REFLEXIONES

UNOS AUDÍFONOS Y OTROS GIROS DE LA VIDA

 

 

Eli Bravo

 

Hace veintidós años tuve unos audífonos anaranjados. Eran de plástico, desvencijados y con un diseño pasado de moda. Solía apodarlos “los coquitos”. Me los entregó Miguel Sogbi, gran amigo y productor del programa matutino con el que a comienzos de los noventa despertábamos a Caracas entre risas, música y concursos. No recuerdo de dónde sacó Miguel esos audífonos, solo sé que desde el momento en que me los ajusté en las orejas les tomé especial cariño. Gracias a esos audífonos que reproducían un sonido distorsionado pude escuchar las voces de los miles de oyentes que llamaron a la estación. Aquel programa se llamó “Cualquier Cosa” y se convirtió en todo un fenómeno mediático. Allí nació la radio participativa.

 

El programa duró apenas dos años y medio. En los meses finales, María Alecia Izturriaga, oficial de comunicaciones de Unicef para la época, organizó una subasta de “objetos donados por celebridades”. El objetivo era recaudar fondos para niños sin hogar. María Alecia me invitó y yo subasté los coquitos. Pensé que nadie se interesaría en esos viejos audífonos, pero alguien pagó por ellos. Fue María Teresa Febreiro, una fiel oyente del programa quien trabajaba con mucho éxito en el área de finanzas. La compra me pareció un tierno gesto de su parte, pues si bien el valor real de aquellos coquitos era ínfimo, el propósito de la transacción encerraba un gran valor.

 

Giros, todo da vueltas como una gran pelota, dice Fito Páez.

 

Saltemos unos años. Digamos quince. Para ese entonces María Alecia ya no trabajaba en Unicef. Al igual que yo emigró a Miami y además de convertirse en una gran amiga se anota como productora de mi programa de radio. Así, durante años, parimos tres horas diarias de la mejor radio posible hasta que decido darle un giro a mi trabajo y me lanzo con Inspirulina. ¿Y quién fue cómplice en la aventura? María Alecia, por supuesto.

 

Gracias a su apoyo y el de muchísimas otras personas Inspirulina alzó vuelo. Hasta que el año pasado, como una progresión natural en mi trabajo como comunicador, me animé a ser conferencista. Con María Alecia y Coco Mata, su socia y mi compañera de promoción en la UCAB, organizamos la primera conferencia en Miami. Una noche nos acordamos de la historia de los audífonos.

 

Días más tarde me escribió María Teresa, quien ya no trabaja en finanzas y ahora vive en Panamá, donde es una excelente coach certificada y publica en Inspirulina. Me comenta que le gustaría organizar una de mis conferencias en Panamá. “No tengo experiencia en esto” me confiesa, pero le sobraban las ganas, las mismas que la impulsaron a dejar una carrera insatisfactoria para dedicarse a lo que realmente le inspira: ayudar a las personas.

 

Siguen los giros. Hace apenas unos días María Teresa me presentó ante el público panameño. En la sala había gente de todas partes, incluyendo a Jesús Sierraalta, un caraqueño quien tras vivir en varios países, el día anterior había llegado a Panamá con intenciones de inmigrar. Aparte del interés en la charla, lo motivó a asistir una peculiar sincronía: en su equipaje llevaba un viejo papel arrugado, la entrada a la fiesta del primer aniversario de Cualquier Cosa. Aquello había sido en 1993, el año de los audífonos.

 

Al escuchar su historia no pude sino sonreír. Allí estaba María Teresa, feliz y trabajando en su propósito de vida. Por otro lado, y en pocos días, sabía que estaría con María Alecia celebrando sus cincuenta años. Y para rematar, Jesús, quien trabaja en la organización de eventos, me invitó a explorar la posibilidad de organizar algo juntos en Perú.

 

¿Y los audífonos? Están guardados en alguna de las cajas que María Teresa dejó en el camino. Pero la verdad, ya no importa el paradero. Lo maravilloso ha sido la misión cumplida.

 

Fuente: http://www.inspirulina.com/

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