DECISIONES CADUCADAS, COMO LOS YOGURES
Ricardo Ros
Las decisiones que tomas, las tomas porque consideras que esa es la mejor decisión para ese momento. Sin embargo, cada decisión tiene un ciclo de vida. Cuando se acaba ese ciclo, las decisiones se convierten en obsoletas. Las decisiones, como los yogures, caducan. Tomarte un yogur caducado puede darte un terrible dolor de tripas. No darte cuenta de que una decisión ha caducado te lleva irremediablemente a una situación de terrible inadaptación.
Tomar una decisión tiene varias etapas. Al principio, la decisión está basada en el riesgo. No sabes qué va a ocurrir. Apuestas por algo cuyo resultado desconoces. En esta etapa vas acumulando datos hasta que tienes los suficientes como para tomar la decisión. Acumulas datos y llega un momento en el que tienes que tomar la decisión. Las decisiones más arriesgadas se convierten en equivocaciones si actúas demasiado tarde. Nunca tienes la certeza segura de que vas a acertar. Tampoco sabes nunca cuántos datos necesitas para tomar esa decisión. Si esperas demasiado, el riesgo aún podría ser mayor. Por lo tanto, llega un momento en que te arriesgas y decides.
Buscas pareja, la encuentras y comienzas tu vida familiar. Buscas trabajo, lo encuentras y comienzas tu carrera profesional. Te ha costado decidirte. Hasta que das el paso de convencerte de que ese hombre o esa mujer son los adecuados para ti, hasta que das el paso de convencerte que ese trabajo te conviene, pasas por un mar de dudas, de vacilaciones, de titubeos. Pero un día lo ves claro y decides. Te tiras de cabeza a la piscina.
La segunda etapa es de comodidad. Compruebas que tu decisión es correcta y la mantienes. Sacas gratificación de tu decisión.
Comienzas a vivir con tu pareja, comienzas a trabajar en tu nuevo trabajo, se producen los primeros roces, las primeras incomprensiones. También se producen las primeras satisfacciones, los primeros beneficios. Estás contento, porque la balanza se mantiene equilibrada o a tu favor.
La tercera etapa es de abandono. Cambian las circunstancias, cambian los factores que hicieron que tomaras aquella decisión y, sin embargo, la sigues manteniendo. La piscina ha ido perdiendo agua y se está quedando vacía, aunque tú sigues creyendo que está llena. En esta etapa es difícil darse cuenta de que es necesario volver a asumir nuevos riesgos. El puente se resquebraja y sigues empeñado en seguir cruzando el río por el mismo sitio.
Lo inteligente es ajustar la decisión a los cambios que se van produciendo.
¿Cómo te adaptas al cambio con tu pareja, en tu trabajo, con tus hijos? ¿Quieres mantener la relación con tu pareja basándote en la decisión que tomaste el primer día? ¿Pretendes seguir en el mismo trabajo porque una vez decidiste que ese era tu mejor trabajo posible? ¿Vas a seguir tratando a tus hijos como si fueran niños, a pesar de que ya son adolescentes o adultos? ¿Qué nuevas decisiones tendrías que tomar para no quedarte obsoleto?
El trabajo que te convenía hace diez años quizás no es un trabajo que te convenga mantener hoy. Tú ya no eres el mismo, la empresa ha cambiado, el mundo ha cambiado. Tú dispones de muchos más recursos, has aprendido muchas cosas que antes no sabías. No es posible seguir manteniendo la relación con tu pareja basándote en los mismos parámetros que existían hace diez años. Tu pareja ha cambiado. Tú has cambiado. La relación, las necesidades, los intereses, las perspectivas de futuro han cambiado.
Mira hacia abajo. ¿Hay agua en la piscina? ¿Cómo tienes que hacer para volver a llenar de agua la piscina? ¿Cómo crear una nueva relación con tu trabajo? ¿Cómo establecer una nueva relación con tu pareja basada en lo que existe hoy, no en la decisión que tomaste hace años y que hoy está caducada. Como los yogures.
¿Qué opinas?
Fuente: http://www.ricardoros.com