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TENÍAMOS UN JUGUETE
Hernán Casciari Teníamos un juguete; era el más divertido del mundo. No lo habíamos inventado nosotros pero jugábamos mejor que sus inventores. Aceptamos algunas palabras de su idioma original: ful, corner, orsai, pero enseguida lo llenamos de palabras nuestras: sombrero, rabona, pared. Empezamos a jugar en la vereda, en los patios, en invierno y verano, hasta que un día algunos de nosotros, los que jugaban mejor, dejaron sus empleos y se dedicaron por completo. ¡Y qué bien jugaban! Era tan grande la belleza de sus movimientos que muchos dejamos de jugar y nos pusimos a mirarlos. Armamos clubes sociales, construimos tribunas de madera y de cemento, solamente para…
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LA REZADORA
Juan José Morosoli Rezadoras habría muchas, pero como doña Natividad Vega no había ninguna. Ella sabía llevar un rezo, punteándolo solamente. Sabía también levantar un rezo caído, cuando el montón de mujeres que hacen pena en el cuarto del doliente se entregan al sueño, y apagan despacio la voz, por fuerza del mismo rezo, que es un llama-sueño. Ella sabía destapar un llanto cuando a un pariente se le encarozaba el pecho y le dolía el corazón sin poderse desahogar, cosa peligrosa que puede traer muy mal resultado. Con un mate de cedrón y unas palabras ella arreglaba el asunto. Era una mujer que no tenía precio…
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ESTE CUENTO DE NAVIDAD
José Luis Ibáñez Salas Había que escribir un cuento de Navidad. Ese era el reto que él mismo había establecido, que él se había impuesto para sí. Un cuento de Navidad, como el de Dickens, que es el cuento de Navidad por excelencia y que él en realidad nunca había leído pero había visto escenificar en tebeos, películas, series de televisión y en libros ilustrados de los que no había leído las palabras impresas pero sí contempló, de pequeño, sus dibujos pintados. Se trataba de escribir un cuento de Navidad que tuviera dentro todo lo que hace que unos amemos y otros odiemos, que unos amen y…
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EL REGRESO
José Diez Canseco Sobre la espuma, fulgurante de la luna, la “Feliciana” entra a la rada de Huarmey corriendo bordadas con sólo el foque cubierto. Un viento húmedo y recio de Sur encrespa las olas y las hace crecer con sorda furia, reventando en el Peñón del Gato con un estruendo como de fiesta maligna. Ese mismo viento arreó las nubes hacia el Norte y dejó al cielo de claridad azul y pálida. La luna, en cuarto creciente, parecía los dedos de un dios mozalbete de los vientos que le hacía, con el índice y el meñique, el rufo gesto: – ¡Lagarto! Y dulces, pálidas,…
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INTERIOR <
> Julio Ramón Ribeyro El colchonero con su larga pértiga de membrillo sobre el hombro y el rostro recubierto de polvo y de pelusas atravesó el corredor de la casa de vecindad, limpiándose el sudor con el dorso de la mano. —¡Paulina, el té! —exclamó al entrar a su habitación dirigiéndose a una muchacha que, inclinada sobre un cajón, escribía en un cuaderno. Luego se desplomó en su catre. Se hallaba extenuado. Toda la mañana estuvo sacudiendo con la vara un cerro de lana sucia para rehacer los colchones de la familia Enríquez. A mediodía, en la chingana de la esquina, comió su cebiche y su plato de…