REFLEXIONES

ATENEA: LA DIOSA DE LAS ESTRATEGIAS

 

 

Avril Vizoso

 

Seré breve al hablarles de Atenea, la segunda de las diosas vírgenes. Breve y práctica como es ella. Sin esmerarme en palabras bonitas o ejemplos personales que añadan emotividad al relato… ¿Para qué?, diría ella. Atenea nació de Zeus. Sí, de su padre, quien se había comido a su madre embarazada. Y cuidado con hablar mal del atrevido Zeus, ¡eh! Allí está Atenea para defenderle. Ella es la defensora de los hombres, la hija de papá. La que siempre está entre hombres, sin peligro de enamorarse ni enamorarlos.

Si eres de las que frunces el ceño cuando te hablan de “círculos de mujeres” o “retiro de yoga y danza” allí está tu Atenea huyéndole a todo lo que suene a sentimentalismo. Lo suyo es la estrategia —por algo logró que Aquiles ganara a Héctor en batalla. Lo suyo es la mente, la planificación, la gerencia, lo pragmático, examinar, comprobar, arrojar resultados tangibles. ¿Espiritualidad? ¿Belleza? ¿Maternidad? ¿Erotismo? ¿Naturaleza? ¡Bah!, diría Atenea. ¿Qué tienen de útil? La encontramos siempre con un escudo o una lanza, siempre protegida y activa.

Prefiere una relación ecuánime a una erótica; un matrimonio eficaz, a uno romántico; algo que le funcione en vez de algo que le apasione. Suelo sentirme intimidada cuando estoy ante este tipo de mujeres, su mirada me hace sentir que soy aún una niña, y que ellas nunca lo han sido. Pero ¡cómo las admiro! Eso sí, recuerden: ella es diosa y nosotras humanas. Por más que queramos, no somos un solo arquetipo, todos pulsan en nuestro interior aunque alguno predomine.

Si nos creemos Ateneas, tarde o temprano descubriremos que tenemos un cuerpo y un corazón y es mejor estar preparadas para la vulnerabilidad. La vida sin Atenea sería una locura total, puras niñerías. Ella es el toque down to earth que muchas necesitamos. Sin ella ninguna mujer sería presidenta de nada, ni siquiera de su propia vida. Por eso la pongo en mi altar, es más, la pongo adelante para que me ayude a cultivar la escritora exitosa que quiero ser. Atenea descubrió que tejer —de lo cual resulta siempre algo útil porque si no no lo haría— calma su mente maquinadora. Mientras teje, descansa de la extenuante búsqueda del éxito.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

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