REFLEXIONES

¿POR QUÉ MEDITAMOS?

 

 

Paulo Coelho

 

Gimnasia de la mente 

Lawrence LeShan participaba en un congreso científico cuando reparó que un gran número de personas consideradas “racionales” practicaban meditación diaria. Intrigado, procuró saber la causa de aquella conducta, tan conflictiva con la práctica de la ciencia. A partir de ahí, LeShan comenzó a investigar los beneficios y las dudas del ejercicio diario de concentración, y el resultado fue un interesante libro titulado Cómo meditar.

Conclusiones del autor

La meditación no es una invención de un hombre, de una religión o de una escuela filosófica, sino la búsqueda del ser humano para encontrarse consigo mismo. En muchos lugares y en épocas distintas, investigadores de la condición humana han llegado a la conclusión de que utilizamos muy poco de nuestro potencial de vivir, expresarnos y participar.

Meditamos con el fin de encontrar, recuperar o retornar a una sabiduría y una felicidad que inconscientemente sabemos que poseemos, aun cuando los conflictos y desafíos de la existencia las hayan empujado hacia un rincón oscuro de nuestra cabeza. En la medida en que pasamos a concedernos un poco de tiempo de concentración diaria, descubrimos un nivel superior de conciencia, que nos coloca en armonía con el universo, con la familia y con nuestras actividades, incrementando nuestra capacidad de amar, entusiasmarnos o actuar de manera mucho más efectiva.

Comparando la meditación con la gimnasia, LeShan comenta: “Alguien venido de otra civilización podría considerar loco a un ser humano al que viera subir y bajar repetidamente una barra sujeta a varios kilos de plomo, o pedalear en una bicicleta que no se mueve de sitio, o caminar sobre una estera que circula bajo los pies; no obstante, la finalidad de estos ejercicios no es el plomo, la bicicleta o la estera, sino los efectos que estas actividades provocarán en el organismo de la persona que las ejecuta.

De la misma manera, sentarse inmóvil en un rincón, contar las respiraciones o concentrarse en algunos símbolos extraños, no es el objetivo de la meditación, sino solamente el proceso “físico” que despertará un nuevo estado de conciencia.

Yendo más allá en la comparación con la gimnasia, LeShan afirma que el gran número de fracasos en las escuelas de meditación se debe al hecho de que los profesores, de cierta manera, intentan imponer un modelo único a sus alumnos. Si respetasen el ejemplo de los profesores de gimnasia, que saben que a cada uno corresponde una serie diferente de ejercicios físicos, tendrían muchas más posibilidades de alcanzar sus objetivos.

Un ser humano normal tiende a repetir la misma conducta, y a esa repetición la llamamos “rutina”. Así, él pasa a funcionar como una máquina, perdiendo poco a poco sus emociones y sentimientos; aun cuando sufra mucho porque su vida es siempre igual, esta repetición diaria de sus actividades le da la sensación (irreal) de que tiene absoluto control de su universo. Cuando la rutina es amenazada por un factor externo, el hombre entra en pánico, porque no sabe si será capaz de enfrentar las nuevas condiciones.

O sea: vivimos queriendo que todo cambie y al mismo tiempo luchamos para que todo continúe como está.

Aun cuando las técnicas de meditación hayan sido desarrolladas o promovidas por individuos que se autodenominan “místicos”, ellas no están necesariamente vinculadas a la búsqueda de la espiritualidad, sino al encuentro de la paz interior.

Captando la realidad

Analizaba los comentarios de LeShan comparando la meditación con la gimnasia, explicando que aunque parezca absurdo levantar pesos, en verdad el objetivo no está en el peso en sí, sino en el bienestar que sentimos después. En el caso de la meditación, el objetivo tampoco está en quedarse inmóvil, atento a la forma de respirar, sino en adquirir una nueva percepción de la realidad.

¿Será realmente importante esta nueva percepción?

LeShan concuerda en que es un problema realmente complejo. Por un lado podemos operar de forma muy eficiente en este mundo, tal como lo conocemos; por otro, sabemos que un considerable número de personas dignas de confianza, como Gandhi, Teresa de Ávila o Buda, procuraba percibir esa realidad de manera distinta, y eso fue lo que los impulsó a dar pasos gigantescos, a cambiar el destino de la humanidad.

Así como en la gimnasia un buen profesor siempre tiene ejercicios diferentes para cada tipo de alumno, tampoco existe una técnica única para meditar, y cualquier persona que se interese por el tema debe descubrir su propia manera de hacerlo. Sin embargo, existen algunos pasos elementales presentes en casi todas las religiones y culturas que usan la meditación como forma de encontrar la paz interior y que describiré a continuación (siempre tomando como base el interesantísimo libro de LeShan, El arte de meditar):

Lo primero es tener conciencia de la propia respiración. Contar el número de veces que inspiramos y expiramos cada dos minutos nos ayuda a concentrar nuestra atención en algo que hacemos automáticamente y de esta manera nos aleja de lo cotidiano. A primera vista esto parece muy simple, pero no podemos dejarnos engañar por esta simplicidad: quien decida practicar este ejercicio se dará cuenta de que requiere un esfuerzo considerable y una gran dosis de paciencia. No obstante, a medida que hacemos eso (y podemos practicar esa respiración consciente en cualquier lugar, sea antes de dormir, sea en un transporte público yendo hacia el trabajo) vamos entrando en contacto con una parte desconocida de nosotros mismos, y nos sentimos mejor.

Elegir el lugar: la próxima etapa será tratar de dedicar diez o quince minutos diarios a sentarnos en un lugar tranquilo y repetir esta respiración consciente, procurando mantenernos inmóviles (a ejemplo de los monjes zen, como ya relatamos aquí). Los pensamientos surgirán aun contra nuestra voluntad y en ese momento es bueno recordar la frase de santa Teresa de Ávila referida a nuestra mente: “Un caballo salvaje va a cualquier lugar excepto a donde deseamos llevarlo”.

Silenciar sin violencia: Finalmente, con el paso del tiempo –es bueno saber que esto requiere un mínimo de dos o tres meses de ejercicio– la mente ya se vacía de manera natural, trayendo una gran serenidad a nuestro vivir cotidiano. Por mayores que parezcan nuestros problemas, por más agotadora que sea nuestra vida, estos quince minutos diarios introducirán una gran diferencia y nos ayudarán a superar –generalmente de manera inconsciente– las dificultades que enfrentamos.

 

Fuente: http://www.larevista.ec/

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