• LITERATURA

    EL FUTURO DEL CHAPE

        Hernán Casciari   De noche, cuando en casa mi vieja duerme, salgo a lo oscuro y me escondo atrás de un zaguán o de una enredadera o del baldío de Suárez. Cuando aparece una (puede que me pase dos horas esperando, porque en Mercedes de noche no andan mujeres), sea linda o sea fea, le tapo la boca con la mano y la arrastro hasta el terrenito que está pasando DuPont. Algunas me muerden los dedos del miedo, otras se han meado en el camino. Mientras las arrastro les digo que si gritan las mato, y pongo los ojos así, como para que crean que estoy loco o…

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    EL VIEJO VOLVO, UN BLACKBERRY Y UNA VIEJA DESNUDA EN EL ASIENTO DE ATRÁS

        Gino Winter   —Se le ve muy bien Dr. Knörr, nadie podría pensar que tiene usted más de sesenta años. —Llevo una vida simple y sana, señorita periodista. —Pero parece que tuviera menos de cincuenta y habla con la agilidad de un joven de treinta. ¿De qué edad se siente usted? —Me siento de sesenta y ocho años —¿Y qué edad tiene, si no es indiscreción? —Sesenta y ocho años —Pero hay mucha gente mayor que dice sentirse como un joven de veinte, que los años se llevan en el corazón y que la edad mental depende de cómo se sienta uno y no tiene nada que ver…

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    ZAMIRA AMA LOS LOBOS

        Antonio Colinas   Zamira ama los lobos. Yo quisiera ir con ella a buscarlos a las tierras más altas, donde los robledales rojos de Sotillo han perdido sus hojas en las fuentes, allá donde los caballos beben el agua helada de las cascadas y se espera la nieve como una bendición. Tú y yo estamos en este hospital esperando a la muerte. No la muerte tuya ni la muerte mía, sino la de aquellos que nos dieron la vida. Y éstos, ¿a quienes pasarán, cuando mueran, sus muertes? Tú y yo esperando el final, El vacío del límite, mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros como un…

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    RUTINA

        Luzrosario Araujo G.   Gabriela abre su bolso, no se contenta con auscultar su interior, sino que esperanzada mete la mano y rebusca adentro una y otra vez. El monedero liviano y sin sonido le confirma su sospecha; está vacío: no le queda más que ir en busca de la virgen. Se para sobre el reclinatorio y así logra llegar hasta la corona y de ahí saca un bulto pequeño: desanuda las puntas del pañuelo y encuentra las diez monedas de un dólar que siempre separa para las emergencias. Saca dos y deja las otras escondidas ahí mismo y se aleja recomendando a la virgen que siga protegiendo…

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    ELLA SE SABE GORDA

        Orlando Mazeyra Guillén   Ella se sabe gorda. Quiere a toda costa estilizar su fofa figura. No cree en pastillas milagrosas ni tampoco en dietas asesinas. Entiende que si alguien quiere adelgazar debe, diariamente, terminar jadeando en un gimnasio. Siempre que el almanaque se deja alcanzar por el mes postrimero, se inscribe en el concurrido gimnasio que queda a un par de cuadras de su casa. Todos los años. Todo diciembre. Todas las mañanas. La ración oscila entre una hora y una hora y media. Primero aeróbicos, luego máquinas y más máquinas. A veces se exige demasiado: eso es peligroso, ella es consciente de eso… pero cuando descubre…