LITERATURA

MARÍA

 

 

Luzrosario Aráujo G.

A-Preciado Juan

 

 

Llegó con tiempo a la estación, y mientras se fijaba en los horarios de los trenes se le acercó un joven y le pidió veinte francos; según él, necesitaba completar su tique para Marsella. Ella lo miró furiosa, no sólo porque veinte francos equivalían en su país una buena cantidad de dinero, sino también por la desfachatez del muchacho.

El joven lucía más como un artista de Montmartre que como un indigente. Ella lo observó de pies a cabeza, él llevaba sobre sus hombros una mochila a medio cerrar, que dejaba ver su paleta con colores de arco iris, pinceles con restos de pintura y algunos lienzos. Sus manos y sus uñas tenían vestigios de los colores con los que había trabajado.

Se veía fuerte y sano, ella no encontraba justificación alguna para darle ese dinero. Cuando sus ojos se encontraron, él sostuvo su mirada e insistía en su petición. A ella, su rostro, reflejado al fondo de sus pupilas, le trajo a la memoria María, del Túnel, de Sábato.

Pensar en esa historia le hizo sospechar que el encuentro con aquel joven no había sido casual, que por alguna misteriosa razón del destino, él la había escogido entre esa multitud de viajeros.

Intuyó en ese encuentro algo fatal y tuvo miedo; aún así sostuvo su mirada y se negó a darle los veinte francos.

Supuso que él era Pablo, y creyó oír apagada y distante su voz diciendo: <<¡ María, te necesito!, ¡aún no sé para qué!>>.

Le vino el recuerdo del rostro de Pablo, primero apoyado sobre los vidrios de la ventana, y luego, con los ojos fijos en un árbol y con una rama diseñando en la tierra los rasgos de la única mujer que le interesaba conocer; los de María.

Trató de adivinar en la mirada de ese joven, de la misma manera como lo hacen las gitanas en las líneas de las manos, su pasado, y no pudo; pero sí logró recordar lo que había leído: lo que le había sucedido a María en Buenos Aires, en aquella ocasión cuando conoció a Pablo.

Aquel día ella asistió a una exposición y se dedicó a observar en un cuadro, pintado por él, el rincón y la ventana desde dónde sobresalía una mujer; detalles ignorados por los demás. Y eso atrajo y obsesionó a Pablo.

Ella lo imaginó disfrazado de lluvia, frente a la casa de María, detrás del árbol, como una sombra al acecho, pendiente de la luz de la habitación que vigilaba.

Finalmente, introduciéndose en su habitación, halando los cabellos de María, sosteniendo su cabeza, y dándole puñaladas en el pecho y en el vientre; acabando con ella; con la única mujer que lo había comprendido. Y con ese mismo cuchillo destrozando con rabia todos sus lienzos.

Mientras sostenía la mirada del muchacho ella había dudado en abrir la cartera y darle el dinero solo librarse de él, quién seguía a su lado insistiendo en el dinero. Por fin, ella decidió y sacó los veinte francos y se las dio. Él, después de que tomó el dinero se encaminó a la ventanilla y compró su tique.

Luego, ella se dirigió al andén en espera de su tren que ya llegaba. Casi de inmediato cayó en cuenta de su presencia, el joven se le había acercado nuevamente, y esa proximidad le hizo imaginar una vez más la suerte de María.

Entonces, ella se paró al filo del andén, y éste le recordó el borde de un acantilado, con su traicionera peligrosidad y su hipnótico encanto. Los rieles los veía como las imperfecciones rocosas de un abismo. Sintió la intensa atracción que ejercía en ella el vacío y el deseo de caer. Su corazón comenzó a latir con violencia y en sus entrañas renació una fuerza poderosa que la impulsó a actuar.

Y antes de que su coraje se agotara retrocedió unos pasos, y colocó sus manos sobre las espaldas de él y lo empujó con fuerza.

Él perdió el equilibrio. Ella vio cómo sus brazos se movían como si intentase nadar en el aire. Todo era en vano porque había penetrado dentro de una cortina de humo grisácea, tóxica, llena de resoplidos y sirenas. Había descendido más liviano que una pluma, como una sombra sin peso y fue a caer justo cuando el tren pasaba.

Pablo quedó atrapado en la venganza de María, dentro de un largo y oscuro túnel.

 

https://luzrosarioaraujo.wordpress.com/2016/03/11/maria/

 

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