron la jaula de un pájaro preso: -Para que aprendas a amar el aire Le dieron una flor al malvón. -Para que aprendas a amar la tierra. Y también le dieron una botellita cerrada: -No la abras, nunca. Para que aprendas a amar el misterio. Fuente: http://www.somosamigosdelatierra.org/
-
EL HÉROE
Rabindranath T. Tagore Madre, figúrate que vamos de viaje, que atravesamos un país extraño y peligroso. Yo monto un caballo rubio al lado de tu palanquín. El sol se pone; anochece. El desierto de Joradoghi, gris y desolado, se extiende ante nosotros. El miedo se apodera de ti y piensas: ‘¿Dónde estamos?’ Pero yo te digo: ‘No temas, madre’. La tierra está erizada de cardos y la cruza un estrecho sendero. Todos los rebaños han vuelto ya a los establos de los pueblos y en la vasta extensión no se ve ningún ser viviente. La oscuridad crece, el campo y el cielo se borran y ya no…
-
DEJAR A MATILDE
Alberto Moravia Un amigo mío camionero ha escrito en el cristal del parabrisas: “Mujeres y motores, alegrías y dolores”. No digo yo que no tenga sus buenas razones para decir que los dolores y las alegrías que le procuran las mujeres tengan más o menos el mismo peso en la balanza de su vida. Digo que, al menos por lo que se refiere a Matilde y a mí, esa balanza andaba muy desequilibrada: por un lado, muy alto, el platillo de las alegrías; por el otro, muy bajo, el platazo de los dolores. De modo que, al final, tras un año de noviazgo de puras peleas, incumplimientos…
-
LOS SUEÑOS DEL SAPO
Javier Villafañe Una tarde un sapo dijo: —Esta noche voy a soñar que soy árbol. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba a ser árbol esa noche. Todavía andaba el sol girando en la vereda del molino. Estuvo largo rato mirando el cielo. Después bajó a la cueva, cerró los ojos y se quedó dormido. Esa noche el sapo soñó que era árbol. A la mañana siguiente contó su sueño. Más de cien sapos lo escucharon: —Anoche fui árbol —dijo—, un álamo. Estaba cerca de unos paraísos. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como alas, pero no podía volar.…
-
KAFKA Y LA MUÑECA
Paul Auster «Brooklyn Follies» Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca. Kafka se ofreció a ayudar a buscar la muñeca y se dispuso a reunirse con ella al día siguiente en el mismo lugar. Incapaz de encontrar a la muñeca compuso una carta “escrita” por la muñeca y se la leyó cuando se reencontraron: – “Por favor no llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras …” – Este fue el comienzo de muchas…