10
February
2010

UN MUNDO QUE CREA PERFECCIONISTAS0

David Fischman

Vivimos en un mundo que fomenta y premia el éxito y los resultados. Un mundo bajo los paradigmas del ganar-perder y del todo o nada. Un mundo donde fallar es percibido como fracasar. Un mundo que genera perfeccionistas.

Esteban es un perfeccionista. Es perseverante, ambicioso, meticuloso y trabaja arduamente para hacer todo perfecto. El problema es que Esteban le tiene mucho miedo al fracaso y vive obsesionado, cuidando hasta el más mínimo detalle para que nada salga mal. Esteban tiene en su mente el paradigma del todo o nada, del éxito o fracaso: no hay zonas grises. Para él, el error no es una oportunidad de aprender, sino la prueba de que no es suficientemente bueno. Esteban está tan concentrado en lograr sus metas que no disfruta el camino que debe recorrer para alcanzarlas. Vive atormentado hasta que consigue su objetivo, momento que disfruta brevemente, para luego imponerse un nuevo reto donde volverá a sufrir. ¿Conoce a alguien así?

El perfeccionismo es un flagelo que nos quita felicidad. Para el profesor Tal Ben Shahar, autor del libro The Pursuit of Perfect, el perfeccionismo es un miedo al fracaso paralizante que nos inunda en todos los aspectos de nuestra vida. El perfeccionista vive a la defensiva, se siente atacado por la realidad que no es perfecta. Tiene un enfoque pesimista y negativo. Como todo el tiempo le presta atención a lo que puede fallar para evitarlo, su mente se impregna de pensamientos negativos. Es posible que logre sus resultados, pero haciéndole la vida imposible a mucha gente y, sobre todo, a sí mismo.

¿Cómo se crean perfeccionistas? Sin darnos cuenta, frecuentemente, como padres, los creamos nosotros mismos. Carol Dweck, la autora del libro “Mindset, realizó un estudio sobre este tema. Dividió a un conjunto de alumnos de 10 años en dos grupos. Les tomó a todos un test relativamente fácil para la edad. Luego, les brindó retroalimentación sobre sus resultados. A los alumnos del primer grupo les dijo frases como ¡Qué inteligente que eres!“¡Qué creativo! Al segundo grupo les hizo el siguiente comentario:“Buen trabajo, se ve que se esforzaron, que trabajaron duro”. En la segunda parte del experimento, se dio la opción a los alumnos de seleccionar una de las siguientes alternativas: rendir un examen fácil o asumir el reto de un examen más difícil. Sólo el 50% del primer grupo decidió tomar el examen más difícil, versus el 90% del segundo grupo que optó por el difícil. ¿Qué hizo la diferencia entre el primer grupo y el segundo?

En el primer grupo, el reconocimiento del logro y la premiación del resultado, generó en los alumnos el miedo al fracaso. En la mente de ellos se instaló la creencia: “Si tomo el segundo examen y fallo, significará que no soy inteligente, que no soy creativo”. En cambio, la retroalimentación recibida por el segundo grupo estuvo enfocada en el esfuerzo del alumno. Los participantes recibieron el mensaje sutil de que ellos controlan la variable del éxito, que es el esfuerzo, y que si fracasan, lo pueden volver a repetir. Además, entendieron que el hecho de que las personas los llamen inteligentes no lo pueden controlar, pero si el que las personas les digan que se esforzaron.

Según Shahar, no es malo felicitar a nuestros hijos por el éxito, pero cuando es lo único que les celebramos, los convertimos en adictos al logro de los resultados, encaminándolos al perfeccionismo.

Pero no sólo somos nosotros, como padres, el problema; también lo es la sociedad. Vivimos en una sociedad que premia el éxito o divulga cruelmente el fracaso. Una sociedad que nos transmite el mensaje subliminal de que si no somos perfectos, seremos unos perdedores.

Para vencer el perfeccionismo tenemos que dejar de centrarnos tanto en las metas y empezar a disfrutar el camino para lograrlas. Debemos cambiar nuestra percepción sobre el fracaso y entender que sólo fallando aprenderemos a ser mejores.

Fuente: http://www.davidfischman.com

20
December
2009

LIDERAZGO EN PALABRAS DE JOHN C. MAXWELL0

En cualquier negocio que emprendas, negocio Multinivel o negocio convencional necesitas Liderazgo.

Para influir en las personas y que se pongan la camiseta para ser de tu equipo necesitas ser todo un Líder.

John C. Maxwell lo expresa en 10 simples frases:

  1. Liderazgo es estar dispuesto a arriesgarse
  2. Liderazgo es sentir pasión por hacer una diferencia en los demás
  3. Liderazgo es sentirse insatisfecho con la realidad actual
  4. Liderazgo es tomar responsabilidad cuando los demás están presentando excusas
  5. Liderazgo es ver las posibilidades que ofrece una situación, cuando los demás sólo ven las limitaciones
  6. Liderazgo es estar preparado para sobresalir en medio de una muchedumbre
  7. Liderazgo es tener una mente y un corazón abiertos
  8. Liderazgo es la capacidad de sumergir su ego para elegir lo mejor
  9. Liderazgo es estimular en otros la capacidad de soñar

10. Liderazgo es inspirar a los demás con una visión de lo que cada uno puede aportar

11. Liderazgo es el poder que ejerce uno para aprovechar el poder de muchos

12. Liderazgo es cuando su corazón habla al corazón de los demás

13. Liderazgo es la integración del corazón, mente y alma

14. Liderazgo es la capacidad de preocuparse por los demás, y al hacerlo, liberar las ideas, energía y capacidades de los demás

15. Liderazgo es hacer que un sueño se convierta en realidad

16. Liderazgo por encima de todo, es valentía

Fuente: http://mujermillonaria.net

24
October
2009

SI NO LLEVAS LA BOLA NO PUEDES DIRIGIR AL EQUIPO0

John C. Maxwell

UNA NUEVA VISITA AL ÁLAMO:

En la actualidad en la cultura estadounidense raramente se ve el tipo de responsabilidad mostrada por James Bomham y sus compañeros. Hoy en día, la gente está más preocupada de sus derechos que de sus responsabilidades. Al reflexionar en las actitudes actuales, mi amigo Haddon Robinson hace la siguiente observación, «Si quieres hacerte rico, invierte en victimización, hoy por hoy es la industria estadounidense de más rápido crecimiento». Dice que millones de personas se están enriqueciendo al identificar, representar, entrevistar, tratar, asegurar y aconsejar víctimas.

Los buenos líderes nunca adoptan la mentalidad de la víctima. Reconocen que quiénes son y dónde están sigue siendo su responsabilidad, no de sus padres, sus cónyuges, sus hijos, el gobierno, sus jefes, o sus compañeros de trabajo. Enfrentan lo que la vida les depara y dan lo mejor de sí, sabiendo que tendrán una oportunidad de guiar el equipo solo si han probado que pueden llevar el balón.

Echa una mirada a las siguientes características de personas que asumen su responsabilidad:

1. Terminan el trabajo que comienzan

En un estudio de personas que se hicieron millonarios, el Dr. Thomas Stanley de la Universidad de Georgia descubrió que todos tienen algo en común: trabajan duro.

A un millonario que le preguntaron por qué trabajaba de doce a quince horas diarias, respondió: «Pasé quince años trabajando para una gran organización, para darme cuenta que en nuestra sociedad se trabaja ocho horas diarias para sobrevivir, y si se trabaja solo ocho horas al día, no se hace más que sobrevivir, pero todo lo que se hace después de las ocho horas es una inversión para el futuro». Nadie puede hacer el mínimo y alcanzar el máximo potencial.

¿Cómo pueden las personas mantener una actitud de «termina lo que comenzaste»? Viéndose como trabajadores por cuenta propia. Si quieres lograr más y construir credibilidad con tus seguidores, adopta ese estado mental. Puede llevarte lejos.

2. Están dispuestos a ir la milla extra

Las personas responsables nunca dicen, «Ese no es mi trabajo». Están dispuestas a hacer lo que sea necesario para completar el trabajo que necesita la organización. Si quieres tener éxito, pone a la organización a la cabeza de tu agenda.

3. Son motivados por la excelencia

La excelencia es una gran motivadora. Las personas que desean la excelencia (y trabajan duro para lograrla) son casi siempre responsables. Y cuando lo dan todo, viven en paz. El experto en éxito Jim Rohn dice: «El estrés viene por hacer menos de lo que se puede». Haz de la alta calidad tu objetivo y la responsabilidad fluirá en forma natural.

4. Producen a pesar de la situación

La cualidad fundamental de una persona responsable es la capacidad de terminar lo que comenzó. En su libro An Open Road, Richard L. Evans escribe, «es de un valor incalculable encontrar a alguien que asuma su responsabilidad, termine y continúe hasta el último detalle lo que ha emprendido; es decir, saber cuando alguien que ha aceptado una tarea la terminará efectiva y conscientemente». Si quieres ser líder, tienes que producir.

Para mejorar tu responsabilidad, haz lo siguiente:

Mantente pendiente. A veces la inhabilidad de delegar a pesar de las circunstancias difíciles puede deberse a un problema de persistencia. La próxima vez que veas que no vas a poder cumplir a tiempo, detente y busca la forma de resolverlo. Piensa en todas las posibilidades. ¿Puedes trabajar durante la noche? ¿Puedes llamar a un colega para que te ayude? ¿Puedes contratar a alguien o encontrar un voluntario que te ayude? La creatividad puede traer responsabilidad a tu vida.

Admite lo que no es suficientemente bueno. Si tienes problemas en lograr la excelencia puede ser que hayas bajado tus metas. Busca en tu vida personal lugares donde hayas dejado que las cosas se hagan solas. Haz después cambios para establecer metas más altas. Esto te ayudará a restablecer tu propio nivel de excelencia.

Busca mejores herramientas. Si encuentras que tus normas son altas, tu actitud es buena y trabajas duro pero todavía no lo logras de la forma en que te gustaría, equípate mejor. Mejora tus habilidades tomando clases, leyendo libros y escuchando grabaciones. Busca un consejero. Haz lo que sea necesario para mejorar lo que hace.

Fuente: http://www.liderazgoymercadeo.com