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EL PASAJERO DE AL LADO
Santiago Roncagliolo Fue sólo un susto. El frenazo y el golpe. Los golpes. Estás un poco aturdido, pero puedes moverte. Abres la portezuela y te bajas sin mirar al taxista. No te duele nada. Eres un turista. Tu única obligación es pasarlo bien. Para tu suerte, un autobús frena en la plaza. Te subes sin ver a dónde va. Caminas hacia al fondo. Aparte del mendigo que duerme, no hay nadie más ahí. Te sientas. Miras por la ventanilla. La ciudad y la mañana se extienden ante tus ojos. Respiras hondo. Te relajas. En la primera parada, sube una chica. Tiene unos veinte años y es muy…
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EL CAPITÁN ZAPATA
Ricardo Palma I -Quede, pues, vuesa merced mucho con Dios, que yo hasta verme en Potosí no descabalgo, y poco ha de acorrerme la fortuna, que ciega es y a los audaces ampara, si no fino millonario. -Óigale Dios, señor capitán, y vaya mucho con él, y no olvide que palabra le tomo de sacarme de pobre con las migajas de su dicha -contestó, con sonrisa burlona, el alférez de arcabuceros reales don Rodrigo Peláez, dando una estrecha empuñada al capitán de picas y sobresalientes don Martín Zapata. Tal fue el final de un diálogo que, a la puerta del Cabildo de Lima, tuvieron…
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NARANJAS
Ángela McEwan-Alvarado Desde que me acuerdo, las cajas de naranjas eran parte de mi vida. Mi papá trabajaba cortando naranjas y mi mamá tenía un empleo en la empacadora, donde esos globos dorados rodaban sobre bandas para ser colocados en cajas de madera. En casa, esas mismas cajas burdas nos servían de cómoda, bancos y hasta lavamanos sosteniendo una palangana y un cántaro de esmalte descascarado. Una caja con cortina se usaba para guardar las ollas. Cada caja tenía su etiqueta con dibujos distintos. Esas etiquetas eran casi los únicos adornos que había en la habitación pequeña que nos servía de sala, dormitorio y cocina. Me gustaba…
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DOMICILIO DESCONOCIDO
Nicolás Fratarelli “La Falta y otros cuentos” Esperó hasta que dieran el pronóstico del tiempo y apagó su radio que la acompañaba a todas las habitaciones de la casa. A pesar de las nubes oscuras, no iba a llover. Eso le dio ánimo para seguir. Se puso su mejor vestido, uno negro bordado con formas de arabescos y cintas al bies, y con una sonrisa triste en la garganta, partió hacia el estudio de fotografía. A primera hora había ido a la peluquería, fue la primera en ser atendida. No era una concurrente habitual del lugar, salía poco y hablaba con poca gente. No conocía a…
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EL SOLITARIO
Horacio Quiroga Kassim era un hombre enfermizo, joyero de profesión, bien que no tuviera tienda establecida. Trabajaba para las grandes casas, siendo su especialidad el montaje de las piedras preciosas. Pocas manos como las suyas para los engarces delicados. Con más arranque y habilidad comercial, hubiera sido rico. Pero a los treinta y cinco años proseguía en su pieza, aderezada en taller bajo la ventana. Kassim, de cuerpo mezquino, rostro exangüe sombreado por rala barba negra, tenía una mujer hermosa y fuertemente apasionada. La joven, de origen callejero, había aspirado con su hermosura a un más alto enlace. Esperó hasta los veinte años, provocando a los hombres…