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BARCHILÓN
Ricardo Palma A don Andrés A. Silva, en Caracas. Ni el Diccionario de la Real Academia, en su última edición, ni otro alguno de los diversos que he hojeado y ojeado, traen la palabra barchilón, muy familiar en Lima. Y sin embargo, pocas son las voces que mejor derecho que ésta podrían alegar para merecer carta de naturalización en la lengua de Castilla. Tuve hace cinco años el honor de proponerla a la Real Academia, que si bien aceptó más de doce de los peruanismos que me atreví a indicarle, me desairó, entre otros, el verbo exculpar, tan usado en nuestros tribunales de justicia; el adjetivo plebiscitario,…
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EL GALÁN
Juan José Millás Por su cumpleaños, su mujer le regaló un galán, ese mueble siniestro que habita en el rincón de los dormitorios reproduciendo lo que más detestamos de nosotros mismos. El hombre ponía cada noche la chaqueta sobre los hombros del artefacto y colgaba cuidadosamente los pantalones de la cintura artificial creada a tal efecto (también la corbata tenía su lugar, incluso había un pequeño recipiente para el cinturón y los gemelos). Después se metía en la cama y mientras su mujer dormía, él contemplaba la silueta oscura de sí mismo colocada como un buitre a los pies de la cama. -No quiero ver más ese trasto…
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EL RECEPCIONISTA
Natalia Mardero El recepcionista del hotel tiene cara de recepcionista. Una cara que si vuelve a encontrar, no se recuerda de ningún lado. Nariz regular, ojos castaños, boca irrelevante, todo enmarcado con pelo corto y engominado. Es amable como cualquier recepcionista, nada del otro mundo, pero tiene de bueno que no regala sonrisas falsas y se ocupa de las necesidades de los pasajeros con celeridad. Lo que nadie sabe es que, detrás del mostrador, el recepcionista casi siempre está escribiendo algo. Podría ser planillas de sábanas cambiadas, mensajes que llegan para los clientes, el control de las botellitas de los frigobares. Pero no es nada de…
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LA MUERTE DE ISOLDA
Horacio Quiroga Concluía el primer acto de Tristán e Isolda. Cansado de la agitación de ese día, me quedé en mi butaca, muy contento con la falta de vecinos. Volví la cabeza a la sala, y detuve en seguida los ojos en un palco balcón. Evidentemente, un matrimonio. Él, un marido cualquiera, y tal vez por su mercantil vulgaridad y la diferencia de año con su mujer, menos que cualquiera. Ella, joven, pálida, con una de esas profundas bellezas que más que en el rostro, aún bien hermoso, están en la perfecta solidaridad de mirada, boca, cuello, modo de entrecerrar los ojos. Era, sobre todo, una…
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ESPANTOS CONGÉNITOS
Solange Rodríguez Pappe —Es….es una historia larga— intentó explicar él entre tartamudeos. En un descuido, ella había confundido la puerta del baño con la de la habitación que escondía el secreto y se había quedado mirándolo, ni siquiera se molestó en fingir que estaba haciendo otra cosa cuando él salió de la cocina. Ese era el problema de llevar mujeres a la casa familiar, solían ser curiosas. En la oscuridad de la pieza, una figura reptante y húmeda se movía entre gorgoteos; era una sombra móvil de intensos ojos amarillos con hedor a pantano. La muchacha la contemplaba valientemente apretando las mandíbulas. Lo que sí, tenía la…