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ÍTACA
Constantino Cavafis Cuando te encuentres de camino a Ítaca, desea que sea largo el camino, lleno de aventuras, lleno de conocimientos. A los Lestrigones y a los Cíclopes, al enojado Poseidón no temas, tales en tu camino nunca encontrarás, si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta. A los Lestrigones y a los Cíclopes, al fiero Poseidón no encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si tu alma no los coloca ante ti. Desea que sea largo el camino. Que sean muchas las mañanas estivales en que con qué alegría, con qué gozo arribes a puertos nunca antes vistos,…
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NUNCA LE ABRAS LA PUERTA A UN CHINO
Hernán Casciari El 12 de septiembre de 2098 Woung viajará por segunda vez en el tiempo. Siempre, desde chico, había querido conocer a su tatarabuelo, porque Woung también es escritor, un joven escritor de 23 años. Al llegar a esta época, Woung me deja un mensaje en el contestador: «Hola, estoy buscando a Hernán Casciari, mi nombre es Woung. Usted no me conoce pero yo sí… Quisiera verlo. Llámeme por favor», y me da el número de un teléfono móvil. —Será un lector de Orsai —me dice Cris, mientras le cambia los pañales a la Nina—, lo raro es que sepa el número del fijo. Esta gente…
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LAS TELEOPERADORAS TAMBIÉN LLORAN
Hernán Casciari Mi relación con las chicas que te quieren vender cosas por teléfono empezó hace un par de años, y fue un comienzo descorazonador. En Argentina estos llamados no eran una plaga (como lo son aquí) y yo no estaba acostumbrado a defenderme. La primera vez que me quisieron vender algo, mandé a la operadora a la concha de su madre y colgué, como dios manda. Error: a los dos minutos la chica me llamó de nuevo, y estaba llorando. Amargamente, me dijo entre sollozos que yo era un miserable, que no me costaba nada decir «gracias, pero no me interesa la oferta» o alguna otra frase cariñosa.…
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A ENREDAR LOS CUENTOS
Gianni Rodari –Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla. –¡No, Roja! –¡Ah!, sí, Caperucita Roja. Su mamá la llamó y le dijo: “Escucha, Caperucita Verde…”. –¡Que no, Roja! –¡Ah!, sí, Roja. “Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta piel de patata”. –No: “Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel”. –Bien. La niña se fue al bosque y se encontró una jirafa. –¡Qué lío! Se encontró al lobo, no una jirafa. –Y el lobo le preguntó: “¿Cuántas son seis por ocho?”. –¡Qué va! El lobo le preguntó: “¿Adónde vas?”. –Tienes razón. Y Caperucita Negra respondió… –¡Era Caperucita Roja, Roja, Roja! –Sí.…
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¿MI ÚLTIMA VOLUNTAD? QUE TE CALLES
Hernán Casciari Estuve todo el fin de semana con un retortijón en el estómago por culpa de unas declaraciones de María Kodama a la prensa española: «A Borges le gustaba Pink Floyd», aseguraba, muy alegre de cuerpo, la viuda. Y no es que esté en contra de la música moderna; lo que me pone los pelos de punta es esta moda, contemporánea y ruin, de que los herederos saquen a relucir las intimidades de sus parientes inmortales. Sobre todo cuando lo que cuentan son esas pequeñeces de entrecasa que los muertos más han querido esconder. Hay muchas maneras de disfrazar nuestra mediocridad doméstica. La más difícil de todas,…