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PETIT ALZHEIMER
Hernán Casciari Esto empieza con unos versos. No hablo de este relato en particular, sino de la vida entera. «Entre el vivir y el soñar», decía Machado, «hay una tercera cosa: ¡adivínala!». Todos hemos rozado esta «tercera cosa» alguna vez: hay un momento al despertar, justo antes de abrir los ojos, que se parece a la demencia senil: sabemos que estamos vivos, que algo nos palpita adentro, pero no sabemos nada más. No hay una palabra en español para nombrar a este desconcierto, por eso lo bauticé con dos, una en francés y la otra en alemán: petit Alzheimer. Me pasó por primera vez a los nueve…
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PARÁBOLA DEL BUEN SER
Sindo Pacheco La Comisión Central de Todos los Asuntos llegó a Paraísa un domingo pasadas las dos de la tarde. Había caído un aguacero en horas de la mañana, pero el sol había secado las calles y el entorno brillaba más de lo habitual. La comitiva fue hospedada en el único hotel con que contaba el municipio, cerrado desde hacía tiempo por no tener qué ofertar a los desesperados usuarios. Ahora había sido pintado y reabastecido, y algunos de sus antiguos empleados fueron requeridos para atender como correspondía a tan reconocida visita. Un cartel a la entrada del vestíbulo le daba la bienvenida, y por los alrededores…
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OTORONGO
Dante Castro a don Ramón Sánchez Era muy de noche cuando llegó una patrulla del ejército a Quebrada Huariacca preguntando por el teniente-gobernador. Sonaban disparos de fusil y el aire de aromas naturales se llenó de olores extraños traídos de otras tierras. Los uniformes de invierno de la tropa se adherían a sus cuerpos despidiendo un vaho acre de sudores de caballo. La selva se puso quieta y silenciosa como esperando la lluvia y hasta el viento se refugió en lo más recóndito de la quebrada. Los colonos, sorprendidos en su sueño, comenzaron a prender antorchas y bajaron hacia el camino como un intermitente enjambre de luciérnagas. -No…
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EL BERGANTÍN HOLANDÉS
Guillaume Apollinaire El bergantín holandés Alkmann regresaba de Java, cargado de especias y otros productos preciosos. Hizo escala en Southampton, y se les dio permiso a los marineros para que descendieran a tierra. Uno de ellos, Hendrijk Wersteeg, llevaba un mono en el hombro derecho, un loro en el izquierdo y, cruzado en el pecho, un fardo con tejidos hindúes que tenía intención de vender en la ciudad, al igual que los animales. Era el comienzo de la primavera, y aún anochecía temprano. Hendrijk Wersteeg caminaba con paso tranquilo por las calles casi brumosas apenas alumbradas por las luces a gas. El marinero pensaba en su próximo…
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LA RANA HERVIDA EN LA OLLA
Hernan Casciari Estoy en un Simposio de gente muy culta, en México. Me invitaron a disertar sobre el futuro del libro. En la sala hay personas muy destacadas y me sientan en segunda fila. Como mi conferencia es mañana me dispongo a escuchar al señor que habla, pero enseguida me distraigo. En el siglo veinte yo podía concentrarme sin problemas. Podía leer o escribir durante horas, y también podía ir a conferencias largas y prestar atención; pero ya no. Me pasó algo paulatino, en principio sin importancia, de lo que no me di cuenta; como cuando ponemos una rana en una olla con agua tibia y encendemos…