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Gustavo Costa von Buchwald

 

Para los antiguos griegos, la forma humana venía moldeada de barro por los dioses. Ahora, en el siglo XXI, sabemos que nuestros cuerpos fueron moldeados por procesos naturales que Charles Darwin llamó selección natural de las especies. Fósiles de millones de años encontrados en África muestran nuestro parecido con esas especies que hoy ya están desaparecidas.

El récord de fósiles demuestra que antes de nuestros ancestros había simios no humanos caminado erectos, los australopithecus. Su tamaño y cerebro eran algo más grandes que los del chimpancé, trepaban árboles, su vientre y músculos eran de un simio. Si bien los australopithecus se extinguieron hace 2,6 millones de años, hay evidencia arqueológica de que tenían cuchillos incipientes por los cortes encontrados en huesos de animales, lo cual sugiere planificación y cooperación en la caza. En concreto, esa especie tenía rasgos de prehumanos y humanos.

Hubo especies intermedias a través de los millones de años de evolución, como el homo habilis, homo erectus, hasta llegar al homo sapiens.

La pregunta que siempre causa mucha curiosidad es: ¿cómo llegamos a nuestra fase actual de homo sapiens, hombre sabio? Una respuesta adecuada podría derivar en el control del fuego y en el advenimiento de la comida cocinada.

Eternos carnívoros

La respuesta sobre nuestros orígenes de cómo pasamos desde un homínido como el australopitehus hasta el homo sapiens se basa en una hipótesis muy popular entre los antropólogos, la cual señala que siempre fuimos carnívoros; es decir, en nuestra dieta la carne fue el alimento principal. Por ejemplo, nuestros primos los chimpancés son vegetarianos, salvo raras excepciones; mientras que nosotros, entre los primates somos los únicos carnívoros y carroñeros.

Para Richard Wrangham, académico de la Universidad de Harvard, primatólogo y antropólogo biológico, el control del fuego y el cocinar los alimentos fueron de la mano.

La limitada habilidad del homo erectus (1,8 millones de años) de subir a un árbol es la misma del hombre de hoy. Razón por la cual se considera que su comportamiento era el de dormir en la tierra. Para esto necesitaba el fuego, para ahuyentar a los depredadores y tener luz.

Según la antropóloga Loring Bruce, el fuego fue controlado hace doscientos mil años, con lo cual esta nueva destreza de producir calor y luz nos diferenciaba de otros animales. El fuego aparecía como el medio para adaptarnos a un medio natural cambiante y garantizar nuestra sobrevivencia.

Richard Wrangham considera que es imposible saber cuándo el homo sapiens comenzó a cocinar, porque la evidencia de hogueras y hornos ancestrales es muy secundaria. Por ello, él utiliza la evidencia biológica en los dientes y huesos por cambios de dietas. Cocinar ayudó a la evolución de nuestro cerebro por la reducción de nuestro sistema digestivo al no necesitar tanta capacidad de digestión para comida cruda; además de que se redujo nuestra mandíbula y sus dientes.

Una vez que se inventó el cocinar ya no había necesidad de perseguir a las manadas de animales, porque ya era posible acumular comida y la variedad creció. Las hembras recolectaban alimentos y los cocinaban, para esto necesitaban de machos que las protegieran por la comida. Hay una complementación entre el macho y la hembra.

Este comportamiento entre macho y hembra vuelve a nuestra especie más sexual y fue el camino hacia un contexto de domesticación humana, según el profesor Wrangham.

Mejor digestión

Según Richard Wrangham, en su libro Cómo el fuego nos hizo humanos, el uso del fuego y el cocinar bien pudo haber sido el factor decisivo para llevar al hombre, primariamente animal, a ser más plenamente humano. En este proceso, el comer carne fue un factor decisivo tanto físico como de comportamiento.

En la actualidad existe una polémica sobre el comer carne, especialmente la roja. Esta proteína ha sido la llave evolutiva del hombre a través de los milenios. Jean Anthelme Brillat-Savarin lo mira de la siguiente manera: “Un hombre no vive de lo que come, dice un viejo proverbio, sino de lo que digiere”. Y el fuego nos ayudó a digerir mejor.

 

Fuente: http://www.larevista.ec

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