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LA DISCUSIÓN

Luciano Lamberti

Javier suspira y da otra vuelta en la cama.

Suspiro fuerte para que me escuche. Me pregunto qué hora es. Perdí hace rato la noción del tiempo, a lo mejor las cuatro, a lo mejor las cinco de la madrugada. Nos acostamos a eso de las dos y media, a la vuelta de una reunión en la casa de uno de sus colegas psiquiatras, donde comimos una picada, bebimos vino, fumamos marihuana y  charlamos, sentados en unos cómodos sillones rústicos que el psiquiatra tenía en el living. Volvimos temprano porque mañana yo entro a las ocho a la tienda y nos acostamos y Javier no dejó de dar vueltas, intranquilo. 

Javi, le digo. ¿Podés dejar quedarte un poco quieto? Estoy intentando dormir y son las (me fijo en el celular), Dios, casi cinco de la mañana. En dos horas me levanto.

La psiquiatría no es una tabla de salvación, dice él.

¿Eh?

Ignacio, que decía que a él la psiquiatría lo volvía mejor persona. Pero la psiquiatría no es una tabla de salvación.

No sé de qué estás hablando.

¿No te acordás de ese momento de la charla?

No, no me acuerdo.

Fue un momento tenso. Ignacio estaba sacado.

No sé. Me quedé medio dormida, Javi. No entendía nada. Era una discusión de psiquiatras, ¿qué me pueden importar a mí esas cosas?

La discusión no tiene importancia, cabecita de zanahoria. Lo que tiene importancia es eso que se me acaba de ocurrir ahora. Es la réplica perfecta. ¿No te parece? ¿Por qué no se me ocurrió en ese momento? Odio que me pase siempre lo mismo. Discuto y a las tres horas se me ocurre la réplica perfecta. Lo odio.

Me encantaría dormir, Javi. Te lo pido por favor.

Sí, sí, ahora que te lo dije estoy más tranquilo.

Bueno, a dormir entonces.

A dormir.

Hacemos que dormimos. Pero lo siento intranquilo, todavía.  Al rato se levanta. Lo oigo salir al balcón y prender un cigarrillo. Oigo que habla solo. Sigue metido en la discusión. Replica en voz alta. La psiquiatría no es una tabla de salvación, dice. No lo es, no lo es.

Me levanto, camino hasta su lado. El horizonte está empezando a aclararse.

Voy a llamarlo y se lo voy a decir.

¿A esta hora?

Mmmj, dice Javier.

Tiene el celular en la mano, marca el número, se lo lleva a la oreja. No me importa lo que haga. Con tal de que durmamos de una vez.

Ignacio, dice Javier. Sí, soy yo. Javi. Ah, estabas durmiendo, disculpá, pero quería decirte algo que me había quedado de la discusión. La que tuvimos hace un rato, boludo, ¿cuál va a ser? ¿Hola? Hola. Hola, no te escucho. Se cortó, parece.

Vamos a dormir, amor, le digo.

Bueno, dice Javier.

Nos acostamos uno al lado del otro. Al cabo de un rato empiezo a dormitar, sé que estoy durmiéndome y la sensación es dulce como dulce debe ser la de morir. La voz de Javier me saca de ese estado.

Todo esto es porque no tenemos sexo, empieza.

Fuente: https://laagenda.buenosaires.gob.ar/

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