• LITERATURA

    EN LA PELUQUERÍA

        Kjell Askildsen   Hace muchos años que dejé de ir al peluquero; el más cercano se encuentra a cinco manzanas de aquí, lo que me resultaba bastante lejos incluso antes de romperse la barandilla de la escalera. El poco pelo que me crece puedo cortármelo yo mismo, y eso hago, quiero poder mirarme en el espejo sin deprimirme demasiado, también me corto siempre los pelos largos de la nariz. Pero en una ocasión, hace menos de un año, y por razones en las que no quiero entrar aquí, me sentía aún más solo que de costumbre, y se me ocurrió la idea de ir a cortarme el pelo,…

  • LITERATURA

    PAPA SIN SAL

        Natalia Mardero   Hay personas que prefieren no enamorarse, que le temen terriblemente al amor. El miedo a sufrir les hace desarrollar complejos artilugios emocionales para detener cualquier indicio de palpitaciones, rubor en las mejillas, falta de sueño o falta de aire. Lo que no quiere decir que no escojan a alguien como su compañero de ruta. En ese caso eligen una papa sin sal. La papa sin sal no irradia nada en particular. Ni alegría, ni sentido del humor, ni sarcasmo, ni entusiasmo o pasión. Es una sombra. Marca territorio con sigilo, porque sabe que cualquier cosa que fulgure puede llamar la atención de su amante.  Por…

  • LITERATURA

    COMIDA CON UN PASTOR

        Italo Calvino   Fue un error de nuestro padre, como siempre. Había hecho venir a aquel muchacho de un pueblecito de montaña para que nos guardara las cabras. Y el día en que llegó quiso invitarlo a comer con nosotros. Nuestro padre no comprende las diferencias que existen entre las gentes, la diferencia entre un comedor como el nuestro, con muebles tallados, alfombras con dibujos oscuros, mayólicas, y las casas de piedra, ahumadas, con suelo de tierra batida y festones de papel de periódico negros de moscas en el manto de las chimeneas. Nuestro padre se mueve en todas partes con esa cordialidad suya sin ceremonias, de quien…

  • LITERATURA

    YO CREÍA QUE ESTO ME PASABA SOLAMENTE A MÍ

        Hernán Casciari   El día que Jürgen Bernd tocó el timbre de la casa de Armin Meiwes, la vida social de la humanidad cambió para siempre. Hasta entonces el mundo era una extensión enorme de tierra, llena de gente sola y perdida en sus fobias y deseos, trastornada y única en su soledad. Gente callada, esquiva, chorreando traumas inconfesables. Desde chiquito Armin quería ser caníbal; Jürgen sólo fantaseaba con ser devorado vivo. Jamás hubieran llegado a conocerse en otra época, pero vivían en ésta. El 6 de marzo de 2001 se encontraron en un foro de Internet, y programaron una cita el fin de semana. Para comer(se).  …

  • LITERATURA

    EL NIÑO QUE TENÍA QUE MORIR

        Quim Monzó   Vivía en La Diagonal, cerca Entenza y en la acera de mar. Yo tenía diez años, y él, quizás ocho. Era delgado, de aspecto pálido y quebradizo. Su padre era médico y a su mujer le decía siempre “No te preocupes, ya verás cómo lo curo. Te juro que lo curaré”. Y es verdad que se dedicaba a ello: se pasaba horas y horas todos los días, buscando en libros de medicina referencias a la enfermedad de su hijo, y escribía cartas a especialistas de todo el mundo para encontrar una solución. Yo era el hijo de la costurera y, a veces, cuando no tenía…