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UN PARÉNTESIS DE ALEGRÍA
Antonio Moretti Ve un auto estacionado y una pareja canibalizándose; el Inefable se percata que las manos de la carnicera van calando desde los hombros, yendo en vertical. Le jode, pues están en la puerta de su edificio. Se acerca, golpea la ventanilla y les dice: “¡vayan a hacer sus cochinadas a un hotel, a la playa o un parque!”. Su vecina se baja indignada: “usted va a escucharme”. El auto arranca. Tenía 25 años trabajando entre colegios, universidades e institutos. De joven fue un soñador y todo un garañón italiano, deseando ser un escritor de buhardilla parisina con aromas de mujer europea. Mientras terminaba literatura fue…
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ESTOS OJOS NO LLORAN MÁS POR TI
Gino Winter Este pez ya no muere por tu boca este loco se va con otra loca estos ojos no lloran más por ti. —Joaquín Sabina Fue un beso volado lo que empezó toda esta historia. En un pasadizo de la trastienda del Signature Grant —local para eventos sociales—, Melina, —caleña de piel canela y sonrisa de niña— entrecerró los ojos con ternura, maniobró sus labios sensuales y me obsequió un beso perfecto, a la distancia justa, en medio del camino. Conocí a Melina la tarde en que su tía, dueña de una empresa de servicios, me ofreció un trabajo de supervisor con la condición de que…
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EL DESTELLO
Italo Calvino Pasó un día, en un cruce de caminos, en medio de una multitud, gente yendo y viniendo. Paré, pestañeé: no comprendí de inmediato. Nada, nada de nada. No entendí por qué razón las cosas o la gente, todo era insignificante, absurdo. Reí. Lo que encontré extraño en aquel momento era que no lo había notado antes nunca; que todo lo había aceptado hasta entonces: semáforos, carros, carteles, uniformes, monumentos, cosas completamente sin sentido en este mundo, aceptándolas como si hubiera alguna necesidad, alguna cadena de causa y efecto que las uniera. Luego mi risa murió. Me sonrojé, avergonzado. Hice una señal con mis brazos…
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EL HOMBRE DE LA CAJA DE FÓSFOROS
Herta Müller El fuego consume la aldea cada noche. Primero arden las nubes. Cada verano se lleva un granero. Los graneros se incendian siempre en domingo, cuando la gente baila y juega a las cartas. El crepúsculo rueda por las calles como un intestino grueso. Luego arde lentamente allá en el fondo, entre la paja y el entramado de tallos. Y sólo uno lo sabe, el hombre de la caja de fósforos, que ventila su odio por las plantaciones de patatas, detrás de los maizales. En ese huerto arrastraba sacos y escardaba remolachas cuando era un niño enclenque. Dormía en el establo de esa casa, y…
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LA BATALLA DEL MOVIMIENTO
Hernán Casciari Hubo una época, que para peor fue larguísima, en la que Chiri ejerció un extraño poder sobre mí. Me va resultar difícil explicar esto, por lo que me pido tres páginas en lugar de una. La desgracia empezó al inicio de la edad del pavo, a los doce o trece años, en una plaza de Mercedes cercana a las vías. Chiri se puso a tararear La batalla del movimiento, una canción infantil en donde el juglar indica acciones que el oyente debe cumplir. «Esta es la batalla del movimiento a mover los pies sin parar un momento» Así dice la primera estrofa, y entonces hay que…