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VENGADORA
Emilia Pardo Bazán En aquellos días de angustia y zozobra, surcados por relámpagos de entusiasmo a los cuales seguía el negro horror de las tinieblas y la fatídica visión del desastre inmenso; en aquellos días que, a pesar de su lenta sucesión, parecían apocalípticos, hube de emprender un viaje a Andalucía, adonde me llamaban asuntos de interés. Al bajarme en una estación para almorzar, oí en el comedor de la fonda, a mis espaldas, gárrulo alboroto. Me volví, y ante una de las mesitas sin mantel en que se sirven desayunos, vi de pie a una mujer a quien insultaban dos o tres mozalbetes, mientras el camarero,…
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EL CHOLO QUE ODIÓ LA PLATA
Demetrio Aguilera Malta –¿Sabés vos Banchón? –¿Qué don Guayamabe? –Los blancos son unos desgraciados. –De verdá… –Hei trabajado como un macho siempre. Mei Jodío, como naide en estas islas. I nunca hei tenido medio. –Tenés razón. –I no me importaría eso ¿sabés vos? Lo que me calienta es que todito se lo llevan los blancos. ¡Los blancos desgraciaos…! –Tenés razón. –¿Vos te acordás?… Yo tenía mis canoas i mis hachas… I hasta una balandra… Vivía feliz con mi mujer y mi hija Chaba… –Claro, tei conocío dende tiempisísimo… –Pues bien. Los blancos me quitaron todo. I –no…
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LA VENTANA ABIERTA
Saki —Mi tía bajará enseguida, señor Nuttel —dijo con mucho aplomo una señorita de quince años—; mientras tanto debe hacer lo posible por soportarme. Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara debidamente a la sobrina sin dejar de tomar debidamente en cuenta a la tía que estaba por llegar. Dudó más que nunca que esta serie de visitas formales a personas totalmente desconocidas fueran de alguna utilidad para la cura de reposo que se había propuesto. —Sé lo que ocurrirá —le había dicho su hermana cuando se disponía a emigrar a este retiro rural—: te encerrarás no bien llegues y no hablarás con…
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CONTINUIDAD DE LOS PARQUES
Julio Cortázar Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde…
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MELANCOLÍA DE MUJERES ANALÓGICAS
Hernan Casciari Me encuentro con un viejo compañero de la primaria que no veía desde los años ochenta, y del que tuve noticias a través de una red social. Nos citamos en un bar del centro, nos palmeamos con cariño falso, pedimos unas cervezas. Le digo: «Qué increíble, para lo que acaba sirviendo Facebook». Se ríe fuerte, como si le estuviera tomando el pelo: «Si Facebook sirviera solamente para encontrarme con vos, gordo boludo —me dice—, yo no tendría banda ancha en casa. A mí Facebook me cambió la vida, pero de verdad». —¿Para tanto? —le pregunto. —Mirá para afuera —me explica—. Imaginate que todas las mujeres…