• LITERATURA

    EL MAL FOTÓGRAFO

        Juan Villoro   Recuerdo a mi padre alejarse del grupo donde se servía limonada. En las playas o los jardines, siempre tenía algún motivo para apartarse de nosotros, como si los niños causáramos insolación y tuviese que buscar sombra en otra parte.   Puedo ver su cara recortada en el quicio de una puerta, fumando con desgano, con la rutina parda del adicto que hace mucho dejó de disfrutar el vicio. Nunca se quitaba la corbata. Para él las vacaciones eran el momento en que se manchaba la corbata y no le importaba. Sólo se ponía otra al volver al trabajo.   Supongo que nunca se adaptó a…

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    EL INTERRUPTOR DE MARCELINO

        Hernán Casciari   A los nueve años Marcelino se metió el dedo en el ombligo y descubrió, bien al fondo, un botón parecido a los que se usan para apagar la luz. Ni su mamá, ni su pediatra, ni él mismo lo habían visto nunca porque no podía verse: este interruptor estaba muy al fondo, solamente podía tocarse con la yema de los dedos. Ese día Marcelino estaba en la escuela y se preguntó qué pasaría si apretaba el interruptor. Fue un momento importantísimo de su vida. La maestra explicaba algo sobre las fracciones, y Marcelino hizo ¡clic! en el botón. Primero sintió un zumbido en la cabeza y después muchas ganas…

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    MARÍA

        Luzrosario Aráujo G. “A-Preciado Juan”     Llegó con tiempo a la estación, y mientras se fijaba en los horarios de los trenes se le acercó un joven y le pidió veinte francos; según él, necesitaba completar su tique para Marsella. Ella lo miró furiosa, no sólo porque veinte francos equivalían en su país una buena cantidad de dinero, sino también por la desfachatez del muchacho. El joven lucía más como un artista de Montmartre que como un indigente. Ella lo observó de pies a cabeza, él llevaba sobre sus hombros una mochila a medio cerrar, que dejaba ver su paleta con colores de arco iris, pinceles con…

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    LA OTRA MARIANA

        Viviana Mellet   La luz. Ernesto se levanta del escritorio para encenderla. Esta hora siempre lo llena de zozobra. El cielo se pone lívido y las nubes parecen apurarse, como la gente que, en la calle, corre para alcanzar el colectivo. Los fluorescentes parpadean antes de iluminar la oficina, mientras Ernesto termina de anotar números en una planilla. La dobla y la deposita en el cajón. Se pone el saco y sale. En el vestíbulo del edificio, el portero toma café con bizcochos. Se le hizo tarde otra vez, le dice, tocándose la gorra a manera de despedida. Él le responde encogiéndose de hombros. Habrá que tomar un…

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    MUEBLES “EL CANARIO”

        Felisberto Hernández   La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volví a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacía mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa…