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EL HEREJE
LUIS FERNANDO CUETO No nos quedó más remedio que quemarlo. El Santo Oficio, en su infinita piedad, le dio la oportunidad de librarse de las llamas, de escoger una muerte digna mediante el garrote, pero él mismo rechazó esa indulgencia, no quiso abjurar de sus errores, se negó a besar el crucifijo y abrazar la fe católica, y se condenó solo a la hoguera. Por lo demás, había demasiadas pruebas en su contra, casi una decena de testigos, entre reos y custodios, que lo vieron, entre sueños, quitarse las cadenas, abrir las rejas de su celda y salir levitando, alzando vuelo, de las mazmorras. Después vino la…
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TIZA, BIRRA, FASO
Hernán Casciari A las siete de la tarde del lunes que acabaría en tragedia, sonó dos veces, desganado, el teléfono blanco de la mansión. La empleada, secándose las manos en el delantal, atendió presta. «Con la casa del doctor Baldasarri, ¿digamé?», recitó. Del otro lado de la línea, la acongojada voz de Cirilo pidió otra vez por Etelvina. La empleada tapó el auricular e informó a la jovencita, que miraba «El Señor de los Anillos» recostada en el sofá: —De nuevo el morochito; ya es la tercera vez en el día… ¿Qué le digo, señorita? Con un mohín de fastidio Etelvina ensayó un ademán de indiferencia, levantó los…
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SE BUSCA UNA MUJER
Charles Bukowski Se paró. Era un cartón pegado a la ventanilla, con alguna especie de anuncio. En su mayor parte estaba escrito a máquina. Edna no podía leerlo desde el lugar de la acera en que se encontraba. Sólo podía ver las letras grandes: SE BUSCA UNA MUJER. Era un coche nuevo y de los caros. Edna cruzó la hierba y se acercó a leer la parte mecanografiada: «Hombre de 49 años. Divorciado. Busca una mujer con fines matrimoniales. Que tenga entre 35 y 44 años. Me gusta la televisión y los films. La buena comida. Soy contable y tengo el trabajo bien asegurado. Tengo dinero en…
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EL Y YO
Siomara España Muñoz Éramos tan perfectamente inalterables tan inevitablemente honestos uno a uno tan humanamente inseparables que era como si nos hubieran modelado con el mismo barro Éramos tan luminosamente estrictos que amábamos los mismos gestos los mismos iconos y la absoluta perfección de la tallada piedra Éramos tan paradójicamente exactos que se gastaban nuestras lenguas al filo de las madrugadas hablando de los mismos dioses y discursos que si Copérnico Fidel la metafísica y nos amábamos sin señas sin santos o blandones Éramos tan copiosamente imberbes …
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TENÍAMOS UN JUGUETE
Hernán Casciari Teníamos un juguete; era el más divertido del mundo. No lo habíamos inventado nosotros pero jugábamos mejor que sus inventores. Aceptamos algunas palabras de su idioma original: ful, corner, orsai, pero enseguida lo llenamos de palabras nuestras: sombrero, rabona, pared. Empezamos a jugar en la vereda, en los patios, en invierno y verano, hasta que un día algunos de nosotros, los que jugaban mejor, dejaron sus empleos y se dedicaron por completo. ¡Y qué bien jugaban! Era tan grande la belleza de sus movimientos que muchos dejamos de jugar y nos pusimos a mirarlos. Armamos clubes sociales, construimos tribunas de madera y de cemento, solamente para…