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    LA CALMA Y EL SILENCIO

    Caitl Acotl “Así Hablaba Quetzacóatl” En aquel tiempo eran muchos los que se retiraban a la soledad de los montes a meditar. Y eran muchos los que en el silencio de los volcanes nevados y de los pequeños valles ocultos, se buscaban a sí mismos. Pero Quetzacóatl les decía: Aquellos que buscan el Silencio en la calma nunca lo encontrarán desnudo. Para desnudarlo hay que buscarlo entre el bullicio. Díganme: ¿De qué sirve a un corazón tener calma en medio de la soledad?, ¿A poco no es como la calma que tiene un lago estancado en un valle? Mas, ¡Qué grande es un corazón cuando en medio de las dificultades…

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    ¿DÓNDE ME APRIETA EL ZAPATO?

    Nos cuenta Plutarco en una de sus historias, que en aquellos tiempos de la antigüedad había un romano que decidió separarse de su mujer abandonándola. Sus amigos le recriminaron por ello, pues no veían claros los motivos de aquel divorcio: – ¿No es hermosa? -preguntaban. – Sí. Lo es. Y mucho. – ¿No es, acaso, casta y honrada? – Sí. También lo es. Extrañados, insistían en conocer el motivo que había llevado a su amigo a tomar una decisión tan extrema. El romano, entonces, se quitó un zapato y mostrándolo a sus amigos, preguntó: – ¿Es bonito? – Sí. Lo es -dijeron ellos. – ¿Está bien construído? – Sí. Eso…

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    EL BRAHMÍN

    Era en el norte de la India, allí donde las montañas son tan elevadas que parece como si quisieran acariciar las nubes con sus picos. En un pueblecillo perdido en la inmensidad del Himalaya se reunieron un asceta, un peregrino y un brahmín. Comenzaron a comentar cuánto dedicaban a Dios cada uno de ellos de aquellas limosnas que recibían de los fieles. El asceta dijo: –Mirad, yo lo que acostumbro a hacer es trazar un círculo en el suelo y lanzar las monedas al aire. Las que caen dentro del círculo me las quedo para mis necesidades y las que caen fuera del círculo se las ofrendo al Divino. Entonces…

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    QUIÉN ES EL CIEGO

    Charlotte Wechsler “Pequeños Milagros”, libro de Yitta Halberstam/Judith Leventhal Aquel año el invierno neoyorquino se extendió lánguidamente hasta fines de abril. Como vivía sola y era ciega, tendía a permanecer en casa gran parte del tiempo. Por fin, un día el frío desapareció y entró la primavera, llenando el aire con una fragancia penetrante y alborozadora. Por la ventana de atrás, un alegre pajarito gorjeaba con persistencia, invitándome a salir. Consciente de lo caprichoso que es abril, me aferré a mi abrigo de invierno pero, como una concesión al cambio de temperatura, dejé mi bufanda de lana, mi sombrero y mis guantes. Tomando mi bastón de tres picos salí alegremente…

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    NO SE HAN PODIDO LLEVAR LA MÚSICA

    Eduardo Galeano Se dice que era un mago del arpa. En la llanura de Colombia no había ninguna fiesta sin él. Para que la fiesta fuese fiesta, Mesé Figueredo tenía que estar allí con sus dedos bailadores que alegraban los aires y alborotaban las piernas. Una noche, en un sendero perdido, fue asaltado por unos ladrones. A la mañana siguiente, alguien lo encontró. Estaba tendido en el camino, un trapo sucio de barro y sangre, más muerto que vivo. Y entonces aquella piltrafa dijo con un hilo de voz: – “Se llevaron las mulas.” Y dijo también: – “Se llevaron el arpa.” Y, tomando aliento, rió: – “¡Pero no se…