REFLEXIONES

LAS MARAVILLAS DE CADA CAMBIO

 

 

Verónica Herrera

 

“Aquella mañana en Dorotea sentí que no había nada que no pudiera esperarse de la vida”   Tales palabras reflejan el pensamiento del “mayor viajero de todos los tiempos”, Marco Polo, ante su gran capacidad de observación y asombro por cada detalle en cada ciudad que visitó a lo largo de muchos años del siglo XIII durante sus misiones diplomáticas por el mundo.

 

De eso trata la vida. De esperar; de abrazar los eventos generados muchas veces por causas y entornos desconocidos, arrancando de cada uno aquello que alimenta nuestra esencia y nuestras metas; examinando pormenores en forma intencional; conectándonos con el momento presente y con un mínimo de expectativas, abandonando incertidumbres y entregándonos a aquello que no controlamos con disposición para flexibilizar nuestra visión… y maravillarnos.

 

No se trata de rendirse, doblegarse o desinteresarse ante acontecimientos que parecen desvirtuar planes. Se trata más bien de modificar el foco, substituyendo ansiedad e incertidumbre por confianza y validación de nuestras fortalezas.

 

El cambio se refiere a la variación de hechos y condiciones en diferentes momentos. Es muchas veces sorpresivo; otras veces, buscado. Pero de cualquier forma, es cíclico. Se repite una y otra vez como variable constante e inevitable en la transformación humana y social.

 

Depende de cada quien aprovechar procesos de mudanza para revisar logros y fracasos del pasado, consolidar y reencaminar recursos del presente; descubrir las posibilidades que ofrece el futuro.

 

El cambio puede gerenciarse constructivamente a través del ejercicio de seis habilidades, base del optimismo y la auto-estima, fundamentales para el disfrute de lo cotidiano, sean cuales sean las circunstancias:

 

Deseo de realización y superación. Decisión de querer aprovechar el cambio, dejando a un lado resistencias; renunciando al desespero o desencanto.

Atención al momento presente. Estar vigilante, identificando cambios y posibles cursos de acción.

Desapego al hábito de analizar y categorizar. Ajuste de expectativas y neutralización de prejuicios.

Apertura hacia lo desconocido. Confianza ante lo inesperado. Apoyo en valores y fuerzas personales.

Gratitud hacia lo que se tiene y se vive. Sensibilidad humana y compasión.

Persistencia y determinación para mantener activo el ciclo de transformación.

Es un asunto de actitud; una decisión. Ante el cambio, decidimos hacer una pausa y desligarnos de la melancolía. Decidimos ajustar niveles de racionalidad y exigencia, adaptar expectativas; dar un espacio a la espontaneidad propia y del entorno, encontrando el sentido de nuevas aventuras; abiertos a lo inesperado o no deseado, con confianza y fe.

 

Tal como diría Marco Polo al llegar a alguno de aquellos lugares sorprendentes: “…la ciudad aparece como un todo en el que ningún deseo se desperdicia… no queda más que aferrarse a cada uno y deleitarse”.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

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