26
November
2007
Blair Singer
Llega un momento en nuestras vidas en el que nos preguntamos: “¿Cómo llego al siguiente nivel?” tal vez esto no les suceda a todos, pero es algo que les sucede a aquellas personas que tienen el deseo de crecer, de volverse ricos o de crear algo grande para ellos mismos o para los demás.
Yo me he hecho esta pregunta muchas veces a lo largo de los años y recientemente he recibido decenas de correos haciéndome la misma pregunta. Esto es lo que puedo decir al respecto.
¿Alguna vez has sentido que has llegado a una zona de estabilidad? O ¿Has experimentado un crecimiento repentino ya sea como vendedor o como empresario y de repente te has topado con una barrera al parecer infranqueable?
Ya sabes a lo que me refiero, es como si te golpearas la cabeza contra el techo. Cuando esto sucede por lo general te acompaña una sensación de frustración o enojo al no poder romper la barrera que te impide llegar al siguiente nivel. Puede tratarse de ventas, ingresos, crecimiento o capacidad.
La condición la puedo describir mejor como una increíble sensación de felicidad y éxito al inicio, seguida por una serie de problemas o distracciones, desaceleración y donde finalmente se llega a un nivel de operaciones más bajo con el cual ya estás familiarizado, o incluso puedes llegar a caer a un nivel más bajo de lo normal, lo cual te hace reaccionar volviendo a hacer un gran esfuerzo compensatorio y simplemente el ciclo se vuelve a repetir.
Si tienes un negocio propio, eres auto empleado, te dedicas a las ventas o simplemente te encuentras en el camino hacia la libertad financiera, sabes exactamente de lo que estoy hablando. Mucha gente me pregunta, “¿esto se debe a que tengo miedo de tener éxito?” Puede ser, ¡pero lo dudo! ¿Realmente le tienes miedo a la riqueza? No lo creo.
Si actualmente eres feliz donde te encuentras y no aspiras a alcanzar un nivel más alto de éxito, logros, ingresos o riquezas, entonces cabe la posibilidad de que no hayas experimentado la situación a la que me refiero. Pero si te identificas de algún modo, aquí hay un par de consejos:
Una de las cosas más poderosas que he hecho a lo largo de mi vida para impulsarme a alcanzar un nivel más alto de operaciones, es encontrar a un entrenador que tenga la capacidad de aislar mis fortalezas y ayudarme a dar el siguiente paso. Es alguien que sabe como exponerte al fuego y mantenerte responsable de alcanzar tus sueños y tus metas. No se trata necesariamente de un amigo que te “entiende”. Es alguien que puede patearte el trasero para que no te salgas del camino y es alguien que incluso te pedirá más de ti mismo de lo que tú serías capaz.
Lo segundo es que debo encontrar un mentor de quien pueda aprender un patrón exitoso y que posteriormente yo pueda reproducir. No hay que tratar de reinventar “la rueda” cuando se trata de alcanzar el éxito. Un mentor no necesariamente es alguien con quien debas hablar. Puede ser alguien a quien nunca hayas conocido pero has podido observar a distancia. ¿Quién lo podría hacer mejor en tu situación? ¿Qué es lo que estás tratando de lograr realmente?
Lo tercero, es importante saber que todos tenemos fortalezas. Sin embargo, una persona puede no tener todas las capacidades necesarias. Puedes necesitar un socio. Alguien que comparta tu visión, tus metas y tu plan de negocios, pero que ponga sobre la mesa talentos y habilidades que tú no posees. Por ejemplo, puedes ser un gran vendedor o promotor pero puedes no ser un buen planeador estratégico o administrador. Sin ambos, puedes llegar a cierto nivel de competencia y posteriormente estrellarte contra la pared.
Las sociedades empresariales son algo crítico, pero hablaremos de eso en otra ocasión. Por ahora debes estar consciente de la necesidad de buscar un socio cuando sea necesario. No querrás competir con tus socios en el mismo terreno, especialidad, talento y fortaleza. Cada socio debe tener su propia especialidad y debe estar motivado por algo más que el dinero.
Lo más importante para llegar al siguiente nivel es que tienes que hacer un análisis profundo de tu propia persona. ¿Dónde has llegado a dudar de ti mismo? ¿Cuáles son tus patrones de conducta que no te permiten dar el siguiente paso? ¿Cuáles son los elementos que se presentan cuando esto sucede? Y por otro lado, ¿Cuáles son las áreas donde puedes aplicar tus fortalezas? ¿Cuáles son las cosas en las que te deberías concentrar, y cuales son las cosas que deberías dejar atrás? Un buen entrenador puede ayudarte a descubrir todo esto y a romper con patrones que no te permiten avanzar.
Finalmente, sólo te será posible llegar al “siguiente nivel” si realmente crees que lo puedes hacer. Puedes no saber exactamente cómo, pero hay quienes te pueden ayudar a llegar a ese lugar si realmente crees en ello. Recuerda que la venta más difícil es venderte tus ideas a ti mismo. Muchos renuncian a sus propios sueños al creer que es una cuestión de talento. Eso no es verdad. En tu interior sabes que naciste para alcanzar la grandeza. No dejes que tu vocecita o las vocecitas de los demás conquisten tu espíritu y definan tu destino.
¡El siguiente nivel es tuyo!
¡Sé Increíble!
Fuente: http://www.vendedoresperros.com
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26
November
2007
David Montalvo
Un músico debe hacer música, un pintor debe pintar, un poeta debe escribir, con tal de que esté en paz consigo mismo. Lo que un hombre puede ser, debe serlo.
- Abraham Maslow
Existen héroes anónimos en las calles que tal vez nunca vamos a conocer. Personas que aunque carezcan de un gran poder de atracción y convocatoria, ni tengan una capa para volar o una portada en el periódico para brillar, logran que su trayecto no sea en vano.
Pepe es uno de ellos. Un taquero que se levanta antes que las gallinas: a las 4:30 de la mañana, diariamente, abre el ojo, para calentar sus guisos, cargar todo a su camioneta y transportarse al centro de la ciudad, para que a las 7 de la mañana ya esté vendiendo sus tacos a los primeros transeúntes que llegan al lugar.
Contemplar a Pepe servir sus tacos es todo un espectáculo, pone cada ingrediente con un arte y una calidad de gourmet que impresiona. Trata igual a un obrero como a un alto empresario. Se ve que entrega el corazón en cada platillo.
Esa entrega que traducimos en pasión no se consigue en alguna tienda. Se vive, se conquista, se siente en el alma.
Estoy seguro que Pepe dejó de trabajar cuando empezó a hacer lo que le gusta. Ahí comenzó a gozar al máximo, recibiendo por añadidura ingresos que lo mantienen económicamente estable.
Levantarse día con día para hacer lo mismo, como vender tacos, es tan rutinario o emocionante de acuerdo a lo que marque nuestro termómetro de pasión.
Si no estamos inspirados, lo más seguro es que caigamos en la desesperación o hartazgo. Por eso hay tantas huelgas, tanta rotación de empleados, tantos divorcios, tanta gente insatisfecha.
Se nos ha enseñado a cumplir protocolos culturales, tengamos o no interés. Comentarios como: “No importa qué estudies, pero dame el título”, “Ya cásate que se te hace tarde”, “Pon un negocio lo más pronto posible”, nos privan del poder de la decisión y nos borran la importancia de emprender con pasión cada cosa que hacemos.
A veces, por cumplir ciertos requisitos, empezamos nuevos trabajos y relaciones para, en pocos días, estar tirando la toalla o, como meros masoquistas, aguantando hasta no soportar más.
La rutina es el principal enemigo de la pasión; por eso la importancia de evitarla con pequeños detalles. Pepe la elimina haciendo cambios en su negocio, ofreciendo nuevas promociones y disfrutando de conocer gente nueva, porque como él dice: “No sirvo tacos, sirvo alegría y amistad”.
Así es la gente triunfadora, personas que inspiran, gente que ama lo que hace y que no se enfoca en tener sólo unos cuantos pesos en el mes, sino en materializar sus sueños, divertirse, disfrutar al máximo, viviendo con pasión cada cosa que hace. Como dice Wayne Dyer: “Cuando uno está inspirado, nunca tiene que preguntarse por su objetivo: sencillamente lo vive”.
Lo maravilloso es que el éxito y el bienestar económico llegan a sus vidas de manera espontánea, mágica y abrumadora cuando hacen lo que realmente desean. Ahí está la diferencia.
Fuente: http://www.secretosenred.com
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25
November
2007
Eduardo González
En muchos de mis Talleres y Conferencias recurro a un libro, sencillo pero profundo y práctico como es “Los Cuatro Acuerdos”, de Miguel Ruiz. Son cuatro consejos invalorables para vivir mejor, con menos estrés y convirtiéndonos cada día en mejores seres humanos.
El primero de ellos es: “Sé impecable con tus palabras”. En él, reconoce la fuerza del verbo, de la palabra. Cuantas veces no nos hemos arrepentido de haber dicho algo inapropiado o fuera de tiempo o lugar y al mismo tiempo, cuántas veces no dejamos de decir algo, que luego lamentamos haber callado. Al mismo tiempo se refiere a utilizar siempre la verdad, a que haya congruencia entre lo que pienso, digo y hago. Que difícil es mantener una mentira, cuanta energía desperdiciamos a veces para mantener un engaño, incluso a veces podemos llegar a engañarnos a nosotros mismos. Cuando hablo con la verdad por delante no solo vivo en congruencia sino que es una excelente píldora contra el insomnio, ya que nada mejor que colocar la cabeza en la almohada a la hora de dormir y caer en sueño inmediatamente sin que haya nada que dije en el día de lo cual me arrepienta y me quite el sueño. Dicen que las palabras deben ser como la brisa suave que no te golpea sino que acaricia tu piel cuando te roza. Sé como la brisa, vive en congruencia y habla solo con la verdad.
El Segundo Acuerdo dice: “No te tomes nada personalmente”. Este acuerdo tiene que ver con el trabajo del Ego que cada uno debe realizar. Yo no soy lo que hago o lo que tengo, yo simplemente soy el que soy, como han dicho tantos Maestros Iluminados. En la vida nos solemos identificar con los roles que nos toca desempeñar, como padres, ciudadanos, profesionales, amigos, espectadores, etc.. pero tengo que saber que yo no soy eso, yo soy aquel que interpreta el rol; por tanto si estoy consciente de mi verdadera naturaleza, en esencia espiritual, debo reconocer que todas aquellas circunstancias tanto adversas como favorables que nos toca vivir en cada rol, son solo para nuestro aprendizaje , crecimiento y evolución y que el verdadero actor (el alma) no se queda enganchado en las dificultades de cada personaje que le toca interpretar. Si tienes un problema en el trabajo, al llegar a la casa no lo pagues con tus hijos o tu pareja, que tu rol de empleado o jefe no se quede pegado luego al rol de padre o esposo (a). Vive cada personaje a plenitud, aprende de las dificultades pero siempre actuando desde tu centro, desde tu verdadero ser, desde tu alma.
El tercer Acuerdo dice: “No hagas suposiciones”. Este acuerdo tiene que ver en que siempre pensamos que nosotros tenemos la razón, en que el mundo es o debería ser como yo lo veo. Eso hace que no percibamos las cosas como son, sino como las ve o supone nuestra imaginación. Hacer suposiciones es adelantarse en el tiempo, es hacer juicios a priori en función de lo que observo. Pero cuán real es mi capacidad de observar. A veces nos levantamos en la mañana y si al ver por la ventana nos pregunta nuestra pareja: ¿Cómo amaneció el día? La respuesta suele ser: ”El día está muy feo, parece que va a llover”. La verdad es que el día está nublado, no necesariamente feo. El calificativo lo añade mi mente que supone que pasará tal o cual cosa por la lluvia y deduce que el día está feo. Sin embargo para las cosechas, los embalses, para los que tienen sed… ese día es hermoso porque del cielo les llegará el agua que necesitan. Vive en presente y aprende a ser un observador imparcial.
El cuarto y último acuerdo dice: “Haz siempre lo máximo que puedas”. A veces vamos por la vida siendo mezquinos con nosotros mismos y con los demás. Si creemos en la ley de Causa y Efecto en la que a toda acción corresponde una acción igual pero en sentido contrario, debemos concienciar que si queremos conectarnos con la abundancia y la prosperidad, recibiendo el máximo que el Universo tiene para nosotros, debemos comenzar por darnos por entero en cada evento de nuestras vidas. Todos poseemos una especie de “reserva oculta”, que utilizamos en momentos de crisis o emergencias. La idea es que cada vez que me toca apoyar a alguien, haga uso de esa reserva, y pueda decir después: “Hice lo máximo que podía”, que así como debo tratar de no arrepentirme de lo que dije o dejé de decir, de la misma forma no lamentar el no haberme entregado por completo, en particular cuando hago un servicio a otros.
Aplicando estos cuatro consejos de Miguel Ruiz sin duda que viviremos más plena y conscientemente, que es lo que hoy buscamos gran parte de los seres humanos.
Fuente: http://www.liderazgoymercadeo.com
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