• LITERATURA

    ESTO NO ESTABA EN MIS PLANES

        Hernán Casciari   No estaba en mis planes subirme a un escenario una o dos veces por semana, como si fuese un actor o una cantante gorda de ópera. Tampoco estaba en mis planes cenar todos los jueves (en un camarín gigante) con mi madre, mi hermana, mi cuñado y otros diez integrantes de mi familia. Todos juntos y apelotonados y cagándonos de risa. Como si en vez de parientes fuésemos amigos que se juntan a jugar al póker. Todo esto iba a durar, con suerte, dos o tres funciones del mes de diciembre del año pasado. Pero primero me infarté y suspendí, y después, cuando por fin…

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    EN EL TREN

        Luzrosario Araujo G.   Entré en el compartimiento del tren que me llevaría de París a Frankfurt y me acomodé en el único lugar disponible, tres hombres taciturnos, de piel grisácea y ojos color del oro, eran mis únicos compañeros de viaje. Hablaban entre sí en voz baja, como si se confesaran. Por el murmullo de sus voces, repleta de sones y vaivenes lejanos de mil y una noches, deduje que usaban algún lenguaje remoto desconocido por mí. Sus ropas occidentales intentaban, sin lograrlo, camuflar sus verdaderas raíces, sus orígenes lejanos de alfombras y Aladinos. Saqué de mi bolso un libro, se notaba con claridad que era una…

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    UN TAL LUCAS

        Julio Cortázar   En vista de que la Tota le ha pedido que baje a comprar una caja de fósforos, Lucas sale en piyama porque la canícula impera en la metrópoli, y se constituye en el café del gordo Muzzio donde antes de comprar los fósforos decide mandarse un aperital con soda. Va por la mitad de este noble digestivo cuando su amigo Juárez entra también en piyama y al verlo prorrumpe que tiene a su hermana con la otitis aguda y el boticario no quiere venderle las gotas calmantes porque la receta non aparece y las gotas son una especie de alucinógeno que ya ha electrocutado a…

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    EL HOMBRE QUE RÍE

        J. D. Salinger   Todas las tardes, cuando oscurecía lo suficiente como para que el equipo perdedor tuviera una excusa para justificar sus malas jugadas, los comanches nos refugiábamos egoístamente en el talento del jefe para contar cuentos. A esa hora formábamos, generalmente, un grupo acalorado e irritable, y nos peleábamos en el autobús –a puñetazos o gritos estridentes– por los asientos más cercanos al jefe. (El autobús tenía dos filas paralelas de asientos de esterilla. En la fila de la izquierda había tres asientos adicionales –los mejores de todos– que llegaban hasta la altura del conductor.) El jefe sólo subía al autobús cuando nos habíamos acomodado. A…

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    EL CHISTOSO ES UNA LACRA SOCIAL

        Hernán Casciari   Hay una clase de gente que sabe chistes. Saber chistes es fácil; te sentás una tarde con un casette y, si le ponés voluntad, te aprendés noventa. Pero ‘saber’ contar chistes es otra historia. Yo le tengo un miedo espantoso a esa gente que, en las fiestas, te empieza a contar chistes. Le tengo más miedo a eso que al cáncer de próstata. —Hernán Hernán, vení —se viene riendo de entrada el chistoso, y te agarra del hombro para que no te escapes— ¿Sabés el del tipo que va a la tintorería porque tiene una mancha de semen en el pantalón? —No. Yo soy de los que…