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EL ALFILER
Ventura García Calderón La bestia cayó de bruces, agonizante, rezumando sudor y sangre, mientras el jinete, en un santiamén, saltaba a tierra al pie de la escalera monumental de la hacienda de Tilcabamba. Por el obeso balcón de cedro, asomó la cabeza fosca del hacendado, don Timoteo Mondaraz, interpelando al recién venido, que temblaba. Era burlona la voz de sochantre del viejo tremendo: -¿Qué te pasa, Borradito? Te están repiqueteando las choquezuelas… ¡Si no nos comemos aquí a la gente! Habla no más. El borradito, llamado así en el valle por el rostro picado de viruelas, asía con desesperada mano el sombrero de jipijapa…
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LA PLUMA, EL CHIMBOTE Y LA PALABRA
Hernán Casciari Cuando Cristina no me ve, cuando se descuida, cuando baja la guardia o se duerme, unto el chupete de Nina en un tarro de dulce de leche Chimbote, y se lo pongo en la boca con gesto conspirativo. Entonces espero que mi hija deguste el manjar, que se le dilaten las pupilas, que haga una especie de sonrisa triunfal y que se llene de genuina argentinidad. —¡El pediatra ha dicho que solamente leche! —se queja la madre cada vez que descubre a su hija con la trompa marrón— ¡Que le van a salir parásitos, gilipollas! —Pero son parásitos argentinos —le discuto—, que no le hacen…
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UN DEDO EN LA SOPA…
Gino Winter Jaime llegó justo cuando estábamos «haciendo cola», en la tediosa fila —pegada a la pared perimetral del Jardín Botánico— para ingresar al comedor universitario de San Marcos, mirando siempre hacia arriba, porque sobre nosotros colgaban amenazantes los frutos de la Kynngeylli pinnata, famosa planta piurana, conocida como «matacojudos» porque sus frutos duros y pesados, —parecidos a un nabo, pero más grandes— solían desprenderse sin aviso y caer sobre algún cojudo que estaba desprevenido y/o leyendo un libro, y noquearlo o al menos causarle un doloroso chichón. Jaime comenzó a bromear con su nuevo llavero de plástico que simulaba un dedo sangrante, chancado y cortado, el cual le…
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LA CALLE
Alberto Camus Con frecuencia he oído a los oraneses quejarse de su ciudad: «No hay un ambiente interesante». Pero, bueno, ¡si no lo querríais! Algunas almas candorosas han intentado que se aclimataran en ese desierto las costumbres de otro medio, fieles al principio de que para servir al arte o a las ideas hay que ponerse a ello entre unos cuantos. El resultado ha sido tal, que no quedan más ambientes instructivos que los de los jugadores de póker, los aficionados al boxeo, los maníacos de los bolos y las sociedades regionales. Ahí, al menos, reina la naturalidad. Al fin y al cabo, existe cierta grandeza que…
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AXOLOTL
Julio Cortázar Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl. El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta…