REFLEXIONES

DAR Y RECIBIR


Ricardo Ros

Uno de los castigos más empleados con los reos rebeldes, es el del aislamiento. Esto es así porque los seres humanos somos seres relacionales. La falta de comunicación con otras personas nos hace sufrir, somos seres nacidos para vivir en sociedad y en constante relación.

Aunque también es cierto que todos necesitamos nuestro espacio, tanto temporal como físico.

Aunque cada vez se van mejorando los medios de comunicación y relación, la soledad es uno de los males más marcados que tenemos en la sociedad actual.

Este mal que va en aumento, puede llegar a ser un mal insoportable para todo aquel que lo sufra en sus propias carnes de una forma muy marcada y repetida.

Se crea un juego en el que necesitamos relacionarnos y entrar en contacto con otras personas, pero al mismo tiempo, en lugares atestados de gente necesitamos mantener nuestro espacio vital libre de ocupaciones, necesitamos cierta distancia en la que sentirnos seguros y a salvo.

De este modo en espacios tales como cuando bajamos en un ascensor rodeados por otros tres vecinos, o cuando nos montamos en el autobús urbano o metro en plena hora punta, o simplemente cuando paseamos por la calle en la que nos chocamos con todo el mundo que va en dirección opuesta a la nuestra.

Es en estos espacios cerrados en los que se crean situaciones un tanto incómodas, sin conversación aparente y con un largo trayecto por delante, es donde entran en juego las facultades de cada uno.

Pero si hacemos dicho trayecto con un niño pequeño en brazos, un bonito ramo de flores en las manos, o llevamos a nuestro gatito entre los brazos, las defensas tienden a caer en picado, y las pequeñas conversaciones empiezan a fluir. Parece como si la gente rompiera esas murallas que los separa e hicieran un esfuerzo por salir de su aislamiento.

En la vida un simple detalle que a primera vista puede parecer insignificante, en el fondo cobra una importante relevancia. Esto son cosas tales como una sonrisa, un pequeño cumplido, un roce, etc. totalmente frío y distante. Pero no solo basta con esto, las relaciones también se nutren de actos, actos que demuestren cierta atención hacia la otra persona.

Hay que desarrollar la capacidad para dar, ya sea una sonrisa o una palmada en la espalda, no solo en casa con la familia o con los amigos, sino también con el niño al que se le escapa la pelota, la mujer que nos sostiene la puerta al entrar en el portal, o el hombre que nos cede su sitio en el bus porque vamos cargados con bolsas de compra.

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Fuente: http://www.ricardoros.com

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