REFLEXIONES

NUESTROS MIEDOS

 

 

Margarita Soto

 

No suele ser tarea fácil el identificar nuestros miedos, los ataques de pánicos o nuestras fobias. Poner nombre a las dificultades que nos acechan es un paso previo imprescindible para saber qué es exactamente lo que nos pasa y tomar de nuevo el dominio de nuestras emociones. La ansiedad, el estrés, la angustia, el pánico, la fobia, la psicosis. Son expresiones que utilizamos casi habitualmente en nuestras conversaciones pero que, aunque en ocasiones pueden tener similitudes entre ellas, es conveniente distinguir.

El estrés se caracteriza por expresar una incapacidad de adaptación ante una situación dada. Mediante el estrés el individuo trata de adaptarse a las distintas situaciones que se le van presentando.

Las manifestaciones externas del estrés pueden ser tanto positivas como negativas, ya que esta puede ser expresado a través de una emoción positiva como la alegría o el placer o negativa como el miedo o la cólera.

El individuo se propone unas expectativas pero tiene miedo de no estar a la altura de los acontecimientos. Se producen entonces una serie de alteraciones físicas: sudoración, nerviosismo, taquicardias, dolor de estómago, etc…

En la práctica no existe nada que lo distinga de una reacción de angustia, aunque no sean dos conceptos sinónimos, porque aunque las manifestaciones externas puedan ser similares, el estrés puede al fin liberarse en una sensación positiva, mientras que en la angustia permanece una siempre negativa

La depresión se caracteriza por un componente emocional característico que lo distinguen de los dos anteriores: la tristeza.

Una persona deprimida ve todo desde un prisma pesimista, sufre una pérdida de ilusión que se traslada incluso al plano motriz con una disminución de la actividad.

Los trastornos de ansiedad suelen ir marcados por una intensa inestabilidad emocional y un cierto componente de angustia, los nervios están a flor de piel, cuesta conciliar el sueño y los trastornos físicos son palpables.

A las personas que atraviesan una depresión les cuesta trabajo levantarse por las mañanas, encarar una nuevo día, se sienten profundamente tristes y desanimadas, cualquier obstáculo les parece insuperable y piensan que se encuentran metidos en un profundo túnel del que no ven la salida.

Muy unido a estos trastornos depresivos está la ansiedad. Suele ser complicado en ocasiones marcar una separación entre un episodio de ansiedad intenso y uno depresivo. Es más, frecuentemente los conflictos de ansiedad suele desembocar con relativa frecuencia en trastornos depresivos.

La ansiedad se caracteriza por un estado de extrema tensión emocional. La ansiedad puede percibirse como una inseguridad en el trato con los demás, como insomnio, nerviosismo y agitación constantes, falta de concentración, manifestarse en trastorno digestivos, dolores de cabeza, etc… La sintomatología puede ser muy variada.

Los trastornos de ansiedad pueden ser muy variados también si nos centramos en el objeto que las origina: las fobias simples asociadas a animales u objetos, las fobias sociales (el miedo a los demás), los trastornos de pánico (el miedo a tener miedo), la agorafobia, etc…

Puede haber tantas fobias como situaciones concretas, objetos u animales. Unos tienen miedo de subirse a un ascensor, a otros les da miedo montarse en avión, a otros les dan miedo las arañas, a otros los perros y a otros los insectos, a otros les dan miedo las multitudes y a otros el quedarse solos.

El enfrentamiento al objeto de la fobia puede desencadenar una angustia intensa e incluso un ataque de pánico.

Si la fobia es simple, es decir desencadenada por algo concreto (un animal, un objeto o una situación) sólo se desencadena cuando la persona entra en contacto con ello y nunca en ninguna otra situación.

Saber identificar nuestros miedos, qué es lo que nos pasa, es un primer paso importante para encontrar una solución a nuestros problemas. Ante la confusión que nos produce el manejo de la mayoría de estos conceptos, que además suelen estar íntimamente relacionados, es conveniente la consulta con un buen especialista que ante los síntomas que nosotros le presentemos sabrá darnos un mejor diagnóstico de lo que realmente nos sucede.

 

Fuente: http://www.pnlnet.com/

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