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LA LÓGICA DEL ENOJADO
Gonzalo Peltzer La cuarta vez que me llamaron a las 2 de la madrugada para avisarme que algo no andaba bien en mi línea de teléfono, contesté que si llamaban otra vez a esa hora iba a cortar el servicio de seguridad al que estaba abonado. Luego, ya de día y despierto, hablé con alguien de la compañía a quien le expresé lo mismo, pero además le remarqué que una llamada a esas horas siempre sobresalta al que atiende y que yo pagaba una empresa de seguridad para que cuiden mi sueño y no para que me pongan al borde del infarto día por medio. ¿Qué haría…
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UN SIMPLE CORTE DE PELO… EN NEW JERSEY
Gino Winter Una madrugada al afeitarme, noté en el espejo que un triste mechón de cabellos plateados caía sobre mi frente a manera de rulo; al pasarle el peine quedé con un ligero ventarrón a Don Miguel Aveces Gemía (o Aceves Mejía, creo) así antes de que la cosa empeore y empiece a parecerme a La Tongolele decidí hacerme un simple corte de cabello, aquí… en New Jersey. Lo primero que hice fue entrevistar a todos los muchachos que trabajaban conmigo y preguntarles dónde se cortaban el pelo, para no caer nunca en esos terribles centros experimentales en donde asesinos de la tijera han dejado a la…
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EL DESAFÍO
Mario Vargas Llosa Estábamos bebiendo cerveza, como todos los sábados, cuando en la puerta del «Río Bar» apareció Leonidas; de inmediato notamos en su cara que ocurría algo. – ¿Qué pasa? – preguntó León. Leonidas arrastró una silla y se sentó junto a nosotros. – Me muero de sed. Le serví un vaso hasta el borde y la espuma rebalsó sobre la mesa. Leonidas sopló lentamente y se quedó mirando, pensativo, cómo estallaban las burbujas. Luego bebió de un trago hasta la última gota. – Justo va a pelear esta noche – dijo, con una voz rara. Quedamos callados un momento. León bebió, Briceño encendió un cigarrillo.…
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LA GANGA
Truman Capote Varias cosas de su marido irritaban a la señora Chase. Por ejemplo, su voz: siempre sonaba como si estuviera apostando en un juego de póquer. Escuchar su pronunciación lenta e indiferente la exasperaba, sobre todo ahora que, hablando con él por teléfono, ella estaba tan exaltada. “Claro que ya tengo uno, lo sé. Pero no entiendes, querido: es una ganga”, dijo ella, subrayando la última palabra, y después haciendo una pausa para que se desplegara toda su magia. Solo hubo silencio. “Bueno, podrías decirme algo. No estoy en una tienda. Estoy en casa. Alice Severn viene a almorzar. Es suyo el abrigo sobre el que…
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TIEMPO DE GUERRA
Enrique Patiño La mañana olía a muerte. Era un olor extraño, azufrado y denso que Iván notó desde los albores de su sueño, pero que sólo al alba se le hizo irrespirable. Despertó asfixiado, aunque no sólo por el olor: el estertor de su propia respiración agónica lo había rescatado de una pesadilla, y de vuelta a la realidad se descubrió bañado en sudor, con el corazón desbocado y las manos trémulas, y además con la incisiva certeza de que el olor a muerte tenía algo que ver con su sueño. Para aquella misma mañana estaba programado el ataque a su ciudad natal, y el sueño…